¡Cómo así!

11 de marzo del 2015

Cuando el presidente habla a los colombianos pareciera que leyera un libreto

¿Quién ejerce el poder en nuestro país? ¿Quién mueve los hilos? ¿Qué hay oculto detrás del escenario? Cuando el presidente habla a los colombianos pareciera que leyera un libreto. En sus gestos no se percibe ningún indicio de que sus palabras hayan surgido de una reflexión sincera: no hay emoción, no hay introspección, no hay comunicación con su pueblo. Pareciera una maquina, un robot.

En su mirada no hay humanidad, tampoco notamos en ella al estadista que se preocupa por su pueblo, en el que se incluye a la nación entera y no sólo a quienes le hacen la venia. Su cinismo llega a extremos tales como cuando con total desfachatez anuncia una y otra y otra entrega de la soberanía sin la menor muestra de solidaridad con sus compatriotas que sufren al ver desmembrarse su nación; por el contrario, lo dice esbozando una sonrisa que indica complacencia consigo mismo y con sus erradas decisiones.

Cuando nos suelta sus locuras no habla como un orate sino como un burócrata satisfecho de cumplir su tarea. No es concebible escuchar de alguien de mediana inteligencia tanta contradicción, tanto sin sentido, sin que se perciba en él la menor turbación.

Me es difícil admitir que los colombianos, en el ejercicio libre de sus derechos democráticos, hayamos optado por poner a la cabeza del Estado a un personaje con tan pocos principios. ¿Qué extrañas circunstancias hicieron posible semejante equivocación? ¿Cómo es posible que un pueblo tan aguerrido y valiente permita tamaña aberración?

Hemos sido lanzados al despeñadero de la manera más vil y cobarde con engaños y traiciones. No sólo estamos presenciando, con esa caída, la destrucción de nuestra Patria sino también la humillación de sentirnos impotentes ante ese canallada.

Nos encontramos ahora en una encrucijada sin saber qué pasos dar, los acontecimientos nos han atropellado.

Ahora, más que nunca, reclamamos el liderazgo de Álvaro Uribe.

Ahora requerimos con urgencia la guía de Fernando Londoño.

Ahora es el momento de exigirles a los parlamentarios del Centro Democrático que cumplan la misión para la que los elegimos libremente, que no es otra que la de salvar al país.

Ahora es cuando tenemos que dar todo de nosotros mismos a partir de un compromiso sincero.

La unión nos dará la fortaleza para resistir las terribles tormentas que se avecinan.

“Se llama bueno al que obedece a su corazón, pero también al que sólo atiende a su deber;

se llama bueno al templado y conciliador, pero también al audaz, inflexible, severo;

se llama bueno al que no impone coerción sobre sí, pero también al héroe en dominarse a sí mismo;

se llama bueno al amigo incondicional de lo verdadero, pero también al hombre de la piedad, al transfigurador de las cosas;

se llama bueno al que obedece a sí mismo, pero también al devoto;

se llama bueno al distinguido, al noble, pero también al que no desprecia ni mira desde arriba;

se llama bueno al bonachón que evita la lucha, pero también al que tiene ansia de lucha y de triunfo;

se llama bueno al que quiere ser siempre el primero, pero también al que no quiere estar delante de nadie.”

Federico Nietzsche (Fragmento no publicado de la Gaya ciencia, 1881-1882)

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