Cardenal, ¡por Dios santo!

5 de diciembre del 2010

Estoy cansado de la doble moral. ¡Que digo! Estoy cansado de la amoralidad de la gente.

He dicho las acciones de gobierno de Uribe que aplaudí, por lo que no las repetiré. También he dicho algunas cosas que me molestaron.

Hace tiempos las noticias cuentan acciones ilegales de personas con importantes cargos en ese gobierno.

Primero, la parapolítica. Uribe ganó con votos financiados por el narcotráfico; hay un primo suyo y más de cincuenta parlamentarios uribistas procesados o en la cárcel. Pero ningún moralista dijo nada.

Después, y esta lista de despueses será incompleta y desordenanda porque sería interminable y me enloquecería ordenándolas, algunos funcionarios que escogió. Como alfil, un tinieblo personaje: José Obdulio Gaviria, primo hermano de Pablo Escobar; hermano de Carlos Alberto, testaferro de Gustavo Gaviria; y hermano de Luis Mario y Jorge Fernando, implicados en narcotráfico. Puede salir un hombre bueno de una familia tan peculiar; pero acéptenme que no es lo normal; “Dime con quien andas…”. Pero ningún moralista dijo nada.

Después, varios ministros: Fabio Valencia, cuyo hermano, el Director de Fiscalías Guillermo León, con nexos con “Don Mario”. Pero ningún moralista dijo nada.

Después otro, Andrés Felipe Arias, comandante del Agro Ingreso Seguro. Pero ningún moralista dijo nada.

Después otro, Sabas Pretelt, procesado. Y ningún moralista dijo nada. Y Uribe lo invita a asilarse, pero ningún moralista dijo nada.

Después, adjudicación de Notarías y miles de dádivas más a cambio de apoyo parlamentario. Pero ningún moralista dijo nada.

Después, sus hijos involucrados en oscuras adjudicaciones. Pero ningún moralista dijo nada.

Después, altos mandos del Ejército implicados en los Falsos positivos. Pero ningún moralista dijo nada.

Después, oscurísimos manejos en la DNE. Pero ningún moralista dijo nada.

Después, las chuzadas del DAS. Pero ningún moralista dijo nada. Después, la exdirectora investigada sale de asilo hacia Panamá. Pero ningún moralista dijo nada. Y en lugar de condenar el hecho, Uribe lo apoya diciendo la estupidez más grande que haya dicho expresidente alguno: que la Justicia de Colombia no da garantías. Pero ningún moralista dijo nada.

Después, nos damos cuenta de que el país se encuentra en quizás la más profunda corrupción de su historia. Pero ningún moralista dijo nada.

Ni dirán. Porque los moralistas de los que hablo no son moralistas sino amorales.

Estoy cansado de escuchar amorales criticando todavía al presidente al que le cayó el país por el primer pecado que cito del gobierno de Uribe. Parece que todas estas atrocidades fueron hechas “a espaldas” de Uribe.

Y, entonces, hizo historia una frase del Cardenal Pedro Rubiano que decía que es imposible que se meta un elefante a la casa y que uno no lo note.

Cardenal Rubiano: ¿Usted dónde diablos ha estado, que desde su Palacio Episcopal no ha notado el mastodonte que lleva años merodeando por el centro de la capital? ¡Pronúnciese!, como aquella vez. Que yo como católico eso es lo que estoy esperando. Demuéstreme que no es amoral.

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