¿Cómo soportar tanta TRUMPería y desatino?

¿Cómo soportar tanta TRUMPería y desatino?

13 de Noviembre del 2016

El coctel es de fácil preparación, sus ingredientes de uso común y al alcance de todos. En una gran coctelera añádanse generosas dosis de: Xenofobia, Racismo, Gotas de Ku Klux Klan, Individualismo sin asomo de solidaridad, Odio, Machismo, Misoginia, Conservadurismo al extremo, Sectas evangélicas y Elevadas cantidades de Populismo. Servir el brebaje en zonas rurales o urbanas de baja población, deprimidas económicamente y buscar clientes con índices bajos de educación. El éxito es garantizado, saborearán la mixtura y quedarán, ipso facto, adictos. El barman es de gran importancia, de su destreza para preparar y promocionar el coctelillo depende la rápida expansión.

Cree uno en su racionalidad, y tal vez ingenuidad, que para gobernar un país han de necesitarse altas medidas de conocimiento, experiencia, cordura, autocontrol, paciencia y tolerancia porque el mínimo desliz de una de ellas puede conducir a desorganizaciones de la sociedad, a disturbios y hasta guerras. ¿Qué decir cuando se trata de un dirigente investido para ser presidente no sólo de su país, sino del mundo? Es el caso de EE.UU. dada la gran influencia que posee. Hemos visto esta semana como Donald Trump, un personajillo, millonario como hoja de vida y entrenado en realities televisivos de baja monta, ha hecho beber el coctel de marras a una amplia mayoría a la que empalagó, enturbiando con ello el futuro y dejando al mundo postrado y cavilando los peores pronósticos.

Prometió convertir a EE.UU. en la “América grande” (“Make America great again”) como reza su slogan propagandístico de campaña; para ello, pasando por encima de los valores de solidaridad, equidad y defendiendo los intereses de la mayoría blanca, al tiempo que apabullando a las minorías étnicas, en particular las latinas, y casando grandezas guerreras extramuros. La tarea que pretende es de previsión catastrófica, y mal podrá terminarse, porque incluye disputarse al mismo tiempo con muchas comunidades a quienes declara sus enemigos; la lista es larga e incluye: musulmanes, latinos, homosexuales, iranís, chinos y al medio Oriente. De momento piensa hacer migas con Putin de quien admira su autoritarismo para lograr el propósito; poco durará este flirt. Una aventura descabellada en la que no saldrá indemne ni él ni el mundo. De aplicar sus amenazas (digo, su programa), la América gringa se verá convertida en un país de iniquidades, antipática ante el mundo, déspota y desolidarizada del planeta, por tanto poco respetada, desacatada y sin la supremacía que pretende.

Tal vez el mundo vuelque impotente sus ojos hacia Europa en busca de sensatez, pero por allí tampoco reina la cordura; Europa está en crisis económica y política. Gran Bretaña se retira de la Unión Europea; España está profundamente dividida y herida, ha necesitado un año para conformar un gobierno; por Francia soplan vientos malévolos de extrema derecha y absolutismo, esos que ya han hecho nido en otros países.

Es EE.UU. uno de los países en donde la separación de los tres poderes es más definido. ¿Seguirá siéndolo? Veamos. Ejecutivo: un Presidente republicano; Legislativo: un Congreso de confortable mayoría republicana y afecto a los valores del primero, a pesar de algunas diferencias más de forma que de fondo; y Judicial: una Corte Suprema de Justicia en vilo, porque aunque en esa institución sus magistrados son de nombramiento permanente, como buena garantía de independencia del Presidente o del Congreso de turno, no obstante, en este momento en su reducido número de Magistrados hay al menos tres que deben ser nombrados. Y lo serán por el Presidente, luego avalados por el Congreso. Así las cosas, la Corte Suprema también será republicana. ¿Separación de poderes? Lo dudo, la imparcialidad e independencia quedan en franco entredicho.

Así el gran populista de la Casa Blanca logrará a su antojo eliminar o restringir severamente las libertades y progresos adquiridos tales como las medidas para luchar contra el cambio climático, el matrimonio igualitario o el derecho al aborto. Estas dos últimas fueron las promesas, sacadas de trasnochadas biblias, bajo las cuales adhirieron en bloque las sectas evangélicas a su candidatura y voto sin importarles equidad ni libertad.

Es de esperarse que las “reformas” lanzadas por Trump serán fácilmente convertidas en ley porque una horda republicana ultraconservadora estará comandando las instituciones. Fácil será dar cumplimiento al desmonte del matrimonio igualitario, del aborto, del intento de regulación de armas. América que ya era conservadora escalará de gran paso hacia su medioevización (esa que critican a los musulmanes), para gran placer de los blancos “autóctonos” y de cristianos evangélicos quienes votaron en masa por este señor y en nombre de su Señor.

¿Qué dirán estos evangélicos tan pacatos y adversos a lo sexual cuando ven a Melanie la inmigrante mujer del magnate, bella y de muchas décadas menor que él, mostrarse desnuda en los revistas? La First Lady como su dios la trajo al mundo…

El controvertido inquilino de la Casa Blanca anunció mediante pacto público que en sus primeros 100 días atacará “problemas” importantes. El primer de ellos, terminar con el sistema de sanidad pública en el que con denuedo el Presidente saliente se empeñó: el Obamacare que permite a las clases desfavorecidas tener acceso a la salud, esto pasará al olvido y sin solidaridad de las clases pudientes, cada cual que se defienda como pueda; es decir, que la desigualdad frente a la enfermedad se instalará aún más. Prometió que en sólo un mes acabará con el Estado Islámico, sin indicar cómo lo hará. Atacará el pacto nuclear firmado entre Estados Unidos e Irán, con lo cual relanzará nuevas hostilidades con ese país y en la región. Pero, su gran promesa es el freno a la inmigración; calcula que hay 11 millones de irregulares por expulsar, ¿ignorará el magnate Presidente que este grupo desposeído de derechos es el que contribuye con su trabajo de cuasi esclavitud y exiguos salarios a construir a bajo costo la América Grande que predica Trump y hace soñar a sus hipnotizados seguidores? Y para los mexicanos les reserva el finalizar el Tratado de Libre Comercio, al tiempo que les construirá un muro de contención para evitar que vengan al país del nuevo El Dorado, y añade el “estadista” que esta muralla será sufragada por las víctimas, es decir, por el erario azteca; ojalá Peña Nieto, adepto de su colega Trump, tenga momentos de lucidez y de sano patriotismo.

Como decía mi amiga B. ¿y ahora quién podrá defendernos? A lo que debe responderse con el consabido “pues el Chapulín Colorado“, falta recordar que este salvador es mexicano y ahora con pocas posibilidades de acción en territorio estadounidense de donde sería expulsado manu militari si es que logra franquear la ignominiosa barrera que el funesto capataz proyecta construir.

Amanecerá y veremos, entre tanto que la expectativa no nos corroa y ojalá que el centro geopolítico no se traslade hacia lugares como Rusia o China en donde la autocracia y el capitalismo desbocado ya reinan sin control.

Hilary Clinton no es persona perfecta y muchos aspectos pueden criticársele, algunos reales, otros identificables como acusaciones tácticas de su contendor (y no menos del cómplice FBI) con los que creó incertidumbre. En todo caso se trata de una mujer preparada, culta y con gran experiencia en administración pública por haberla vivido de primera mano durante la administración de su marido, y por haberla practicado en los cargos de gran relevancia a los que se ha enfrentado con gran desempeño. Clinton no sólo deseaba continuar con el progreso, sino elaborar más leyes libertarias y progresistas, a eso se opuso la mayoría blanca, elitista y de baja educación, según se desprende de los análisis aparecidos últimamente (Edison Research).

Qué no se nos olvide que Alemania quiso recuperar su grandeza y en 1939 votó masivamente por Hitler. Da escalofrío pensar que Trump tiene en sus manos el botón nuclear.

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