Carta al futuro Presidente de Colombia

21 de marzo del 2018

Opinión de Carlos Salas Silva.

Carlos Salas Silva Duque

Muy apreciado Dr. Iván Duque

Como van las cosas y siguiendo la lógica electoral Ud. va a ser el próximo presidente de Colombia para el bien de sus compatriotas, de la región y del mundo.

Luego de dejar atrás a sus más duros contendores ahora el adversario que tendrá que enfrentar es el fraude cuya sombra cubrió el país y sus consulados en las recientes elecciones de Congreso. Perspectiva aterradora después de lo ocurrido hace cuatro años cuando en segunda vuelta y de la manera más burda le robaron la presidencia a Óscar Iván Zuluaga para desgracia nuestra.

Ya veremos cómo enfrentará y vencerá a semejante monstruo de mil cabezas, por lo pronto quiero hablarle de cosas positivas.

En Redes de Eduard Punset me encontré con un escritor que lo retrata a Ud. de una manera muy particular, me refiero al apasionado defensor del optimismo Mark Stevenson. Cada vez que lo escucho hablar sobre el optimista ambicioso me viene a la mente su imagen.

Para Stevenson el optimista por excelencia es una persona brillante y capaz en busca de un mundo mejor. Su exceso de optimismo lo llena de ilusión para luchar por el futuro y tiene la virtud de contagiar a quienes lo rodean con su optimismo.

En cada discurso, entrevista o debate hemos podido constatar que Ud. es un optimista ambicioso, como llama Stevenson a quienes creen, con total convicción, en que el mundo puede cambiar para bien y tienen al optimismo como un imperativo moral, una obligación que motiva a la acción.

Durante los dos periodos de Santos hemos sido testigos de la entronización del cinismo en la política como no se había visto en el pasado. Para Stevenson el cinismo es la epidemia de nuestro tiempo, cosa que sabemos sobradamente los colombianos. El cinismo es seductor, hace que las cosas se vuelvan fáciles y que los valores queden tirados a un lado para que reine el “me importa un carajo”. Hay que hacer grandes esfuerzos para no caer en él y su gran contraparte es el optimismo ambicioso, un optimismo pragmático que no es el de los castillos en el aire sino el de los hechos y los resultados. Nos dice Stevenson:

“A pesar de que vivimos una crisis económica y de valores, si no estamos preparados para imaginar un mundo mejor estaremos condenados a vivir en un mundo todavía peor.”

Ud., que de cínico no tiene nada, nos invita a imaginar una Colombia mejor para que no nos condenemos a una Colombia mucho peor de cómo está ahora. Ud. nos ha devuelto la esperanza, sin ella no podríamos continuar la lucha.

Cuando escucho a Stevenson hablar de su viaje optimista por el futuro y se pregunta cómo consiguen algunas personas hacer cosas buenas en un mundo en constante cambio; o cuando nos cuenta de su Liga del optimismo y de las ocho máximas con las que se identifica al optimista, me llena de sano optimismo pensar que en pocos meses tendremos de presidente a un optimista ambicioso que le dará otra cara a nuestra Patria querida.

Con toda mi esperanza y gratitud,

Carlos Salas

P.S.: Estas son las 8 máximas

  1. Estar preparados para soñar con el futuro.
  2. Quienes consiguen hacer cosas buenas y significativas están comprometidas con un proyecto que va más allá de ellos mismos.
  3. Hay que abrirse a la evidencia y basarse en los hechos objetivos. Como el ingeniero que realiza la construcción de una estructura partiendo de una realidad objetiva, todo lo contrario de un político que parte de una ideología de izquierdas o de derechas, negándose la mayor parte del tiempo a ver la realidad tal como es.
  4. Las ideas debemos compartirlas en lugar de protegerlas. Cuando las ideas se comparten se confiere poder a las personas en lugar de ejercerlo sobre ellas.
  5. No pasa nada si nos equivocamos. Lo realmente grave e irresponsable es no intentarlo. Para los optimistas pragmáticos el error forma parte del camino.
  6. Somos lo que hacemos, y no lo que tenemos intención de hacer.
  7. Evita el pensamiento cínico. El cinismo refleja una falta de ambición por mejorar las cosas y demuestra una creencia imperante de que no se puede o no vale la pena cambiar nada.
  8. Cuando te embarques en un proyecto importante plantéatelo como un torneo muy largo. Es fundamental saber prolongar la recompensa en el tiempo teniendo presente que es posible perder nueve batallas de cada diez. Si eres persistente acabarás saboreando las mieles del éxito.

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