Colabóreme, agente

Colabóreme, agente

3 de marzo del 2017

Un filósofo dijo alguna vez que las leyes deben ser observadas porque existen, y no por el temor a ser castigado si se violan.

Colombia es un país que tiene leyes para todo, hasta una que  prohíbe la venta de cigarrillos sueltos, supuestamente para desestimular su consumo. Lo invito a que vaya a cualquier puesto callejero de cualquier ciudad y constaten que se venden sin restricción. Ni siquiera lo disimulan, se hace abiertamente.

Usted está mal estacionado, viene el policía de tránsito y eso se convierte en “colabóreme, agente, que solo es un momentico”. El conductor sabe que comete la infracción y por eso pide la ayudita. Es que, cuál es el problema si no estoy haciendo daño a nadie ni estoy matando a alguien.

Una señora de edad que camina por un andén casi es atropellada por un niña de 8 o 9 años que va en su bicicleta sin casco ni elementos de protección, a menos de un metro de una ciclorruta. Cuando reclama, la mamá de la niña le grita “¡no ve que es una niña, no tiene que cumplir la ley!”

El bicitaxi que se atraviesa a un carro en plena vía y le dice al conductor, “es que ando por donde se me da la p… gana.”

Un motociclista me dijo hace un tiempo que esas rayas blancas en las calles son los carriles de las motos.

Una señora que se coló a un Transmilenio con una adolescente, dijo cuándo le reclamaron otros pasajeros, “si en el Congreso y el gobierno roban, por qué no puedo hacer yo.”

Ustedes seguramente tienen numerosos ejemplos más para agregar a este pequeño mostrario de nuestra idiosincrasia.

Hay un nuevo código de policía que tiene una gran cantidad de normas y multas para quienes incumplan. Al margen de que expedido el código no se puede hacer cumplir, pues faltó la pedagogía para difundirla, hay que preguntarse: ¿en serio le van a cobrar a  una persona cerca de $800,000 por orinarse en la calle? ¡Es más que un salario mínimo mensual! Es ridículo. Pueda que suene bien, como los $179,000 por colarse en Transmilenio, ¿pero quién los pagará?

Todos los días capturan ladrones, atracadores que son llevados ante los jueces. ¿Cuántos realmente terminan en las cárceles? ¿Cuántos más a las pocas horas están de nuevo en la calle, muertos de risa dedicados a su “profesión”? Con más bien poca edad tiene numerosas entradas a las prisiones por diferentes delitos. No hay, aparentemente solución.

Me parece que este tema tiene dos aspectos.

Uno es que se han creado leyes y normas para absolutamente todo, pero no hay autoridad alguna que las pueda hacer cumplir. Entonces, la mitad de este país tendría que ser autoridad para controlar la otra mitad. Casi que tocaría tener un policía por cada habitante y cientos de cárceles gigantescas para encerrar a los que cometen delitos.

Como eso es obviamente absurdo, habría que enseñar a la gente que las leyes deben cumplirse, simplemente porque de eso se trata de vivir en sociedad. Ese proceso de educación tardaría varios años, pero si no lo hacemos pronto, veremos cómo vamos llegando al punto en que nadie respetará nada, ninguna norma o ley. Me gustaría ver un gobierno que diga que el respeto a las leyes es prioridad, y hay que enseñarlo en los hogares desde la primera infancia y debe ser cátedra obligada en todos los cursos escolares desde el jardín infantil hasta la universidad.

El segundo aspecto es que los castigos cuando alguien es sorprendido infringiendo alguna norma, no se cumplen. Qué bueno sería si el Ministerio de Transporte nos dijera cuánta plata se ha recaudado real y efectivamente de los cientos de comparendos impuestos a conductores borrachos. Los noticieros de televisión muestran permanentemente los accidentes provocados por ellos. ¿Cuántos han pagado esas millonarias multas?

Sí, hay enormes problemas en el país que lleva a la gente a la delincuencia. La herencia del narcotráfico entre otros factores, nos ha convertido en una sociedad del dinero rápido y fácil, sin importar el cómo. Eso afecta a toda la sociedad, desde el raponero en la calle hasta los ejecutivos y funcionarios públicos que se alzan con miles de millones, a sabiendas que si les va mal les toca un sentencia reducida con frecuencia con casa por cárcel y luego salir a disfrutar de lo que se tumbaron.

La solución no está en hacer más leyes y subir condenas, si no hay manera de hacerlas cumplir.

Como país, como individuos, personas, ser humanos tenemos que tomar la decisión de vivir dentro de las leyes y asumir la responsabilidad individual y personal de respetarlas. Como ciudadanos que convivimos con millones de personas más, tenemos que asumir que no solo es asunto de si me gusta, sirve o conviene una ley para cumplirla.

De lo contrario, seremos tarde que temprano un país, una sociedad, una comunidad inviable.

¿Será tan difícil?

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