Con senos sí hay paraíso

18 de enero del 2012

Una vieja canción cubana, para más señas un chachachá de hace sesenta años, autor Enrique Jorrín, interpretado por la Orquesta Aragón, señalaba el engaño femenino con estas palabras: “Pero todo en esta vida se sabe, sin siquiera averiguar. Se ha sabido que en sus formas, tan solo relleno hay. Que bobas son las mujeres que […]

Una vieja canción cubana, para más señas un chachachá de hace sesenta años, autor Enrique Jorrín, interpretado por la Orquesta Aragón, señalaba el engaño femenino con estas palabras: “Pero todo en esta vida se sabe, sin siquiera averiguar. Se ha sabido que en sus formas, tan solo relleno hay. Que bobas son las mujeres que nos tratan de engañar”. Y aquella linda mujer que pasaba por las calles de La Habana la llamaron “La engañadora”. Tiempos de agrandamientos pectorales o “gluterales” que se ligaban a las prendas íntimas y producían admiración. Pero senos hubo naturales que aprestigiaron el poderío de la leche materna sin proponérselo, por supuesto. Ejemplos: Jayne Mansfield, Marilyn Monroe, Sofía Loren, Gina Lollobrigida, María Victoria (cantante mexicana de boleros), María Antonieta Pons. Por Colombia sacaron pecho Luz Marina Zuluaga, la poetisa Olga Elena Mattei y Doris Gil Santamaría, entre pocas.

Todo se sabe hoy porque la intimidad perdió terreno ante la vida social light, farandulera y fatua. Pero, ante todo, porque es evidente a la vista y al tacto. A petición de las quinceañeras, padres de familia premian a sus jóvenes hijas con la operación de implantes. Señoras recién estrenadas hacen lo mismo por aquello de la autoestima. Ejecutivas competidoras lo defienden con el argumento de la autoafirmación liberadora. Las meretrices prepago y pospago están en la lista. Ninguna por el cargo, oficio o clase social queda discriminada. La silicona democrática tuvo abiertas las puertas de los quirófanos. En fin, el asunto es estético, plástico y artificial como todo lo que tiene que ver con el arte, con una rama del arte: mirarte.

Los datos son bastante insuficientes y desconfiables. Se calculan en Colombia 15 000 implantes, en Venezuela el Ministerio de Salud registra 33 000, en España 10 000 y en el mundo un millón de senos artificiales de la casa productora francesa PIP, Poly Implant Prothese, cuya calidad está confrontada por las autoridades sanitarias de varios países y que abrió los corpiños al debate público. Existen ocho marcas diferentes a la PIP. Las mamarias prótesis resultaron fabricadas con componentes cancerígenos y es necesario salvar pronto a las mujeres que corren peligro con tales artificios sexo-estéticos. En algunos casos han sufrido lesiones internas. Las damas operadas en Colombia habrían dejado una suma de 60 000 millones de pesos en los bolsillos de médicos, auxiliares, salas de cirugía y prótesis importadas.

Por eso los senos dejaron de ser objeto de poesía erótica al perder el embrujo de la tersura y del calor natural. La “senicultura” tradicional no estaba ligada a asuntos alimenticios, sino después de cumplir el sabio atractivo y embelesador anzuelo de pasar primero por la tierna comprobación de que el hijo gozaría tanto como el padre, desde distintos ángulos focales. La areola siempre fue un pequeño sol escondido detrás de una copa del sostén que erguido, llama al varón en cuyas venas silba el deseo de descansar entre colinas su cabeza loca.

De ahí que volvamos a la forma natural de los senos de las mujeres y enterremos en los escombros clínicos las prótesis mamarias. Y que los médicos plastirrendidos y plastidemandados pidan perdón ante Venus Afrodita y colaboren con la Fiscalía Tuerta y la Defensoría del Pueblo Manca para que, mediante la aplicación de alguna cláusula de TLC con Francia, la casa matriz PIP pague las indemnizaciones a que hubiere lugar y los obliguen a bailar el chachachá de la engañadora con cada una de las féminas despechugadas y tristes. Amén.

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