Claridad para Bogotá

19 de junio del 2011

El nombramiento de la doctora Clara López  Obregón como alcaldesa de Bogotá para sustituir el alcalde titular suspendido por la Procuraduría General de la Nación, a raíz de un proceso disciplinario suscitado por investigaciones a su gestión administrativa relacionadas con la realización de obras civiles, retorna la institucionalidad distrital a términos de estabilidad y esperanza por los objetivos trazados en el Plan de Desarrollo y el Programa de las fuerzas políticas elegidas por el voto mayoritario de los capitalinos para liderar la más importante entidad territorial del Estado colombiano.

Una mujer, como máximo líder de la ciudad, recupera la confianza popular por la transparencia y rectitud del prolongado ciclo político de la alcaldesa escogida, portadora de amplia experiencia, conocimientos y principios que son garantía de una ética responsable en la administración de los bienes colectivos.

Por ahora, el encargo se insinúa estrecho en su temporalidad y entorpecido por algunas prácticas oscuras de otros poderes institucionales y fácticos, como los mediáticos, que al impulso de torvas intenciones, no admiten gobernanzas alternativas volcadas al interés colectivo y comunitario y sus demandas por derechos esenciales, intrínsecos a la biopolítica de las masas y la expansión de la democracia distributiva de la civilización global.

Pero la potencia política del proyecto transformador que anima la plataforma de la nueva ejecutiva distrital bien puede sobreponerse a los obstáculos señalados y generar otras dinámicas y velocidades para seguir adelante en la concreción de la ambiciosa Agenda Popular Alternativa.

La movilidad, la educación, la salud, la seguridad alimentaria, el empleo, la primacía del derecho, la recuperación del río Bogotá, la protección del medio natural, la cultura, el ordenamiento territorial, la defensa de la ETB y la conurbación regional son elementos centrales que comprometen la acción de la alcaldesa y su equipo para ofrecer resultados ciertos de progreso y bienestar a los casi 10 millones de bogotanas y bogotanos que habitan la Sabana.

Como bien lo sabe Clara López, construir el Metro es compromiso prioritario para dar una solución satisfactoria a los problemas de movilidad. Transmilenio ha significado un importante logro en este  ámbito y la próxima inauguración de la Fase III, representa un enorme alivio para las dificultades cotidianas de los ciudadanos en materia de transporte. Sin embargo, los problemas que presenta el sistema del solo bus con su acelerado desgaste, su lentitud, hacinamiento e inseguridad inducen la prioridad del Metro. Bogotá es  la única ciudad del mundo, de aquellas con sus dimensiones, que no dispone de este modelo de transporte. Los estudios, el diseño y las previsiones presupuestales para su construcción están muy avanzados y los pasos siguientes deben acelerarse, por encima del saboteo de sus enemigos ubicados en la administración nacional. La alcaldesa debe involucrar a toda la ciudadanía en el desarrollo de las acciones complementarias para convocar la licitación de adjudicación de esta importante obra que debe quedar lista en los próximos 60 meses, solucionando de esta manera el complejo problema de la movilidad en términos de economía, empleo, sostenibilidad ambiental, velocidad y complementariedad urbanística. Los politiqueros, en complicidad con los tecnócratas de Planeación Nacional, quieren impedir que el Metro sea una realidad, sin perjuicio de que en la actual campaña estén haciendo demagogia para pescar incautos con promesas que después ignoran olímpicamente.

La educación ha sido el frente de grandes resultados durante los últimos tres años en la Capital. La gratuidad de la misma desde el grado cero al grado once que ha beneficiado cerca de millón y medio de niños, junto a las metas de cobertura, han hecho efectivo este derecho ciudadano, impidiendo su mercantilización absurda por parte de  los pulpos de los colegios privados. Colegios modernos, nuevos esquemas pedagógicos, adecuada dotación, restaurantes escolares son avances que se deben consolidar. Entregar becas universitarias a los mejores alumnos como lo hacen ya las alcaldesas de las localidades son compromisos que requieren todo el apoyo de las nuevas autoridades democráticas. Eso va a suceder de la mano de Clara López.

La salud de los bogotanos debe seguir experimentando modelos alternativos de atención a los pacientes, como el de los médicos de la Cuadra que atienden a todas horas las urgencias en salud; necesitamos Barrio Adentro que ha sido toda una revolución en la medicina Latinoamericana según lo acaba de certificar la Cepal. Se debe extremar el control sobre los recursos para impedir que empresas inescrupulosas se queden con los dineros del régimen subsidiado, como viene ocurriendo.

Bogotá debe seguir siendo la pionera en la marcha exitosa contra el hambre con los comedores populares, que han aumentado el peso y la talla de los niños, su estatura y su capacidad de aprendizaje. La meta debe ser Bogotá sin hambre, Ya!!!!. Es un logro que se puede alcanzar con dedicación y compromiso.

La gestión económica de la administración distrital ha sido adecuada, propiciando las más bajas tasas de desempleo en la nación. Generar más empleo, con buena remuneración es posible y los planes correspondientes deben acelerarse. El crecimiento económico debe servir a todos y no a una minoría plutocrática que acumula sin límites enormes riquezas.

La seguridad debe ir de la mano de la primacía del derecho. Una maquina policial descontrolada, con enormes presupuestos manejados a discreción de elementos autoritarios contradice el ideal civil de la integridad democrática y pluralista. La maquinaria policial y parapolicial da forma a sociedades de control con interceptaciones ilegales, capturas arbitrarias y desmanes de oficiales al servicio de oligarquías urbanas antidemocráticas. La mejor política de seguridad es aquella que se orienta a dar soluciones a los problemas cotidianos de la ciudadanía. La pobreza es el caldo de cultivo de la inseguridad, por eso el gasto social debe ser la prioridad y no el policial que hasta ahora ha dilapidado billones del presupuesto público en burocracia y dotaciones estrafalarias de los escuadrones policiacos.

Acciones contra el calentamiento global y los procesos entrópicos son urgentes. Ya vimos las consecuencias del fenómeno de la niña con la reciente ola invernal. Los planes para el rio Bogotá requieren su aplicación eficaz y la veeduría ciudadana para impedir la corrupción y garantizar la inversión de las cifras apropiadas para las Plantas de Tratamiento proyectadas. Más humedales, reforestación, planes conjuntos con la CAR son aspectos centrales de la política ambiental distrital para proteger nuestro medio natural. La civilización de la biosfera y la empatía con la naturaleza, con la fauna y la flora deberían ser paradigmas de los modelos pedagógicos emergentes en nuestros planteles escolares.

Ya está visto que la cultura ciudadana es un patrimonio de la ciudad, alcanzado en los últimos años. El recién creado Instituto Distrital de Artes es una herramienta que la Alcaldesa debe echar a rodar para que se profundice nuestra identidad y su raigambre histórica y autóctona. Más que globalización lo que requerimos es glocalización. Está bien pensar en lo global pero necesitamos vivir en lo local con nuestras tradiciones históricas y los valores propios.

Avanzar en la revisión del Plan de Ordenamiento Territorial es urgente. Obviamente dicho proceso debe ocurrir en términos de equidad, justicia y derecho. Bien puede la nueva alcaldesa impulsar un sistema financiero distrital que capte el ahorro social para que pueda ser canalizado en la solución de los problemas de vivienda de interés social de millones de bogotanos.

Ciudad–región es un excelente modelo de organización territorial que puede incrementar las tasas de desarrollo. Así está ocurriendo en la globalización. Impulsemos nuestra regionalización para ofrecerle un modelo viable al resto del país que reclama la autonomía territorial.

Defendemos la modernización de la administración pública mediante la vinculación estable y decente de sus funcionarios. Defendemos el derecho de miles de profesionales vinculados por contrato y en condiciones de completa incertidumbre laboral para que sean vinculados, mediante decretos extraordinarios, de manera permanente a la administración distrital, reconociendo la experiencia acumulada. Que se proteja el derecho a la sindicalización para que miles de trabajadores por contrato sean nombrados en cargos estables del Distrito.

Por último, que no de último, estamos contra la privatización de la Empresa de Teléfonos de Bogotá. La ETB, al igual que el resto de empresas públicas, es un patrimonio estratégico que debe ser defendido sin vacilación. Tenemos que frenar el apetito voraz de la Telefónica española, de El Tiempo, la editorial Planeta, el grupo Sarmiento Angulo y capitalistas venezolanos de la oposición escuálida, que presionan la privatización de la ETB para saquear este importante patrimonio social de los bogotanos.

La presencia de Clara López en la Alcaldía Mayor de Bogotá debe propiciar la configuración de una nueva alianza política que signifique un Gran Acuerdo Social y Progresista por los derechos de todos y todas, especialmente de los más débiles de la sociedad que requieren el apoyo de la institucionalidad gubernamental.

Ese es nuestro compromiso. Es un compromiso Claro con la ciudad y su nueva líder.

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