Colombia está construyendo un país limosnero a punta de subsidios

14 de julio del 2016

La solución real a tantos problemas no está en los subsidios que la gente “rica” es obligada a dar a los “pobres”, sino en las oportunidades que deben generarse para producir ingresos para todos. En un país tan desigual como éste no está mal que los “ricos” paguen más impuestos, pero tampoco es justo que […]

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La solución real a tantos problemas no está en los subsidios que la gente “rica” es obligada a dar a los “pobres”, sino en las oportunidades que deben generarse para producir ingresos para todos.

En un país tan desigual como éste no está mal que los “ricos” paguen más impuestos, pero tampoco es justo que tengan que subsidiar la flojera y corrupción de miles de personas que se conformaron con un dinero que les da el Gobierno y afiliaciones corruptas tipo Sisbén, donde ricos y hasta muertos reclaman sus beneficios.

Colombia se gasta más de 10 puntos de su producción total (PIB) en subsidios, según cálculos preliminares de Planeación Nacional. Eso es construir un país menesteroso.

La protección a las clases más necesitadas no se logra con tamales gratis en elecciones. Sí son bienvenidas las ayudas para comprar vivienda, para educarse; está bien el subsidio de transporte en el salario mínimo, la prima para las empleadas domésticas e incluso sería muy bueno un seguro de desempleo oficial para la gente que sí trabaja, como sucede en Europa, por ejemplo. Pero lo demás, la simple entrega del subsidio por condición resulta casi populista.

En todas partes del mundo es mejor enseñar a pescar que dar el pescado. Lo contrario estimula la pobreza. Es injusto limitar a la gente pobre a soñar solo con subsidios, en lugar de aspirar a trabajos formales o crear empresas. Lo peor es que no es casual lo que pasa, pues a las clases altas les conviene tener clases bajas.

Son dinámicas perversas las que se acostumbraron. Como esa que pregona que las mujeres o negros deben ser nombrados porque sí en cargos públicos para cumplir con un porcentaje de participación de las minorías. ¡Falso! Ser mujer, como ser hombre, gay o transexual, no tiene ningún valor diferencial. Lo que debe importar es el conocimiento y las habilidades para desempeñar bien un cargo.

Si en Colombia no se robará tanto no habría justificación para subir los impuestos año tras año. Esa es la verdad. Pero como no hay solución a la corrupción se le cobra más y más al ciudadano rico y pobre para compensar. Además de IVA, impuesto a la renta, predial, valorización, rodamiento, pensión, salud, EPS, prepagada, Fondo de Solidaridad y muchos más gravámenes y subsidios obligados, tenemos que ver cómo todos los días se pierde el dinero ante los ojos de todos sin vergüenza de la justicia.

En Colombia, al robo le dicen mermelada y los corruptos no representan un peligro para la sociedad. ¿Qué más podemos esperar? Generalmente, cosas adversas. El DANE nos dice así que en este país no es pobre quien gana más de 7.454 pesos al día, es decir, el insulto de 224.000 pesos al mes. Para cobrarnos, todos los gobiernos nos ven como “ricos”, pero la ayuda que de verdad merece una Nación no se pregona con subsidios sino con oportunidades ciertas de crecer. Somos 48,9 millones de colombianos y 13,5 millones de personas terminaron en nivel de pobreza en 2015.

Vea usted: en marzo de este año, el presidente Santos dijo: “Ya el 70 % de los colombianos o un poco más, están en lo que podríamos denominar la clase media”. ¡Magia salvaje! ¡Qué orgullo! ¡Somos una clase que puede pagar más, seguro! A mayo del 2016, se contaban 35.616.653 personas en el Sisbén. Así que como aquí se vive de percepciones acomodadas, se me antoja que esos datos son absolutamente inverosímiles. Al menos en Bogotá, donde yo vivo, cada día veo más gente pidiendo limosna en Transmilenio, en los semáforos, mejor dicho, aspirando a subsidios por toda la capital.

En Twitter: @javieraborda

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