Colombia tiene un nuevo comienzo

6 de noviembre del 2019

Por: Eleany Hoyos.

Colombia tiene un nuevo comienzo

Con el miedo al que pasará, a enfrentar hechos que pesan en su corta vida, a que manos indolentes atenten contra quien ama; así aceptó ella las palabras de un hermano que quiere otro destino para su propia sangre; aquella que duele y da el coraje cuando no es justo lo que pasa.

Así fue que Daniela dio un paso al vacío hacia la bienvenida, al nuevo comienzo que le ofreció una Institución que hasta ese momento significaba miedo, terror, era el enemigo desde que daba sus primeros pasos.

Esta joven, se enteró que a quienes le enseñaron a no querer, hoy le mostraban otra forma de vivir y ofrecían esperanza en su camino sombrío, en donde ni siquiera su hijo podía hacer parte.

A pesar de su escasa edad, ella ya es esperanza para otra vida; existe un pequeño que espera en ella un futuro, educación y cuidado; en su familia, en su tierra y en su patria.

Su piel es el reflejo de una tierra fecunda, de raza fina que grita el abandono de un Estado que se aleja de su propia riqueza. Allí creció junto a su gente y vio nacer a su hijo, lejos de las oportunidades y de cumplir sus sueños de niña; estos se opacaron ante una realidad de violencia, de grupos armados que ven en los menores máquinas para una guerra que no es suya, cegando sus mentes y cercenando la felicidad de ser niño.

Dairo, hijo, hermano y hombre enamorado tocó lo efímero del dinero, al que llaman fácil y que por poco le quita su propia vida; a tiempo comprendió qué hay otras salidas, otras maneras para vivir, escuchó a quien le tendió la mano y le dijo que era seguro estar acá, que tenía otra oportunidad para ser un colombiano de bien. Fue así que una institución de soldados acérrimos y respetuosos de la vida del otro, le abrió las puertas a la libertad al primero de tres jóvenes que dieron sus mejores años a una falacia que como ellos dicen, no tiene un propósito por nada ni para nadie, el ELN.

Para Daniela este suceso de su vida, que trajo mucho dolor para ella y su familia, también fue la oportunidad para encontrar a su hoy compañero sentimental, alias Jorge, con no más de 20 años y quien también hacía parte de una de una de estas estructuras desde hace más de 2 años y tenía a cargo realizar actividades de inteligencia delictiva, cobros de extorsiones e instalación de AEI para afectar a la Fuerza Pública y de los cuales desconoce el daño ocasionado.

Ellos en su trasegar en la criminalidad, viviendo la austeridad obligada, en medio de promesas sin cumplir, en la distancia con sus seres queridos, sintiendo de cerca el peligro de perder su vida, hicieron un alto y se dieron cuenta que afuera debía existir otra manera de hacer vida.

Con ganas de abandonar estas estructuras, cada uno de ellos debía hallar la oportunidad de huir y encontrar una nueva luz; así fue como alias Dairo, quien permaneció en esta organización por cerca de tres años y se dedicaba a actividades ilícitas como extorsión a finqueros, ganaderos, arroceros y hasta de instalar artefactos explosivos improvisados, un flagelo que no solo mutila extremidades y vidas humanas, también frustra sueños y esperanzas de quien es víctima de estos.
A este joven el amor por su esposa y el sentirse amenazado por su propia estructura, le dio el impulso para dejar atrás las armas y la clandestinidad. “En cualquier momento ellos me mataban, porque allá no existe la oportunidad de irse y ya. De allá uno sale para la cárcel o para la tumba” expresa alias Dairo; partió sin rumbo fijo, debía buscar ayuda y la encontró en los soldados de la Séptima Brigada del Ejército Nacional, ellos fueron los encargados de dar paso a este nuevo comienzo, que traería consigo el de dos jóvenes más; Daniela y Jorge.

Ella se sintió protegida al conocer qué pasaría con su vida y con tranquilidad convenció a su compañero sentimental para que también hullera hacia este nuevo comienzo para los dos. Cansado y decepcionado de esta organización y aún con el miedo de estar en medio de lo desconocido, expresa: “No sé allá que se defiende, no hay ninguna causa, lo único que hacemos es matarnos y ya”.

Al igual que Daniela, en cada lugar del país en donde delinque este Grupo Armado Organizado, hay niños y jóvenes que les cambiaron sus juegos y cuadernos de tareas por extensas jornadas de entrenamientos guerrilleros, caminatas sin fin y riesgos indiscriminados, llevando consigo el peso de un fusil, material de guerra que no es parte de su vida, y el nombre de un grupo que no los identifica, que no rTítulo – Título del sitio espeta sus derechos elementales.

Hoy tres jóvenes retornan a su propia vida gracias al Ejército Nacional, conocen la esperanza, otra manera de vivir, lejos de las armas, de hacer el mal a otros; la Institución les dice que es posible estudiar, obtener un título, trabajar como la mayoría de los colombianos, vivir tranquilos sin la zozobra de un final marcado por la tumba o por la cárcel.

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