El nombre de la Rosa

19 de enero del 2015

“Por lo tanto quien se burle de ellos debe morir. Parecido a lo de Paris, ¿verdad?”

Y sigue la polémica sobre la legitimidad de la burla. Hasta el Papa terció en esta discusión justificando que se responda con un puñetazo cuando alguien nos nombra mamá. Pero claro Francisco puede estar equivocado, la misma Iglesia dice que Su Santidad es infalible sólo cuando habla sobre temas de Fe y la violencia no tiene nada que ver con las creencias sino con las costumbres.

Este debate me recordó una de las mejores novelas que he leído, “El Nombre de la Rosa” del filósofo el italiano Umberto Eco. Nos cuenta Eco la historia de una abadía del Medioevo en la cual los monjes tenían por único oficio preservar y reproducir libros sagrados. Lo hacía con primor  enclaustrados en una magnífica biblioteca.

Hasta la abadía llegó un monje de otra comunidad con el encargo de investigar varias muertes misteriosas y descubrió que el asesino era uno de los sacerdotes que trataba de impedir que otros leyeran un texto de gran peligro para la fe, el libro de “la Risa” de Aristóteles.

Resulta que para este monje reírse era una afronta a Dios. Era un invento del mismo demonio porque de la risa se podría derivar la burla y la deslegitimación de las creencias. Según el asesino reírse era una muestra de blasfemia. Y no tuvo otra manera de impedir la risa que ingeniarse un método para que quien leyera el libro se muriera en el acto; envenenó los pliego de pergamino de cada hoja del libro de manera que al mojarse los dedos para pasar las páginas los lectores fueran chupando veneno.

La genialidad de Eco, que por demás es un gran burletero, es develar la tendencia de fanáticos como el monje Gui, a fundarmentar los principios religiosos en el impedimento a cuestionarlos, son “dogmas” y por lo tanto quien se burle de ellos debe morir. Parecido a lo de Paris, ¿verdad?

La risa es la más humana de las expresiones, difícilmente los animales pueden expresar burla; cuando más felicidad batiendo la cola, pero la sonrisa burletera sólo puede ser producto de un pensamiento elaborado que esté en capacidad de entender la ironía. Para burlarse se requiere inteligencia y no cualquier forma de pensamiento, sino algo más superior que lo que pueda producir una mente rellena de fanatismo.

Para muchas personas ahora lo que deben hacer en Europa y en el mundo entero es respetar a ultranza, es decir sin burla, los principio que quieren imponer a sangre y fuego en el Estado Islámico, donde apedrean a las mujeres adúlteras, tiran desde las alturas a los homosexuales y matan con metralleta a los caricaturistas.

Yo creo que lo que hay que hacer es todo lo contrario, reírnos de sus creencias. Burlarnos de su fanatismo, hacer caricaturas que muestren su estupidez. Nunca callarnos porque corremos el riesgo de los monjes de la Abadía, que algún guardián de la Fe resuelva también matar a quien se atreva siquiera a asomarse a los principios de la risa.

Terminaríamos en un mundo sombrío, donde lo único que nos quedará será flagelarnos por sentir cualquier placer, como hacían también los monjes es esa oscura abadía.

Es el regreso del Medioevo, esa época triste de la humanidad estuvo llena de hogueras. ¡Dios nos libre de semejante atrocidad!

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