Colombia, país de godos

16 de septiembre del 2012

Yo no sé de qué nos quejamos tanto los colombianos: que el Procurador dijo tal cosa,  que Monseñor dijo tal otra… Creo que el asunto va más allá de lo que piensen el uno o el  otro y nuestro problema estructural no depende únicamente de lo que opinan en la Procuraduría o el Episcopado. Colombia […]

Yo no sé de qué nos quejamos tanto los colombianos: que el Procurador dijo tal cosa,  que Monseñor dijo tal otra… Creo que el asunto va más allá de lo que piensen el uno o el  otro y nuestro problema estructural no depende únicamente de lo que opinan en la Procuraduría o el Episcopado. Colombia es un país muy conservador, una nación llevada por la godarria que nos ha sido inculcada desde que éramos unos niños.

Por supuesto, a la hora de ilustrar lo conservadores que somos los colombianos, hay que empezar por analizar el extremo fervor católico con que llevamos nuestras vidas. El calendario a la colombiana está dominado por fiestas católicas; la Navidad no es más que el cierre de nueve días de plegarias y oraciones; la religión católica sigue siendo un referente esencial para definir lo que es moral e inmoral en el país.

Sin embargo, hoy estamos ante el nacimiento de una nueva ola ultraconservadora impulsada desde las iglesias cristianas. Ya no solo debemos pensar que las ideas retardatarias nos llegan desde los púlpitos de los templos católicos, sino que ahora desde galpones, bodegas, garajes y teatros, que sirven de punto de encuentro a los evangélicos, se gesta una nueva revolución de la godarria en contra del desarrollo de la sociedad colombiana.

Pero no nos quedemos solo en el aspecto religioso.

Colombia es un país de godos porque somos felices viviendo en esta sociedad feudal de señores y vasallos. Nos encanta tener una empleada del servicio (mal pagada) en nuestra casa para que cocine y haga aseo. Nos envilece tener que empacar nuestras compras del supermercado, para eso hay muchachos (mal pagados) que organizan las cosas en las bolsas. Nos sentimos superiores por tener una camioneta 4×4 bien grande porque así podemos sentirnos lejos del vulgo y protegidos de las miserias del país.

Colombia es un país de godos porque no concebimos ver en el alto gobierno o en los cargos ejecutivos de las empresas a personas indígenas o afrodescendientes. Haga no más ese ejercicio con la administración de Bogotá, que se supone es la ciudad Progresista del país. ¿Dónde está el funcionario que no sea blanco? Y mejor ni hagamos ese ejercicio a nivel nacional, porque terminamos llorando.

Colombia es un país de godos porque los movimientos sociales son menospreciados. Ser sindicalista es un desprestigio y estar en una ONG es ser mamerto. Nadie protesta y el que lo hace es mal visto y señalado como un reaccionario que va en contravía del futuro del país. Preferimos callar ante las injusticias o quejarnos en la comodidad de las redes sociales, antes que mostrar el verdadero descontento saliendo de nuestras casas a protestar.

Colombia es un país de godos porque creemos que es más importante parecer que ser. Tenemos que parecer un país en paz, así en Tumaco la extorsión y las bandas criminales sean una amenaza permanente. Tenemos que parecer un país rico, así sea que el dinero esté en manos de unos pocos, mientras que los pobres siguen sobreviviendo con menos de un salario mínimo. Tenemos que parecer un país moderno, mostrando con orgullo una gran Constitución Política llena de garantías, pero que se cumple a medias.

Colombia es un país de godos no por culpa del Procurador, ni de la Iglesia Católica. Colombia es un país de godos porque para los políticos y los medios de comunicación Colombia, tal y como está, está bien.

@colombiascopio

juanpablocalvas@gmail.com

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