Columniá, calumniá, que de la columna algo queda

30 de julio del 2011

Apareció un nuevo portal periodístico que al parecer competirá con Kienyke. Se llama Confidencial.com y si eso es lo que pretende no entró con pie derecho, como diría Lope de Vega en su soneto a Violante. Esta vez lo puedo afirmar categóricamente porque me implica y claramente incurre en falsedad y calumnia y en lo […]

Apareció un nuevo portal periodístico que al parecer competirá con Kienyke. Se llama Confidencial.com y si eso es lo que pretende no entró con pie derecho, como diría Lope de Vega en su soneto a Violante. Esta vez lo puedo afirmar categóricamente porque me implica y claramente incurre en falsedad y calumnia y en lo que en derecho se llama injuria.

Un tal azuzador, que funge como columnista del nuevo medio se estrenó en el bajo mundo del amarillismo. Se despachó con mentiras y suposiciones, lejos de comprender lo mínimo que debe tener en cuenta un periodista. La capacidad de confrontar fuentes para buscar su verdad a partir de escuchar las diferentes versiones de diversos protagonistas. Eso es tratar de ser objetivo, lo que implica evitar ser subjetivo. Y cuando se trata de la honra de las personas, eso se debe cuidar como un tesoro, salvo que se quiera utilizar perversamente el medio para sacarse alguna espina, o el clavo de algún amigo suyo.

Al menos le hace falta aprender el truco de algunos periodistas que aparentan ser ecuánimes y fingen dar la oportunidad a la contraparte para vestir de equilibrada su información y finalmente terminar con su conclusión prejuiciosa. Pero para eso se necesita una buena dosis de inteligencia.

Publica una aparente chiva porque dos personas se sientan a almorzar y el columnista o su informante suponen que un sobre que tiene una de ellas contiene información privilegiada y sugiere que será usada para hacer algún torcido. Y complementa su gran exclusiva con una foto robada en la que aparece una persona haciendo una mueca y a partir de ella monta una historia mentirosa que busca desprestigiarla.

Y haciendo un esfuerzo para no ser subjetivo, creo que el pobre columnista no es un azuzador sino un azuzado. Y es una víctima malinformada de expertos malinformadores, que ejercen su oficio graduando de corruptos a unos, para esconder los ilícitos de otros. Esos informantes malosos que siempre llevan la segunda, como se dice en su argot.

Que usan a sus amigos en los medios para cascarles a sus enemigos, para urdir intrigas y para desinformar, que es una forma de ejercer control. El pobre columnista termina siendo un idiota útil de alguien que le interesa tender alguna cortina de humo porque algo nuevo se está cocinando y hay que distraer.

Pero lo triste de este episodio es que su directora sale a defender a pie juntillas a su columnista en la W Radio. Bien hubiera quedado María Alejandra Villamizar si le hubiera aprendido algo a su antiguo jefe en SEMANA, Felipe López, quien en esa eventualidad hubiera dicho algo como: es la opinión del columnista y supongo que su información fue contrastada, pero me comprometo a aclarar si es necesario y si se ha incurrido en alguna imprecisión. No, ella también cayó en la trampa y a partir del concepto que tiene de la Comisión de Televisión, asume subjetivamente que todo lo que pasa por allí está  contaminado de corrupción.

Y más triste es esa escuela periodística que se viene apoderando de los medios en Colombia. El afán de la chiva, el sensacionalismo y el espectacularismo han llevado a unas prácticas que consisten en primero disparar y luego averiguar; o difamar tranquilamente ya que ese delito casi nunca se castiga; o al estilo de suelte la primicia que después por allá escondido se hará la rectificación. En fin, una triste realidad que ha llegado a que en aras de combatir la corrupción o de denunciar el fraude a lo público se viola el derecho penal y los derechos humanos con patente de corso y cierta impunidad. O lo que es peor, que en algunos casos se cae maquiavélicamente en aplicar la famosa máxima de algún tirano de calumniá, calumniá, que de la calumnia algo queda.

Menos mal que la virtualidad que permite nuevos medios, nuevos informantes y desinformantes trae también sus virtudes. Hoy, los ciudadanos han comprendido que tienen la posibilidad de ejercer el derecho a estar bien informados y exigen que el derecho a la información se ejercite sería y responsablemente. No es sino leer los comentarios que hizo la gente a esa malograda columna para observar que existe cada vez más un nuevo tipo de ciudadano que no come cuento, que no traga entero y que exige profesionalismo. Que quiere información pero no cualquiera y que sabe distinguir entre un buen periodista y un mercader de chivas, o de un mercachifle de la información.

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