César González Muñoz

21 de julio del 2016

ació en Santander, en Jesús María, un bello pueblito de la provincia de Vélez.

Tuve el honor y el orgullo de conocer, de tratar y de querer a Cesar González Muñoz. Primero lo conocí de oídas, como se dice en Santander, por su destacada trayectoria en el campo económico, por su labor en la Decanatura de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional, de donde era egresado, por su notable actuación en la gerencia de la Financiera Eléctrica Nacional — -FEN- — , por la labor que cumplía en la Presidencia de la Asociación Bancaria. Se había especializado en Inglaterra y gozaba de enorme aprecio en distintos círculos sociales y profesionales.

Luego lo conocí personalmente cuando me desempeñaba como Ministro del Interior del Presidente Samper y él trabajaba en la Bancaria. Muchas veces nos encontramos en distintos eventos académicos y sociales y me gustaba escucharle sus planteamientos económicos y sus comentarios políticos. Era un demócrata progresista bastante alejado de la ortodoxia económica, excelente analista de las realidades nacionales. Nació en Santander, en Jesús María, un bello pueblito de la provincia de Vélez, y en alguna ocasión en la que conversábamos sobre los “chicharrones” que me tocaba atender a diario me dijo, “ojalá no le vayan a hacer huelga los ascensoristas de mi pueblo”. Amaba y recordaba mucho a su patria chica.

Un buen día, cuando me decidí a aspirar a la Presidencia de la República, le propuse que me acompañara en ese propósito. Me contestó galante que lo iba a pensar y un par de semanas después me invitó a una tarde dominguera en su casa, para hablar. Dialogamos muchas horas, de política, del gobierno y la oposición, de la guerra y de la paz, del propósito presidencial, de esta vida y de la otra. Al final de la larga e interesante charla me dijo que le jalaba al proyecto. Sentí una gran alegría.

Cesar y otros especiales amigos como Mauricio Cabrera, Antonio Hernández, el recordado Luis Bernardo Flórez y Chucho Villamizar, se propusieron enseñarme economía. Fueron largas y extenuantes jornadas pedagógicas, de análisis, a veces de intensas discusiones, sobre esta ciencia a la que me acercaba con temores. Me quitaron el miedo y aprendí mucho más allá de lo básico. Recuerdo la cara que pusieron mis colegas aspirantes a la presidencia cuando en un foro económico aparecí explicando y elogiando las tesis de Joseph Stiglitz, por entonces economista jefe del Banco Mundial y un desconocido aún para muchos expertos.

Diferentes anécdotas y experiencias podría contar sobre Cesar, pero el propósito de estas notas solo es el de manifestar mi dolor y el de mi familia por su sensible muerte. Se fue el gran César, como le decíamos algunos amigos, bastante temprano, cuando era mucho lo que podía seguir ofreciendo en inteligencia a su país y en afecto a su familia y a sus allegados. Muchos sentimos que su fallecimiento fue un acto de traición de la parca, tan incontrolable e insensata. Abrazos y solidaridad para Anett, sus hijos y familia, y para los paisanos y amigos del gran ausente.

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