Colado Corrupto*

Colado Corrupto*

7 de diciembre del 2018

No importa si es en el sur de Bogotá, como la Estación Molinos, o en el Norte como la Estación de las Flores: todos los días se ve la romería de ciudadanos de diferentes edades corriendo a colarse por las puertas o saltándose el torniquete de entrada. Diariamente más de 260 mil personas se cuelan en Transmilenio. Una cifra verdaderamente aterradora. Es como si todos los días la mayoría de la población de Manizales se colara en el principal sistema de transporte público de la capital.

Las consecuencias de esta contravención son devastadoras para nuestra sociedad. Transmilenio pierde más de $172 mil millones de pesos al año. Con esta plata podría
financiarse el estudio de 15 mil estudiantes en la Universidad Distrital, 22 mil niños en primera infancia serían atendidos o se podrían comprar 107 buses articulados eléctricos para el Distrito Capital.

Ese número de colados tiene efectos perversos en la operatividad del sistema, pues al no poder ser identificados y contabilizados dentro de las estaciones o portales, el centro de despacho no envía el número requerido de buses, incrementando el tiempo de espera y por supuesto aumentando el sobrecupo de los buses que están rodando.

Cada persona que se cuela hace el sistema más ineficiente, afectando a los más de 4.5 millones de personas que son usuarios diariamente del mismo. La peor consecuencia de esta horda de colados, es la degradación moral y de cohesión social de nuestra capital. Inicialmente eran unos pocos jóvenes rebeldes contra los
operadores privados.

Cada día aumentan; ahora se ven adultos, personas de la tercera edad, hasta ejecutivos de corbata y funcionarios públicos. A esas personas no les importa el
sistema público, por el contrario, actúan con rabia contra él. Pero después de una colada en Transmilenio, tampoco se puede esperar de ellos que mejoren sus comportamientos ciudadanos, más bien hay una alta propensión a contravenir las normas y a delinquir.

Los colados erosionan la confianza y los valores cívicos de los ciudadanos que usan el sistema y pagan su viaje. ¿Qué puede uno pensar cuando ve que los otros no pagan y usted sí hace lo correcto? Por supuesto que cada día se refuerza el mensaje de que los que cumplen las normas son unos bobos y los infractores son unos vivos. Un desastre moral que destruye los mismos cimientos de nuestra sociedad.

Cuando todos observan que un alto número de usuarios se cuelan y no pasa nada, se pierde confianza en las instituciones y en la autoridad. Cuando alguien denuncia un colado al policía y no hay respuesta y por el contrario este evasor sigue tranquilo, se fuerza a la sociedad a la indiferencia y a la apatía. Ya a nadie le importa lo que le pase al sistema, no se valora, ni se cuida.

Pasa lo que a diario se ve en las estaciones, una ciudadanía apática e indiferente que se voltea para el otro lado cuando alguien se cuela. Evitar el fraude y lograr combatir estos cientos de miles de evasores debe ser una prioridad para el Distrito Capital. Se debe convertir en una cruzada para proteger el único
sistema de transporte público que tenemos, pero sobretodo, para reconstruir los valores democráticos y la dignidad de nuestras instituciones distritales y dar orden a la ciudad.

Con qué cara vamos a exigir respeto, cuidado y cumplimiento de las normas a las nuevas generaciones, si los niños y jóvenes son los principales desfalcadores de Transmilenio. ¿Es un colado, un corrupto? Claro que sí y así debe ser señalado por toda nuestra sociedad. Es un ciudadano que está cometiendo una infracción que destruye un bien público. No puede seguirse viendo como un comportamiento menor, sino que debe ser sancionado moral, ética y pecuniariamente.

El nuevo código de policía establece una multa para esta contravención. De agosto de 2017 a agosto de 2018 se impusieron un total 41.671 comparendos por evadir el pago del pasaje o salir e ingresar a las estaciones por sitios distintos a los torniquetes. De los anteriores comparendos 12.470 fueron conmutados por cursos pedagógicos y tan solo 328 fueron pagados en dinero por parte de los infractores, quedando 28.873 comparendos que no han sido ni conmutados ni pagados y sobre los cuales no existe ninguna acción por parte de la Administración para forzar su pago.

La policía no tiene capacidad operativa para sancionar y mucho menos el Distrito Capital para cobrar. La multa no ha servido. Si se quiere erradicar este mal, es necesario que dicha multa tenga consecuencias que no solo sean monetarias sino que sí le duelan y lo incentiven a no reincidir. Estas sanciones ya comenzaron una ruta después de haber sido aprobado en el Concejo de Bogotá un proyecto de acuerdo que obliga a las entidades del Distrito a revisar el Registro Nacional de
Evasores antes de cualquier contratación de personal.

Quien no haya pagado la multa y esté en este registro no podrá acceder a los beneficios de los programas y pierden prelación ante
los mismos. Deberían hacerse públicas las notificaciones de estos evasores, de modo que todo el mundo sepa quiénes se cuelan en Transmilenio. Por supuesto publicar el top de los que más se cuelan.

En pleno siglo XXI es necesario utilizar tecnología con cámaras de reconocimiento facial para identificar a los evasores. Además de incorporar el diseño para cambiar las puertas y los torniquetes a las entradas de las estaciones y de los buses, en especial de los azules del SITP que hoy no sirven para frenar la invasión de los colados. No pueden seguir pasando los años, sin que estas infraestructuras básicas cambien y disminuyan los riesgos de evasión y fraude.

Si bien es cierto, Transmilenio hoy sufre una crisis por el mal servicio, es el único sistema de transporte masivo que tenemos. Es un sistema que fue abandonado por las
administraciones anteriores y ahora nos corresponde recuperar y mejorar. No puede haber excusa, que por el servicio inadecuado se justifique la colada. Por el contrario, hay que profundizar los esfuerzos para hacerlo más digno, seguro y confiable. Pero si no se crea conciencia ciudadana, con campañas pedagógicas y de cambio cultural de largo plazo, vamos a crear una ciudadanía que tampoco va a respetar el Metro y el Transmicable que pronto entrarán en operación.

El combate y erradicación de los evasores de Transmilenio es una de esas apuestas de construcción social que no dan espera.

*Diego Molano
Concejal de Bogotá

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