Al hablar en público, no le tenga miedo a un poco de miedo

8 de octubre del 2019

Por: Germán Díaz Sossa.

Al hablar en público, no le tenga miedo a un poco de miedo

No le tenga miedo a un poco de miedo. Un poco de miedo o temor es saludable, pues evidencia que usted posee responsabilidad. Ya lo dijimos: el miedo sólo ocurre en los primeros segundos. ¿Qué mejor, entonces, que tener el comienzo perfectamente preparado? ¿O iniciar haciendo una narración que tenga que ver con el tema que vamos a tratar?

Otra forma de iniciar es formulando una pregunta a los miembros del auditorio. Y mientras ellos hablan, usted gana tranquilidad. Otra opción es  saludarlos y pedirles luego que se presenten con nombre, profesión o actividad, y la expectativa que tienen sobre el tema. La idea es que al comienzo hablen los del grupo, no usted.

De esta manera los que hablan son los integrantes del auditorio, usted ya está parado frente a ellos y habrá disminuido en forma importante su ansiedad, la de los primeros segundos, que  es la que bloquea.

Para hablar bien en público no se necesita ser valiente, sino dominar técnicas y trucos. Sólo hable de lo que sepa y lo apasione. Es el orador el que busca el tema. No el tema el que busca al orador.

Jamás hable de lo que no sepa. Esta es una falta de respeto y se paga cara. Si produce temor hablar frente al público de lo que uno sabe frente, cómo será el temor cuando usted quiera hablar de lo que no sabe. Y usted no solamente debe hablar de lo que sabe, sino que tiene que estar preparado para hacerlo.

Presentarse ante un auditorio medio preparado es como presentarse medio desnudo. La seguridad intelectual da seguridad física y psicológica.

Si frente a un cliente o a un auditorio tiene temor, finja valor y el valor le llegará. Por ejemplo, en el proceso de la venta, cuando una persona va a vender, que tenga temor, puede ser normal; pero que se le note, es mortal.

Concéntrese en el tema y no en sí mismo ni en el auditorio.

Mire a quienes le hagan buen ambiente, no a quienes lo miren mal. Observe al que asiente con la cabeza, al que toma notas, al que sonríe y al que está atento. Cuando un orador se concentra en lo que pasa con el público, las personas la bloquean. Y si se concentra en sí mismo, él mismo se bloquea.  En lo único en que usted se debe concentrar cuando hable en público es en el tema, en el mensaje, en lo que va a decir o está diciendo. Eso es lo único importante.

Usted nunca logrará la unanimidad en la aprobación. Pero si logra al menos el  70 por ciento, ya está muy bien.

Sonría al grupo. Uno no tiene la culpa de la cara que tiene, pero sí de la cara que pone. Recuerde que una sonrisa abre más puertas que un tractor.

Esta es una  reflexión contundente: Las personas  no pueden quitarse el miedo, a no ser que estén resueltas a quitárselo.

Y atención a esta otra: Tanto si usted cree que puede como si cree que no puede, tiene absolutamente toda la razón.

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