Una reflexión sobre las marchas, el mensaje y los mensajeros en el gobierno de Duque

28 de noviembre del 2019

Por: Enrique Herrera.

Una reflexión sobre las marchas, el mensaje y los mensajeros en el gobierno de Duque

Duque y el país enfrentan, por estos días, retos difíciles.

Las redes, el mensaje y los mensajeros

En comunicación Lacan escribió “Usted puede saber lo que dijo pero no lo que el otro escuchó” y así por esta vía, en días de paros,  marchas y cacerolazos puede entablarse un diálogo de sordos en el que Duque diga algo (por ejemplo, que se reitere en sí mismo explicando su plan de desarrollo y sus  logros en su política pública) y la comunidad escuche en su disonancia cognitiva otra cosa o no lo escuche porque ya lo oyó.

En tiempos de redes sociales  el esfuerzo para escucharse es mayor porque la gente tiende a reafirmarse en sus convicciones y nadie quiere oír porque todos quieren hablar, en primera persona, desde el púlpito de la red.  Y en el mundanal ruido de la red es difícil escuchar. Con un agravante: Las redes promueven la expresión de opiniones breves y contundentes que tienden a la autoproclamacion y a elevar el ego de quien al escribir en ellas, sentencia y  condena. 140 caracteres no permiten la elaboración de argumentos complejos.

Pero además, en la red hay mucha volatilidad;  una noticia sea falsa o no se viraliza en un santiamén, produce fenómenos en cascada y facilita que la emociones se descontrolen y el miedo se inculque en el sentimiento de la gente. Todo ello puede provocar, si no se tiene un buen mensaje y unos buenos mensajeros, una desconexión entre el gobierno y un sector importante de la ciudadanía.

El mensaje que se vierte en la calle, en toda la barahúnda de reclamaciones se pueden agrupar en 5: inclusión, la gente quiere sentirse incluida en la torta de la riqueza y necesita igualdad de oportunidades para competir;  pide ética en lo público, respeto a sus derechos y resultados contra la corrupción. También una agenda, la de las juventudes.

Y es ahí cuando salta a la vista que al gobierno le ha sido difícil construir un relato que trasmita, como lo hizo Uribe con los 3 huevitos, el norte de país y  la gestión gubernamental. Lo de equidad, legalidad y emprendimiento no se entendió y por ello hay q darle un viraje que se puede dar incorporando lo de la calle: inclusión y oportunidades pero para ello necesita otros mensajeros.

Gritar o escuchar

En los días de paro, y en los otros también, se debe procurar bajar la voz y el tono y renunciar, particularmente Petro, a la estridencia para hacer política. Se necesita gente q piense, proponga, escuche, reflexione, transmita esperanzas y no miedo y que no crea en eslóganes fáciles ni en soluciones simples.

Estar donde se cuecen las habas

El gobierno nacional debe estar donde se debate y se cuece lo importante, es decir, en la calle y en la redes, en las  marchas y el cacerolazo para influir y cambiar el curso de las cosas. Debe estar presente y no ausente en el Congreso. Lo que no sé es si el actual gabinete, por su perfil eminentemente técnico, lo logre.

El plato está servido, es fuerte. Ha venido gritando a voz en cuello con los resultados electorales del 27 de Octubre, la moción del censura al exministro Botero, las marchas  y el cacerolazo. La ciudadanía está hablando. Y el Gobierno debe estar ahí. Liderando.

Liderazgo

Duque es un líder que ha demostrado aceptar, de sus amigos y opositores,  opiniones contrarias y críticas constructivas; controla sus emociones negativas; reconoce la necesidad de corregir sus errores; se comunica con honestidad y transparencia; agota las posibilidades de acuerdos;  no se queda encallado en el resentimiento del pasado; mira hacia delante; es respetuoso y mesurado pero le falta dominar el poder de la narrativa, reconstruir el mensaje, arriesgar más, recomponer su gabinete para sintonizarlo con ese sentimiento ciudadano que reclama inclusión, oportunidades y agenda de jóvenes y futuro. En estos días Duque debe prestar más atención, porque le  es más útil, a los que le discrepan que a los que están en el mundo de la adulación y la burbuja, repitiéndole que por donde va, va bien.

Esperanza o miedo

Duque debe hacer que la balanza se incline a la esperanza y no al miedo.

La esperanza, nos dice Martha Nussbaum, expande hacia afuera y el miedo encoge hacia adentro. El miedo paraliza, el esperanzado busca soluciones porque entre otras cosas, para las buenas obras se necesita esperanza. La esperanza, dice la autora, “es un elemento crucial para entregarse enérgicamente al  empeño de hacer realidad un objetivo difícil”. Así que de la crisis, hagamos una esperanza.

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