Casi todos ganaron

15 de marzo del 2018

Opinión de Jaime Arias.

Casi todos ganaron

Los resultados electorales del domingo pasado son complejos, por lo cual los analistas de la política y los expertos en elecciones no han terminado su tarea. Antes de los comicios había mucha incertidumbre por la cantidad de aspirantes, y mucha especulación por lo que estaba en juego. Ahora, conocidos los resultados, la especulación se traslada al análisis de lo que podrá ser el resultado de la primera vuelta presidencial.

La primera conclusión que se me viene a la mente es que en las elecciones parlamentarias pasadas todo el mundo ganó, pero el pastel electoral quedó más repartido. Hace medio siglo, las gentes esperaban varios días para conocer quien había triunfado, si los conservadores o los liberales, y con el resultado en la mano era fácil prever lo que sucedería a continuación; hoy los analistas pueden aproximarse mejor a la interpretación y al pronóstico porque cuentan con mejores herramientas, y los datos llegan con la velocidad del rayo; sin embargo, las cosas dejan de ser blanco o negro y se abren muchas posibilidades.

La segunda conclusión es que no estamos tan polarizados como algunos opinan; si bien es cierto que existe una distancia considerable entre lo que piensan Uribe y Vargas Lleras y lo que sostiene Petro, la polarización no es muy distinta a la que hemos visto en Estados Unidos y Europa en los comicios más recientes. Además, la votación por nombres y listas no ubicables en los extremos fue fragmentada, pero alta, si se suman los varios partidos de centro. De hecho, sorprendió la tranquilidad en la que trascurrieron las votaciones, fuera del asunto menor de la falta de algunos tarjetones y los incidentes aislados en las giras proselitistas, que nunca llegaron a ser de gravedad.

Haciendo un recorrido por los diferentes competidores, se observa “al rompe” que casi todos pueden considerarse triunfadores, por lo menos parcialmente. En términos absolutos, el principal ganador fue Iván Duque, por sus cuatro millones de sufragios y los más de seis millones de la consulta de la derecha. Duque es una figura nueva, sin más de cinco años en la actividad partidista y de Congreso, en ese sentido parecido a Macron, Trudeau y Obama, lo cual puede interpretarse como un aire fresco en la política colombiana; los demás candidatos son veteranos —lo cual en sí no es malo—.

Uribe, a pesar de que perdió un senador, al pasar de 20 a 19 curules, obtuvo la votación individual más alta (850.000), y su lista superó los dos millones y medio siendo la más votada. Esto es notable puesto que se atrevió a tener listas abiertas, ciertamente empujadas por su nombre, pero donde cada candidato debería pujar por pasar la marca. Además, optó por una consulta metiendo en el mismo costal a tres figuras importantes y, de paso, garantizando una fórmula fuerte con Duque y Marta Lucía. No puede dudarse que el expresidente fue uno de los grandes triunfadores.

En el listado de triunfadores sigue Vargas Lleras, pues su partido Cambio Radical se dobló, pasando de 9 a 16 curules en Senado y 30 en Cámara, para completar una bancada sólida de 46 congresistas. En votos, ascendió de 950.000 a más de dos millones, lo que lo pone a competir de cerca con los dos punteros. Vargas tiene varias cartas en su mano que sabrá jugar en las próximas semanas: la posibilidad de encontrar un buen candidato a la vicepresidencia, mantener la fuerza electoral de su partido, lograr apoyos desde los conservadores y desde la U, y ¿por qué no?, ganar opinión como hombre fuerte, experimentado y con un buen programa de gobierno.

Continuando con lo que aquí denominamos la derecha, a los conservadores les fue muy bien, a pesar de ser un partido desdibujado y dividido, pero con una maquinaria bien aceitada y una serie de caciques regionales experimentados. Mantuvo la votación de hace cuatro años y se ubicó como el tercer partido —esto si ahora no le restan los votos obtenidos por la congresista Merlano y le decretan una silla vacía—. El partido Conservador sigue siendo una bisagra, o mejor un comodín que aprendió a jugar a “placé”, es decir, a ser un segundo útil, que ahora buscaría ganar a la fija con Duque o con Vargas Lleras, o con los dos.

A los liberales nos les fue mal —a pesar de estar divididos y tener que cargar con el peso de la bandera de los acuerdos con las FARC, derrotada hace unos meses por los partidarios del No—, ya que alcanzaron la suma no despreciable de 14 senadores y la bancada más amplia de la Cámara con 35 representantes. Así, constituyen un partido que puede jugar fuerte en el futuro próximo, así su excelente candidato, De la Calle, no esté figurando entre los favoritos.

Algunos analistas presagiaban un resultado muy pobre al partido de la Unidad, liderado por Roy Barreras y Armando Benedetti. Logró, sin embargo, 14 curules en el Senado y 25 en la Cámara pese a nadar en aguas fangosas, sin candidato propio a la primera magistratura, cargando con la baja opinión del presidente Santos y jugando, como los conservadores, a la mermelada pura. No es fácil encasillar a la U como un partido de derecha, por lo cual lo mejor es dejarlo en el centro, es decir, en la inopia programática.

Ahora sí, pasemos a lo que pudiera ser centro, a la Alianza Verde, también fuerte ganadora el pasado domingo, por el arrastre de Mockus, quien aportó más de medio millón de votos, y por el impulso de Fajardo, Claudia López y otros. El partido dio un salto enorme al pasar de 5 a 10 senadores, y 9 representantes, así no exista una afinidad ideológica entre sus miembros. Con este resultado, los verdes se van configurando con un partido de verdad, y les queda espacio para jugar en las próximas semanas.

Movamos el análisis hacia la llamada izquierda. Petro ganó en varios sentidos: hace seis meses ocupaba un lugar secundario en las encuestas, pero fue creciendo hasta superar su propia votación a la Alcaldía de Bogotá y obtener la más alta de la izquierda, con más de 2.800.000 tarjetones a su favor —Carlos Gaviria había llegado a 2.613.157 votos para la presidencia hace unos años—; además, eligió cuatro senadores y tres representantes de la lista de la “decencia”. El Polo logró cinco curules en Senado y 2 en la Cámara, y Jorge Robledo superó su propio record electoral, con cerca de 250.000 sufragios. Juntos, los varios partidos de izquierda alcanzan un total de 30 congresistas, la cifra más alta para esa tendencia ideológica en nuestra historia parlamentaria. Si a estos grupos se les suman otros votos y congresistas que pudieran ser considerados cercanos a la izquierda, esta franja también salió bien librada.

Finalmente, los que más ganaron fueron los miembros de las FARC, con 10 curules y apenas 80.000 votos de respaldo. Lo importante es que ahora van a experimentar lo que es la verdadera política a la colombiana, y de pronto, aprenderán las dificultades que entrañan los procesos democráticos —o el azaroso juego parlamentario—.

No es fácil concluir si con los resultados del domingo, en los que casi nadie perdió, vamos transitando hacia un sistema multipartidista, o simplemente estamos en medio de una transición hacia otros escenarios. También es cierto que, por primera vez, vemos surgir una izquierda fuerte con alta representación y con posibilidades, lo lamentable es que se muestra como una franja complicada, con un alto contendido populista y sin un cuerpo de posibles buenos administradores públicos. Cuando todos ganan nadie gana, dice un viejo proverbio popular.

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