Buscando soluciones a la inseguridad en el país

30 de enero del 2011

La semana pasada comentaba que aún con los índices de violencia e inseguridad en la que vivimos, no vemos que los políticos estén preocupados por modificar el discurso, por mejorar el ambiente de cordialidad, sino que por el contrario estos líderes siempre están buscando confrontar, cuestionar y dividir.

Nuestros políticos deberían reflexionar sobre las palabras del ex presidente americano John F. Kennedy  “Si no podemos poner fin a nuestras diferencias, contribuyamos a que el mundo sea un lugar apto para ellas”. Debemos aprender a construir un país donde podamos convivir, crecer, sumar, respetando nuestras diferencias.

También recordaba las palabras del estadista y científico americano Benjamín Franklin, que alguna vez dijo: “O caminamos todos juntos hacia la paz, o nunca la encontraremos”. Motivada por estas palabras, he buscado promover iniciativas que han resultado exitosas en otras partes del mundo, en el ánimo de aportar ideas útiles para restablecer la paz en nuestros países.

Una de estas iniciativas es CeaseFire el cual es un programa que empezó en Chicago en el año 2000, el cual trabaja con organizaciones de la comunidad con el objeto de parar las balaceras y los homicidios. El esquema de prevención de violencia desarrollado por CeaseFire ha sido implementado en muchos vecindarios de Chicago y otras ciudades de Illinois, así como en otras ciudades de Estados Unidos y del extranjero, donde han formado asociaciones con otras organizaciones.

El problema que ellos tenían allá es que había más de 400 víctimas de homicidio en Chicago cada año, tres de cada cuatro de estos homicidios eran el resultado de un disparo. La mayoría de las víctimas eran menores de 30 años.

El impacto que ha tenido CeaseFire en esas comunidades es muy importante, solamente en su primer año de implementación se lograron reducir aproximadamente un 42% los asesinatos en las zonas de CeaseFire, en los años subsecuentes se ha mantenido una disminución significativa de las balaceras, y se ha mejorado el nivel de convivencia en dichas comunidades.

De acuerdo a los directivos de dicha organización, las razones del éxito de CeaseFire son emplear trabajadores sociales y comunitarios capacitados específicamente para ayudar a los que están envueltos en  balaceras o tienen un alto riesgo de ser víctimas de este tipo de violencia, así como llevar a cabo una visible y extensa campaña de educación comunitaria para reforzar el mensaje de que los disparos no son aceptables en sus comunidades.

Estos trabajadores sociales llevan a cabo su función en los barrios, conjuntamente con organizaciones comunitarias, con líderes religiosos, con proveedores de servicios y con el departamento de policía.

CeaseFire trabaja en las calles mediante lo que llaman interruptores de la violencia, o voluntarios del barrio quienes conocen las calles y utilizan sus contactos para activamente resolver conflictos y prevenir balaceras, así como con trabajadores comunitarios, que además de intervenir en conflictos para parar las balaceras, se convierten en mentores para ayudar a muchachos en situación de riesgo con asuntos como la familia, amigos, educación y empleo.

Además de trabajar en las calles y en las casas de los muchachos en situación de riesgo, los trabajadores y voluntarios de CeaseFire ayudan a víctimas de la violencia, en particular victimas de balaceras, para prevenir venganzas y otros riesgos, ayudando a crear un plan de respuesta positiva ante una situación negativa.

Considero que este tipo de programas podrían ser de utilidad en muchas de nuestras comunidades, adaptándolos a nuestra realidad pero sobre todo si cuentan con el apoyo de los ciudadanos comprometidos con mejorar su entorno.

He tomado algunas líneas de un famoso discurso de los años sesenta de John F. Kennedy, para su reflexión:

“La violencia no es asunto de un tipo de ciudadanos en particular. Todas estas víctimas antes que nada eran seres humanos a quienes alguien amaba y necesitaba. No existe una persona, no importa en dónde viva o a qué se dedique, que se diga ajena a los actos violentos sin sentido. No obstante estos actos se siguen uno tras otro.

Increíblemente hemos tolerado un creciente nivel de violencia que ignora nuestros valores humanos, así como lo que llamamos civilización. Glorificamos los asesinatos en las películas y en la televisión, lo llamamos diversión. Facilitamos el que cualquier tipo de persona pueda adquirir todas las armas y municiones que desee. Los que acusan de que se incita a la violencia no se dan cuenta de que con su conducta la promueven.

Existe otro tipo de violencia, tal vez menos perceptible, más lenta pero igual de mortal, tan destructiva como la caída de una bomba. Me refiero a la violencia que ejercen las instituciones; es decir la indiferencia, la inacción y el lento decaimiento de estas. Me refiero al hecho de fallarles a las personas que confían en nosotros, negándoles el derecho de sentirse orgullosos de lo que son frente a sus conciudadanos.

No obstante todo lo anterior, sabemos qué es lo que debemos de hacer, lograr una justicia verdadera entre todos los ciudadanos. La pregunta hoy es qué programas debemos todos implementar. Debemos preguntarnos si podemos encontrar ese justo medio, y el liderazgo necesario para reconocer las terribles verdades de nuestra existencia.”

Definitivamente liderazgo es lo que necesitamos, pero no el liderazgo de algún iluminado, sino el que cada uno de nosotros y todos juntos nos demos a la tarea de influir en nuestra realidad, el liderazgo de cada uno de nosotros para que no esperemos que alguien nos resuelva todos nuestros problemas.

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