Carta a Ernesto, Cesar y Fernando

5 de marzo del 2011

Estimados ex presidentes de México, Ernesto Zedillo; ex presidente de Colombia, César Gaviria, y ex presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso:

Quiero hacerles una pregunta. ¿A qué le están apostando ustedes tres con asumir el liderazgo del movimiento que busca legalizar la droga? Me hago esta pregunta ya que no entiendo por qué están dispuestos a usar su reputación, capacidad de convocatoria y experiencia como mandatarios para amarrar su imagen histórica al debate de que si se deben o no legalizar las drogas ilegales.

En diferentes momentos de mi carrera profesional, he tenido la oportunidad de conversar con ustedes (ya sea como periodista o como funcionaria pública) y considerando el momento y contexto en que ejercieron su mandato presidencial, se les recordará como extraordinarios líderes. Uno prologó de uno de mis libros, con lo cual estoy eternamente agradecida.

Además, llevo varios años escribiendo y analizando el tema de liderazgo, y quiero decirles que hay muchos mandatarios que deberían de aprender de lo que han hecho, no sólo por sus experiencias como presidentes, sino también por el papel que han ejercido como ex mandatarios. Parecería que el mismo ex presidente Vicente Fox quiere unirse a su club, ya que cuando puede, él también insiste en la legalización, pero no lo invitan a los foros internacionales y no tiene la misma presencia global que tienen ustedes.

Ernesto, César y Fernando, son referencia internacional en temas de economía, relaciones internacionales y seguridad. Yo soy una de sus fans.

Por eso no entiendo por qué se unen en este grupo de los “tres amigos” para promover la legalización de la droga. ¿Verdaderamente creen que esto resolvería el problema de extrema violencia e inseguridad en nuestros países? ¿Están convencidos de que la legalización resolverá o mitigará el impacto que tienen los grupos de crimen organizado, guerrilla y paramilitares en las democracias latinoamericanas? No estoy diciendo que no se deba de debatir el tema de la legalización. Es importante discutir todas las opciones para resolver la violencia en el país. Los argumentos a favor y en contra son relativamente sencillos. Los que están a favor asumen que la legalización reduciría el “negocio” lo suficiente para que no puedan comprar armas, pagar nómina y corromper funcionarios y policías. Los que están en contra de la legalización afirman que esto se traduciría en más consumo y por ende más adicciones. Donde transita la droga eventualmente habrá consumo y donde hay consumo es de esperar que haya más violencia y criminalidad.

Frente a la desesperación de la sociedad ante la violencia y la inseguridad, y la percepción de que la estrategia global no está dando resultados, la forma en que se están presentando los argumentos es que la legalización resolverá el problema. Pero hay que ser claros: la legalización es sólo uno de los factores que podría ayudar a controlar los grupos criminales dedicados a este negocio.

¿Cómo responden ustedes a los argumentos que señalan que si los criminales, guerrilleros y paramilitares no tienen drogas que vender, tienen muchas otras formas de abastecer sus arcas? Legalizar las drogas sólo los empujaría a dedicarse más a las extorsiones, secuestros, tráfico de personas y robo de autos. Sabemos, de hecho, que el crimen organizado saca buen provecho de vender productos “lícitos” como el cigarro y el alcohol, pero a precios reducidos, porque no pagan impuestos o son productos adulterados. A los criminales no les faltan oportunidades de “negocios”. La solución es detener, debilitar y, si es posible, controlar para que no sea fácil delinquir y que se castigue a los criminales, particularmente a los que impactan la calidad de vida de los ciudadanos de bien.

Yo les pregunto, ¿por qué no usar su imagen como ex presidentes en promover una solución integral para mitigar el poder de estos grupos del crimen organizado que incluye exigir el control del tráfico de armas proveniente en su mayoría de Estados Unidos, que los países puedan desarrollar un sistema de justicia penal funcional, transparente y justo, que pueda perseguir a estos criminales y, sobre todo, que se castigue a los funcionarios y políticos corruptos que permitan y facilitan que estas organizaciones puedan subsistir? Y sí, como ustedes señalan, hay que tratar el problema de las adicciones como un problema de salud, no como un problema penal. La solución a la violencia y la inseguridad es mucho más compleja que la simple legalización. Una solución integral debería ser su apuesta.

www.anamariasalazar.com
Twitter: @amsalazar

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