Colegios en concesión, una oportunidad para la calidad en la educación

Colegios en concesión, una oportunidad para la calidad en la educación

1 de agosto del 2018

Jorge Eliecer Peña Pinilla, vive desde hace más de 30 años en Usme, fue estudiante de los colegios distritales de Santa Marta La Aurora, se graduó como bachiller de un colegio en concesión. Siguió la carrera de abogado en la Universidad de los Andes e hizo una especialización en Derecho Administrativo de la Universidad del Rosario, con conocimientos en administración y gestión pública local; hoy Jorge Eliecer es el alcalde de la localidad de Usme.

Jorge Eliecer es uno de los miles de ejemplos en Bogotá de jóvenes que terminaron estudios en colegios de concesión con buenos resultados, calidad en la educación y futuros promisorios.

Este modelo educativo denominado colegios en concesión comenzó hace 17 años en la Capital de la República; esto quiere decir que colegios privados con muy buenos resultados, administran recursos públicos a través de la inclusión a sus colegios de niños de sectores vulnerables o de estratos 1 y 2 que residen en la zona de influencia de estos establecimientos educativos. Este modelo está en muchos países del mundo.

Los colegios en concesión deben prestar el servicio educativo con base en su proyecto institucional; suministran el material pedagógico, el refrigerio diario y deben mantener en buen estado las instalaciones educativas. Posteriormente son evaluados por la Secretaría de Educación.

Según un informe del Ministerio de Educación Nacional que analizó los colegios en concesión “este modelo ha presentado buenos resultados en algunos indicadores educativos, como los bajos niveles de deserción y repitencia; y según el Informe de Progreso Educativo en Colombia de Corpoeducación de 2006, “entre 2000 y 2003 la deserción escolar se redujo en básica primaria del 8% al 6%; y en secundaria, del 6% al 5%”.

Sin embargo la educación pública en una ciudad como Bogotá, donde hay cerca del millón de niños y jóvenes con posibilidades de matricularse, no debe centrarse en si es administrado por las entidades públicas o privadas sino, en este caso, darle la oportunidad y la libertad a los padres de familias de bajos recursos, a que sus hijos puedan educarse en colegios privados con altos estándares educativos sin costo adicional para ellos.

Si el propósito de una sociedad es la educación de sus jóvenes, hay que buscar soluciones y alternativas innovadoras que agrupe, en las mismas condiciones, a todos aquellos que requieren la oportunidad; no importa si es público o privado.
El concepto de lo privado no se puede satanizar ni estigmatizar.

Los argumentos enfocados a considerar que lo que el Estado administra es para beneficio del “pueblo”, mientras lo que está en manos privadas solo beneficia a unos pocos, no es cierto. Muchos servicios para la comunidad entregado a manos privadas pueden ser mejor administrados y más rápidos en su ejecución. Lo público-privado como socios funciona y funciona muy bien.

En la actualidad en Bogotá esos recursos están siendo administrados por 22 colegios como Cafam, Calasanz, Colsubsidio, Don Bosco, Fé y Alegría.

Aquí no es que se esté acabando con la educación pública, pues actualmente en Bogotá, solamente el 5% tiene el modelo de concesión, pero varios sectores vuelven un estigma cualquier acción que busque solucionar y avanzar en los problemas de educación.

La educación pública en la Capital mantiene inversiones importantes; Usme por ejemplo tendrá una inversión de 256 mil millones para 20 mil jóvenes en jornada única, 19 mil en extendida y recursos para primera infancia; Kennedy contempla 417 mil millones y Ciudad Bolívar 332 mil millones de pesos.

Bogotá, además de los 22 colegios en concesión proyectó una meta de generar otros 15 que ya tienen aseguradas las vigencias futuras para los próximos 10 años. Aquí el propósito que se tiene es avanzar, no en una discusión ideológica si los recursos son para los públicos o privados sino cómo se logra que más de 330 mil niños y jóvenes de bajos recursos de la ciudad puedan estudiar ocho horas y tener jornada única; ese es el punto de vista de la política educativa, y precisamente si ese es el propósito para hacerlo, en educación pública o en concesión se debe cumplir el propósito.

Hoy Bogotá tienen dos insuficiencias en la educación pública: planta de docentes e infraestructura; entonces, ¿qué se puede hacer? Hay que buscar todas las opciones posibles, avanzar y si no se puede lograr, los colegios en concesión son una solución que cumple con todos los criterios.

Con la modalidad de colegios en concesión se está logrando oportunidad, innovación, calidad y libertad para las familias de escoger lo que ellos crean que es lo mejor para el futuro de sus hijos. No le tengamos miedo a lo privado, este modelo se puede mostrar, evaluar y lo mejor de todo ya tiene resultados demostrables.

Diego Molano Aponte
Concejal de Bogotá

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