Reflexione Gustavo Petro y súmese a una “silenciatón”

27 de noviembre del 2019

Una carta abierta y escrita por María Elena Bonilla Páez.

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Le escribo con la familiaridad que me da el haber compartido un mismo espacio educativo para nuestros hijos. Tal vez usted no me recuerda pero yo sí. Usted y yo escogimos un colegio privado cuyos pilares fundamentales son la libertad, la fraternidad y la igualdad. Cada uno de nosotros, a su manera, ha inculcado a sus hijos el respeto por esos principios. Nuestros hijos han tenido la oportunidad de crecer en un ambiente en el cual se fomenta la crítica y la controversia, pero siempre en un ambiente de respeto.

Es por ello que con horror leo sus mensajes en las redes sociales. No los comparto y, no puedo compartirlos porque todos ellos incitan a la violación de esos principios democráticos sobre los cuales se cimenta no sólo el estado francés sino nuestra, hoy adolorida Colombia. Es precisamente usted, el ejemplo viviente de que Colombia sí es un país de oportunidades. Usted después de haber sido un combatiente activo del M19, ha ocupado posiciones visibles bien como Alcalde o bien como Senador. Es por ello que es irresponsable, su beligerancia. No es tomándose las calles como podemos construir un mejor país. Es precisamente con la generación de trabajo digno como podemos cerrar la brecha de las desigualdades.

Sí Gustavo, así como lo oye. Tal vez ni usted ni quienes están en este momento marchando, han dimensionado las consecuencias de este gran Paro Nacional. Todos y cada uno de los colombianos estamos siendo afectados. Las víctimas de los saqueos, quienes recorren horas a pie, los ciclistas a quienes les han desvalijado sus bicicletas, los protestantes pacíficos que han sido víctimas del exceso de la fuerza del Estado, los policías y soldados agredidos por la población, los jornaleros – si no trabajan, no comen – los estudiantes que están perdiendo horas de preparación para los exámenes de culminación de la secundaria, los trabajadores que no tienen con quién dejar a sus hijos porque las guarderías han cerrado. Quienes ejercemos profesiones liberales, porque nos cancelan las reuniones y mientras tanto se acerca la quincena y la prima y, a pesar de todo, tenemos que honrar nuestros compromisos.

Es por ello Gustavo que lo invito a una “silenciatón” de las redes sociales. No más mensajes, no más provocaciones, ni de su lado, ni de los uribistas, ni de los fajarditas, ni de los galanistas. En ese momento, no se trata de quién tiene la razón. Hoy nadie, ni usted, ni yo, ni el Presidente Duque, ni el expresidente Uribe, ni Juan Pis González, tenemos la razón. Porque los motivos y razones de la marcha original del 21N fueron tan diversos, que hoy 7 días después, ya no recordamos por qué marchamos el 21N. Y cada uno lo hizo a su manera, sin haber dimensionado que esto se saldría de madre.

Por qué más bien Gustavo, usted y yo, que creemos en la fraternidad en la que educamos a nuestros hijos, no paramos pero de una forma diferente. Lo invito a que mire a sus vecinos. No de barrio sino a aquellos que por el azar están ahí, a su lado. Los celadores, los tenderos, las empleadas del servicio doméstico, los vendedores ambulantes, los trabajadores de a pie, todos ellos han tenido que hacer largas jornadas para poder estar ahí, a su lado y al mío. Si lo que usted quiere es que tengamos un país en el que existan menos desigualdades, por qué no aprovechamos estos días eternos, para generar espacios de reflexión y de empatía.

Usted Gustavo, ha recogido caminantes en su recorrido hasta el Congreso para con ello ahorrarles horas de desgaste? Le ha preguntado a algún celador o escolta si ha podido conseguir comida porque los turnos los están alargando hasta 24 horas, en jornadas claramente inhumanas.

Es por ello Gustavo, que lo invito a usted y a quien se haya mantenido en la lectura de esta carta, a que hagamos un verdadero paro. Un paro en las redes sociales. Invito al silencio. A la reflexión. Invito a mirar al otro, no con su propia mirada, sino con la del otro. Invito a no controvertir. Invito a que mientras que silenciamos las redes, no silenciemos nuestros trabajos. Cuidemos lo público, porque como bien lo ha dicho Mockus, lo público es sagrado. No vandalicemos. En cambio, ofrezcamos los cupos libres de nuestros carros para evitar así fatigas innecesarias por la falta de transporte público. Modifiquemos los horarios de trabajo para evitar las horas de mayores congestiones. Seamos creativos, no para tener a mano el argumento afilado sino para construir un país en el que todos quepamos.

Me despedido con el cariño que me da el haber estado en la misma aula de clase, como padres de familia que somos, con intereses comunes, así hayamos pensado que estábamos en orillas opuestas.

María Elena Bonilla Páez

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