Carlos Alonso y Vivianne, la familia perfecta

19 de septiembre del 2016

Un país regido por Lucio y Morales sería el de la persecución por motivos de fe.

opinion

Escuchar a Carlos Alonso Lucio pontificar sobre la familia perfecta produce una mezcla de fastidio y pánico. Recordemos que el genial Jaime Garzón le había cambiado su apellido por “sucio” en lugar de Lucio y eso que le faltó conocer esta etapa de pastor evangélico y fanático religioso.

Carlos Alonso, esposo y consejero de la espiritual Vivian Morales, parece ser el autor intelectual de la propuesta de referendo con el que pretenden prohibir que personas solas o pareja homosexuales adopten niños o niñas que se encuentran en  manos del ICBF.

En esta cruzada están este par de padres ejemplares que nos quieren hacer creer que hay una familia “perfecta”, la constituida por papá y mamá, legalmente casados, ojalá por algún rito religioso como el de la Casa en la Roca, comunidad de la que Lucio y Morales hacen parte.

Además de pretender dictarnos normas religiosas pasadas bajo el prisma seudo democrático de una votación, aseguran que no podemos cuestionar su integridad, ni la forma como ellos dos han llevado su vida de pareja, porque eso sería como una intromisión en sus asuntos privados. Como si los que pretenden darnos clases de ética y moral no tuvieran que responder por su propia conducta.

Decía que las declaraciones de Lucio en los medios de comunicación dan primero que todo asco porque provienen de un ser que ha pasado por todos los estados morales e inmorales, que ha roto con la integridad y la ética, que se ha casado, descasado, rejuntado, vuelto a casar, que ha estado en la cárcel por corrupción, que ha asesorado a asesinos, que ha sido de todo menos ejemplo de coherencia. ¡No me digan que esos temas no son relevantes para juzgar su propuesta! Claro que lo son y mucho, especialmente para entender si está tratando de hacer de este referéndum un trampolín o una treta para lograr escalar alguna nueva posición o beneficio, en su ya larga carrera de oportunismos.

Por otro lado Vivianne, una mujer inteligente, buena abogada, pero cegada de amor y fanatismo es incapaz de mirar su propia realidad de pareja o de familia disfuncional o imperfecta, como podría ser calificada a la luz de su propia propuesta. No me importa cómo ha sido su vida personal, sus amores y traiciones, pero sí útil saber que tiene un grandísimo rabo de paja cuando se trata de juzgar a otras familias o a otras personas.

Y también las obsesiones de Carlos Alonso producen miedo, porque si caemos en manos de fanáticos como él, que le suman a su torpeza religiosa sus ansias de poder podrían montar una secta que se apodere del estado para beneficio de sus propias creencias.

Un país regido por Lucio y Morales sería el de la persecución por motivos de fe, sería una cruzada contra los diferentes, contra todo lo que para ellos amenace la estabilidad de lo que consideran bueno y justo ante los ojos de su propio y personal dios.

La Bblia, un libro tan incoherente como el propio Carlos Alonso está plagado de ejemplos de familia disfunsionales. Desde Adan  hasta la Virgen María. En el viejo y nuevo testamentos hay bígamos, comunidades donde las mujeres se compran y venden, hombres con amantes, hombres que lapidan mujeres, etc, etc. Y en todas las religiones hay también todo tipo de relaciones familiares, como por ejemplo las de ese rey de Inglaterra, Enrique VIII, que para poderse casar estando ya casado tuvo que crear su propia secta religiosa, el Anglicanismo.

Mejor dicho, lo que hay bien poco son familias “perfectas o ideales”, como quieren los promotores de la prohibición de considerar familia parejas gays o personas solas. Encontrar un hombre y una mujer que convivan armónicamente, sean casados por una única vez y estén listos para adoptar es una tarea más bien difícil. Porque lo que brota de esta o cualquier sociedad libre y democrática, es la multiplicidad de opciones para conformar una unión de afectos y respeto que es lo que significa ser familia.

Pero si Vivianne y Carlos Alonso persisten en su estupidez, si el Congreso les aprueba su referéndum y la Corte lo avala, habrá que salir a dar la batalla, esta vez por el NO, pero este No será en defensa de un futuro mejor porque, en este caso el sí, significará el regreso a las cavernas del oscurantismo religioso. Dios nos libre de lo que buscan este par de “angelitos”.

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