Colombia, descansa en paz II

24 de mayo del 2013

¿Dónde están las víctimas en este proceso de paz? ¿Dónde el Estado de Derecho? / Columna de Federico Arellano.

La semana pasada había escrito sobre aquel encuentro entre el Fiscal y el Procurador, hombres unidos por el derecho, pero separados por la sensatez jurídica del segundo frente al primero. Estas dos principales figuras de nuestro país, como lo hemos visto, tienen posiciones opuestas en lo que respecta al famoso Marco para La Paz y en general frente al proceso que a espaldas de las víctimas se concreta en La Habana.

Hace poco alguien dijo algo que verdaderamente me gustó mucho, “el perdón de las víctimas no se da por decreto”. Esta frase es poderosa. Pero antes de analizarla hay que decir que jamás obraría por decreto la voluntad de un sentimiento tan noble como el perdón, sobre todo si hablamos de perdón a los victimarios colombianos que si no son los más cruentos del planeta, como diría mi padre, son los segundos que es muy buen puesto. Yo he sostenido que para perdonar -y esto en cualquier contexto de daño- lo primero que debe conocer el ofendido es la verdad de lo que ocurrió. De la misma manera cuando en una pareja sobrevienen los famosos “cachos”, lo menos que debe saber el “cachón” para pensar si perdona es cómo, con quién, por qué y dónde se consumó el acto infiel. Así mismo, la víctima tiene el derecho a la verdad y el victimario la obligación de revelarla ante la autoridad que corresponda. Esto por varias razones. La primera debería ser porque sin verdad no se obtendría el perdón (aunque en el caso de la víctima, no en el del cachón, no creo en perdones absolutos, habida cuenta de la magnitud del perjuicio). Otra razón fundamental es la de la justicia. Y una no menos importante, la de la Memoria Histórica y el reconocimiento de las garantías de las víctimas en un Estado de Derecho, que reclaman reparación integral.

Es evidente que algo que pretende el presidente Santos es que el perdón de quienes hemos sufrido los embates criminales de la violencia colombiana, obre por decreto. Y esto se ve reflejado en su incesante propósito de la impunidad para los narcoguerrilleros de las FARC, desconociendo de paso los derechos de las víctimas a la verdad, la justicia y a la reparación. ¿O acaso con la impunidad para aquellos, que operará por imperio de un instrumento jurídico-constitucional y legal como el marco para La Paz (cosa inentendible) se construye y se repara con dignidad una mejor sociedad herida y azotada por décadas con las balas,bombas, secuestros, accesos carnales y reclutamiento de menores? No se pregunta el Presidente si eso no va a pisar cayos y a recrudecer heridas. No. Él solo piensa en votos y en curules para quienes enlutan a diario nuestros hogares rurales y urbano; por supuesto piensa en el perdón vía decreto.

Recuerdo ingrato tengo de las palabras de Santos en 2012 cuando aprobaron el marco ese, en el Congreso ese. Como en estas líneas sí se hace valer la Memoria Histórica, recuerdo lo que dijo. Una mentira más: “aprobación del marco para La Paz, no significa que haya diálogos” Si apelamos al recuerdo limpio y carente de amnesia selectiva, debemos decir que esto ha sido una mentira y se ha hecho a espaldas de la nacion toda. Miren ya donde vamos. Surge de inmediato otro cuestionamiento frente a este atropello. En las instuciones, sobre todo en las creadas recientemente por imperio de la Ley de Víctimas y Restitucion de Tierras, se habla con gran vehemencia de las garantías de no repetición. Si no hay verdad y no hay justicia, se desdibuja la Memoria Historica y me pregunto: ¿cómo van a garantizar así la no repeticion de actos victimizantes? La retorica humanitaria de hoy es eso: retorica solamemnte. Esto asi planteado no va a dar como resultado paz verdadera, por eso y por lo ya expuesto.

Es claro que cada vez vamos acercándonos más al abismo. Y el que dice esto -sobre todo como víctima- es calificado de “enemigo de la paz”. Querer paz justa es ser enemigo de la paz, luchar por los DDHH es ser enemigo de la paz, levantar la mano manifestando inconformidad por la forma como nos están sometido a imposiciones narcoterroristas es ser enemigo de La Paz, considerar que la impunidad y la elegibilidad de los bandidos es una bofetada a la democracia y a las víctimas es ser también enemigo de La Paz. Por consiguiente, hay que ser todo lo contrario y ojalá bandido para ser amigo de la paz y recibir premios, jugosos incentivos y millonarios sueldos y pensiones. De esta manera se es digno amigo de la paz, del Fiscal General y sus delegados que ningún mueres tienen en los crímenes de lesa humanidad y por supuesto de Santos.

El resumen de esta triste historia de protagonistas antagónicos como los narcoguerrileros, bien lo hace el Dr. Ordóñez. El viernes pasado le manifestó de manera categórica a la opinión pública su abierto desacuerdo con la desafortunada manera como nos lleva este gobierno al abismo de la impunidad y al precipicio del desconocimiento de los derechos de las víctimas, sin hablar del desbarranco humanitario, político y social que ya vivimos. Dijo el Jefe del Ministerio Público que “renunciará antes que transigir con una paz donde se sacrifique a las víctimas por la impunidad”. Pero estos esfuerzos no son más que un saludo a la bandera, pues si bien el Dr. Ordóñez es un hombre con un gran criterio humanista y jurídico, que debería ser atentamente oído y practicado, en la realidad el jefe es otro. Acá el jefe es Tomochenko y de Santos para abajo obedecen. Nuevamente pregunto ¿dónde están las víctimas en este proceso, dónde el Estado de Derecho? ¿Dónde?

Conclusión. Sin ninguna duda, en Colombia el crimen paga. Sin dejación de armas, sin dejar el narcotráfico y sin verdad, justicia ni reparación, vienen los bandidos una vez más a las magistraturas a burlarse de sus víctimas. Esta es una nueva modalidad de revictimizacion, disfrazada de legitimidad con una enmienda constitucional. ¡Aberrante !  #nomasmentiras. Abrazo cálido. Seguimos trabajando.

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