¡Caos capital!

20 de junio del 2012

Muchos nos aterramos y cuestionamos los fenómenos de la seguridad en Colombia. Hace unos años el paradigma era claro, ahora coge más fuerza lo que fue política para llegar al poder y lo que hoy es historia. Si Santos siendo exministro de Defensa le quedó grande la seguridad nacional y la defensa de los derechos […]

Muchos nos aterramos y cuestionamos los fenómenos de la seguridad en Colombia. Hace unos años el paradigma era claro, ahora coge más fuerza lo que fue política para llegar al poder y lo que hoy es historia.

Si Santos siendo exministro de Defensa le quedó grande la seguridad nacional y la defensa de los derechos civiles de 46 millones de colombianos, no debería sorprender que al alcalde Petro le haya tomado desprevenido estar en el Ejecutivo, abordar asuntos políticos, de gobernabilidad propia del juego del poder, sino también enfrentar paradigmas del servicio público y su cobertura, concretando su actuar como administrador en un bien valioso e imperante en toda sociedad: la seguridad.

¿Hasta dónde tiene que llegar una sociedad, para enfrentar la pérdida del valor del respeto a la vida? ¿Sería exagerado mencionar que estamos en un estado de inconsciencia colectiva? ¿Tenemos que esperar a que nos toque a nosotros o a nuestro círculo más íntimo?

En el último mes Bogotá ha sido blanco de múltiples actos violentos que hacen plantearnos cientos de interrogantes, por mencionar los actos repudiables de dominio público que atentan contra la seguridad y vida de los ciudadanos. Como el carrobomba desactivado el 15 de mayo en Bogotá, artefacto con alta capacidad de daño, ¿cuántas víctimas civiles hubiesen caído si la policía nacional no hubiese desactivado a tiempo esa arma letal?

Ese mismo día fatídico 15 de mayo, una bomba lapa en el vehículo del exministro Fernando Londoño cobró la vida de dos colombianos, y dejó con daños irreparables a un conductor de transporte público, ¿cuál hubiese sido el destino de cualquiera de nosotros si justo a esa hora y ese día estuviésemos transitando en el lugar de los hechos? Por fortuna no fue así, pero para desgracia de las víctimas y sus familias ese día las circunstancias de la vida los puso allí. Vuelvo a preguntar, ¿tenemos que esperar a que nos toque a nosotros o a nuestro círculo más íntimo?

La seguridad como valor de una sociedad no se limita a la presencia de un policía por cada habitante, trasciende más a una esfera cultural, esa que va de la mano con la solidaridad por los conciudadanos y el respeto por la vida, valor que claramente en nuestro país va quedando a un lado. Y donde hoy, en una ciudad como Bogotá, lejana a los hostigamientos subversivos y tomas de carreteras, el consciente colectivo teme por su vida y bienes.

El más reciente hecho que estremece a los bogotanos es el absurdo asesinato del joven abogado Juan Guillermo Gómez a manos de varios menores de edad en el exclusivo sector de Rosales. Todo por un celular. La vida, valor supremo de la condición de la existencia humana, ¿es dejada a un lado por un celular?

El alcalde Gustavo Petro, quien ha estado y conoce bien la zozobra por sentirla y ser generadora de ella por crearla, tiene y debe diseñar una gran estrategia para combatir la delincuencia en Bogotá. Ya no es solo la macrodelincuencia organizada la que nos siembra el terror, hoy los mal llamados delincuentes “comunes” también aterrorizan a una ciudadanía que clama a gritos valores. Valores no solo de la seguridad ciudadana, sino también valores como administración de justicia, valores cívicos como la solidaridad, entender que lo que le hagan al otro es como si lo padeciera cualquiera de nosotros  ayudaría —y mucho—  a evitar casos como el del joven Colmenares, Rosa Elvira Cely, bombas lapa, y muertes absurdas e indignantes como la de Juan Guillermo Gómez en un sector exclusivo donde reina la presencia del ejército, pues el hecho fue a escasas dos cuadras de la residencia privada del presidente Juan Manuel Santos.

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