El club de los longevos colombianos

El club de los longevos colombianos

4 de abril del 2016

Así como suele hablarse en Colombia del imaginario Club de los expresidentes que jamás se reúne por falta de quórum y de concordia entre sus socios, se puede poner a trabajar la imaginación para crear un club de los longevos que aglutine a los compatriotas que están a pocas cuadras de hacer su arribo al centenario de su natalicio.

Orlando Cadavid Correa le sacó tiempo y cuentas a la lista de longevos, casi todos por los 90 años o más.

Por derecho propio –dice- el club lo presidiría el general santandereano Alberto Ruíz Novoa, quien cumplirá sus 100 años el tres de enero próximo, si Dios le da licencia, o sea vida y salud.

Parece que no hay entre los militares en uso de buen retiro otro oficial que lo iguale en antigüedad y que haya sido protagonista de un “ruido de sables” como el que hubo en el segundo mandato del Frente Nacional, cuando nos gobernaba “con profunda emoción patriótica”, desde el histórico

Palacio de San Carlos, el presidente Guillermo León Valencia, ¡alma bendita! En episodio tormentoso, el “Hidalgo de Paletará” lo sacó del Ministerio de Guerra (aún no era el de Defensa) y lo sustituyó (en 1965) por el general Gabriel Reveiz Pizarro, quien (según el mandatario)  no era ”deliberante” en la línea de mando de las Fuerzas Armadas, ni tenía pretensiones presidenciales.

Los historiadores hablan de “estos otros conflictos -menos tensos- que se expresaron en discursos altisonantes: en 1969, con el retiro del general Guillermo

Pinzón Caicedo; en 1975, con la salida de los generales Gabriel Puyana García y Álvaro Valencia Tovar, y en 1977 tras la baja del general José Joaquín Matallana”.

También salió aparatosamente del mando, en 1984,  el ministro Fernando Landazábal Reyes por decisión del presidente Betancur.

Otro hijo de Santander que se acerca al piso número cien de este rascacielos es el Cardenal José de Jesús Pimiento Rodríguez, arzobispo emérito de Manizales, nacido en Zapatoca el 18 de febrero de 1919, lo que quiere decir que tiene 97 años cumplidos y está a tres almanaques para redondear su siglo completo. Es el dignatario  más longevo de la jerarquía eclesiástica colombiana. Fue exaltado al Sacro Colegio por el papa Francisco el 4 de enero de 2015.

Anda por los 93 años cumplidos (lo que quiere decir que está a siete del centenario) el expresidente Belisario Betancur Cuartas, nacido en Amagá, Antioquia, el 4 de febrero de 1923. Por derecho propio o por edad, dignidad y gobierno, el doctor “Bélico” sería el decano del inoperante club de los expresidentes de la república. En la partida al más allá se le adelantó su aliado de siempre Otto Morales Benítez.

A la cabeza de otros compatriotas dueños de envidiable longevidad figura el periodista Mike Forero Nougues (¡otro santandereano que bordea los 97 años!), exjefe de las páginas deportivas del diario El Espectador, en los tiempos de la dinastía Cano Isaza, y uno de los más sobresalientes cronistas de la actividad muscular. Su palmarés es de respeto y su pluma  de muchos quilates.

Nació en Piedecuesta, en 1919. Aunque la etiqueta social aconseja no ocuparse del tema de las edades tratándose de mujeres, cabe resaltar en este relato la supervivencia de dos esclarecidas señoras de la sociedad bogotana: las ex primeras damas Cecilia Caballero, “La Niña Ceci”, viuda del ex presidente Alfonso López Michlsen, y María Cristina Arango, viuda del ex presidente Misael Pastrana Borrero.

La longevidad se amañó en las humanidades de tres ex alcaldes de Manizales: Gonzalo Botero Zuluaga, de cuyo centenario dimos cuenta en pasado Contraplano; Gustavo Robledo Isaza, quien a sus 95 años cumplidos recorre a mañana y tarde estas benditas calles de Dios, y Elías Arango Escobar, quien anda por estos mismos calendarios, gambeteando a la doña de la guadaña.

La apostilla: Rodeado del cariño de María Victoria, su única hija, y  sus nietos, en la ciudadela “La Enea”, al pie del aeropuerto “La Nubia”, cumplió sus 96 años, el pasado 26 de marzo, el calígrafo Danilo Chica Avendaño, “Comino”, quien fue en su juventud el árbitro más diminuto del fútbol manizaleño. Cuando saltaba a la cancha, los bromistas decían que el primo del Mariscal Gilberto Alzate Avendaño era tan pequeño que le lavaban la ropa en una licuadora y que no le cabía ni la menor duda.

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