Motivos de optimismo

22 de mayo del 2013

Con Álvaro Uribe el país iba por buen camino. / Columna de Carlos Salas Silva.

En estos momentos, cuando se comienza a resquebrajar el tinglado montado con el pomposo título de Socialismo del Siglo XXI -que no ha sido sino la toma del poder por nefastos dirigentes con aires dictatoriales, en quienes la corrupción y el desprecio a los valores democráticos impera-, recuerdo que hace seis años estando en París, se me pasó por la mente que para los franceses debía ser motivo de vergüenza saberse gobernados ya no por Pompidou, Giscard o Mitterrand sino por un fantoche como Sarkozi. De igual manera compadecía a los italianos dirigidos por un Berlusconi y a los españoles por un Zapatero. En cambio muchos colombianos sentíamos respeto y orgullo por nuestro presidente como no lo habíamos sentido en muchas décadas.

Con Álvaro Uribe el país iba por buen camino y por eso cinco millones de compatriotas firmamos por una segunda reelección para que fuese él quien administrase los años de prosperidad democrática, resultado de las políticas de seguridad democrática, cohesión social  y confianza inversionista. Para desgracia del país no supimos defender esas firmas como no lo hicimos con el referendo de 2002 y tampoco lo estamos haciendo ahora con la revocatoria de Petro.

Excluida la posibilidad de una reelección vimos como se instaló la mentira y el engaño en la figura de un presidente por el que no sentimos ningún respeto. Las consecuencias del mal gobierno han sido supremamente graves. Un presidente que ha derrochado los activos de la prosperidad democrática pagando favores a los políticos, comprando a los medios, legitimando a un gran costo a los terroristas de las FARC, etc., etc., ha llevado al país hacia el abismo.

Dice Savater que el optimista es un realista mal informado. Se podría inferir que lo es también un idealista bien informado. Sino ¿de qué otra forma existirían optimistas en nuestro país cuando tenemos que enfrentar una crisis que no deja de agravarse?

Para enfrentarla tal vez sea de ayuda leer y releer esta reflexión atribuida a Einstein que circula por Internet:

“No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. La verdadera crisis, es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla”.

Muchos colombianos estamos asumiendo esa lucha al imaginar nuevas formas de gobernabilidad. Un ejemplo de esto lo encontramos en el grupo de personajes que se han reunido en torno a Álvaro Uribe, entre los que se escogerá al candidato que aspirará a la presidencia en el periodo de 2014 a 2018 en representación del Centro Democrático (CD). Ellos han comenzado a construir un verdadero principio de buen gobierno a partir de la hipótesis de que se puede llegar al poder y recobrar el rumbo, el que perdimos al ser traicionados y llevados por una ruta que no escogimos en las anteriores elecciones.

En torno a ellos centenares de jóvenes, de líderes comunitarios y de académicos se reúnen, discuten, dan sus opiniones y proponen sus planteamientos. Se organizan foros y talleres comunitarios en gran parte de la geografía nacional para atender las necesidades y escuchar las propuestas de las distintas comunidades. Expertos en todas las áreas, periodistas y analistas comparten sus conocimientos y sus ideas en las redes sociales, en portales y revistas digitales y en los pocos medios que han sabido conservar su independencia.

Se están planteando principios que no podrán ser violados por quien va a representar  esta línea de pensamiento –un ejemplo de esto es el decálogo para la paz-. Lo más seguro es que si sale elegido como presidente de Colombia, contará con el respaldo de un congreso de gran altura y que el gabinete, junto a los altos cargos administrativos, no se asignarán como pago de favores a políticos y a empresarios.

Todo esto y mucho más se debe a que Álvaro Uribe, lejos del poder, de las adulaciones y de las intrigas que confundían su labor, ha tenido el privilegio de contar con unos años sabáticos que ha sabido aprovechar, como lo hacen los buenos maestros, para la reflexión, el crecimiento y el cambio. Y gracias a que los colombianos hemos comenzado a asumir nuestra responsabilidad política individual.

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