Colombia al borde del colapso

16 de marzo del 2016

“Juan Manuel Santos Calderón es el presidente de un país que no lo quiere.”

El panorama del país parece el casco recién ametrallado -desde adentro- de un barco en alta mar: aun no se hunde, pero todo está dado para el naufragio. Es un panorama de pesimismo generalizado, y no es para menos, todas las facetas de la vida nacional se ven mal. Absolutamente ningún renglón que dependa del Estado anda bien.

La devaluación nos empobreció ante el mundo. ¿Era necesaria una apreciación del 93% del dólar? Porque las exportaciones no se reactivaron, al contrario, la balanza comercial es negativa en gran desproporción. Y si somos ya un país netamente importador, resulta aun más dramático que cuanto compremos nos cueste el doble de lo que pagábamos en 2015. Nos pusieron a vivir en la aldea global y de un plumazo doblaron el valor de todo cuanto requerimos por vía devaluación. Ni qué decir de la deuda pública y privada en dólares. Se duplicó. Una tragedia económica.

El orden publico, tan mal como sentimos todos. La política criminal se reduce a una fiscalía que hace anuncios sobre “grandes crímenes” que no resuelve, mientras hurtos, asaltos, agresiones sexuales, homicidios, y crimen organizado campean sin que haya eficacia en investigaciones que hagan la vida más segura. Si la fiscalía no puede dar solución investigativa al asalto del apartamento del Vicefiscal, ¿que puede esperar el ciudadano del común? Ni qué decir de la Policía, corrupta, cuestionada, desprestigiada… o de unas Fuerzas Militares cada vez más permeadas por las doctrinas de la izquierda bolivariana en boga, calladas, casi sumisas ante éstas Farc altivas y desproporcionadas que se han comido el cuento de que son “simonbolivares” contemporáneos, y así se portan.

Uno se pregunta cómo puede el gobierno estar pensando entregar a las Farc el monopolio de la justicia, con la tal Jurisdicción Especial para la Paz, pero cuando vemos que a la rama judicial le importa un carajo el país y vive “en paro”, empezamos a pensar que ya estamos en el fondo y que nada puede ser peor que la justicia de hoy. Ni siquiera el “Equilibrio de Poderes” ha resultado funcional. ¡Nada! Y el ministro de Justicia, que era un hombre serio, ha resultado un ministro de triste desempeño que nada ha logrado y hoy solo es caja de resonancia de las malquerencias políticas del gobierno.

El agro en la más profunda crisis de la historia de Colombia. La ganadería devastada, la producción agrícola en ceros con la sequía y la pésima política agropecuaria de un Minagricultura charlatán al que el Minhacienda no respeta ni respalda, y no ha podido armar un sistema de apoyo para el empresario agrícola. El crédito de fomento no existe, el banco agrario es un zombi del cadáver de la Caja Agraria que se mueve más lento y le importa un pito el campo. La intermediación de los bancos comerciales para créditos finagro hace que solo presten a quienes no necesitan crédito para prosperar. Ser exitoso es pecado y no serlo una condena a jamás poderlo ser.

La corrupción es apabullante, como el Presidente no hace cosa distinta a pensar en las Farc, cada ministro maneja su satrapía como le da la gana, y los amigos y la parentela hacen negocios con el Estado y nadie ve nada. Todos se despachan antes de que el barco se hunda. Las “Oportunidades Estratégicas” familiares de la gente en el poder son aprovechadas para el enriquecimiento de muy pocos.

La ausencia de Vargas Lleras tampoco ayuda. Con él, parecía que alguien lideraba algo. Ahora todo se ve al garete. Mientras el sistema se derrumba los empresarios no ven la catástrofe y abandonaron aquel papel tradicional de ser la “institucionalidad privada” ante el estado. En otras épocas la Andi le habría “cantado la tabla” al Presidente, pero ya no hay un Fabio Echeverri que se atreva, todo es connivencia, sumisión, e impera una sensación generalizada de “sálvese quien pueda” que ha hundido al aparato estatal en éste pesimismo saqueador que rige. ¡Como estaremos de mal, que hoy, Reficar es el gran motor de la industria nacional!

Las encuestas revelan una sensación de derrota generalizada; la gente no cree en la justicia ni en la dirigencia política, no cree en el gobierno; hay “gobiernismo” de quienes chupan de la teta del gobierno, pero no hay “santismo”; éste es el único presidente de Colombia que no pudo inspirar una facción de partidarios a partir de su liderazgo personal. No es un líder. Nadie ve en él a un conductor fiable. Y ya es tarde para cambiar esa percepción.

Juan Manuel Santos Calderón es el presidente de un país que no lo quiere.

@sergioaraujoc

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