Nuestra fortaleza

Nuestra fortaleza

22 de febrero del 2017

A quienes se estén regodeando creyendo ver en aprietos al Centro Democrático por las señales de división que aparentemente muestra este joven partido político, me permito decirles que, por el contrario, es muestra de su salud y fortaleza el que en su interior se hagan los cuestionamientos necesarios y que estos se aclaren a tiempo y de cara al público.

Recientemente hemos visto, por un lado, al líder indiscutible de este partido, Álvaro Uribe, exponer que no se va a revocar el acuerdo entre Santos y los narcoterroristas de las FARC sino que, triunfando en 2018, se procederá a reformarlo para blindar al país de la amenaza del castrochavismo; y por el otro a Fernando Londoño en La Hora de la Verdad diciendo que ese acuerdo no existe porque fue rechazado por los colombianos en plebiscito convocado por Santos y que por lo tanto quienes plantean su existencia y validez están muy equivocados.

En los trece minutos de su editorial dedicado a este asunto, Londoño no menciona a Uribe pero queda claro que está incluido cuando habla de los autonombrados voceros del NO que fueron a Palacio a discutir un acuerdo inexistente y que ahora pretenden de nuevo reformar.

Este enfrentamiento de ideas se hace públicamente: Uribe a través de Twitter tiene un contacto directo con su colectividad y Londoño con su programa radial que es seguido por buena parte del Centro Democrático. De esta forma los aspectos de la discusión pueden ser analizados y discutidos por todos, como lo ha sido en este inquietante round que es una prueba más del talante democrático de los contendores y del partido mismo.

Los del Centro Democrático hacemos parte de quienes tienen sincero interés por encontrar salidas al laberinto en que nos ha metido Santos. Contamos con una sola arma, la de las ideas, para enfrentar un terrorífico Minotauro armado hasta los dientes y con todos los poderes a su servicio. De aquellos que son vistos desde la tribuna por los que se deleitan ante el espectáculo de tan desigual combate y se complacen ante cualquier indicio de división entre los opositores al régimen como el que se está dando entre dos pesos pesados del Centro Democrático enfrentados en un punto crucial cuyo desenlace repercutirá en el desarrollo de la campaña presidencial, con la que tenemos la certeza de que vamos a recuperar el poder y así vencer al  Minotauro para lograr salir del laberinto.

De la manera como se desenvuelva esta discusión vamos a poder sacar en claro ciertas reglas de juego para asumir otras diferencias que están sobre el tapete o pendientes por salir a la luz. Es muy diciente que mientras ocurren estos enfrentamientos los representantes del Centro Democrático den la batalla a diario en el Congreso y sus precandidatos continúen trabajando arduamente en construir propuestas para sacar al país de la quiebra económica y moral en la que ha caído por culpa de un gobierno no solamente inepto sino malvado en su esencia.

Presenciamos con regocijo como la oposición ecuatoriana ha impedido el robo de la primera vuelta presidencial lo que nos sirve de ejemplo y nos hace recordar que manteniendo la unión en los principios, a pesar de las diferencias, es donde radica nuestra fortaleza, la que nos mantiene en pie ante el panorama desolador de un país invadido por las peores plagas, las del narcoterrorismo y la corrupción,

De esta saldremos victoriosos y no vamos a permitir que el náufrago Socialismo del Siglo XXI encuentre en Colombia su tabla de salvación.

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