Con Uribe también hay espacio para el humor

21 de agosto del 2011

Parecía como si de repente hubiéramos caído en la trampa inefable del regreso al pasado. Allí estaba él, el Supremo, dándole rienda suelta a lo que más le gusta, protagonizar, dejarse ver, exhibir, exhibirse.  Pero esta vez Álvaro Uribe no estaba en la televisión en directo lanzándonos su rollo de culebrero que soportamos durante ocho […]

Parecía como si de repente hubiéramos caído en la trampa inefable del regreso al pasado. Allí estaba él, el Supremo, dándole rienda suelta a lo que más le gusta, protagonizar, dejarse ver, exhibir, exhibirse.  Pero esta vez Álvaro Uribe no estaba en la televisión en directo lanzándonos su rollo de culebrero que soportamos durante ocho años, sino defendiéndose de varias imputaciones penales y tratando de justificar en “versión libre” una no despreciable cantidad de señalamientos de haber violado la ley, por los cuales es investigado en la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes.

De entrada el espectáculo era un doble flash back en tanto que no solamente volvíamos a ver al protagonista que se quisiera eterno en el poder y eterno en los medios, sino también el ensayo de enfocar en su beneficio el espejo retrovisor para justificar cuestiones relativas a los cargos que le han formulado víctimas de las acciones de agentes del Estado y de las violaciones a los Derechos Humanos durante sus gobiernos.

Pero, al verlo, la primera pregunta en torno a la duda de la eficacia de su defensa, era evidente: ¿le resulta buena táctica poner el espejo retrovisor cuando es justamente en su pasado donde el probable rabo de paja del expresidente es más sensible a incendiarse con la candela del paramilitarismo, sin duda el mayor violador de derechos humanos en Colombia? Tal vez no.

Aunque en el antaño dueño de  la Idea Única y de la Única verdad se veía un indudable nerviosismo e inseguridad,  el expresidente al final recuperó su amenazante  tono de gallito fino retador y mansalvero cuando anunció que “me retiro porque usted está muy bravo y de pronto yo me pongo más bravo” en el momento en el cual cuando el abogado de la víctima Piedad Córdoba, Luis Guillermo Pérez le dijo: “señor Uribe Vélez, la diligencia no ha terminado y usted no se puede retirar”.

Era evidente. No estaba tan tranquilo el ex, pero lo suficientemente ligado a su saga de cinismo y manipulación como para soltar una serie de perlas que me producen la misma sonrisa sardónica e irónica que la de Iván Cepeda, entre la burla y una cierta rabia.

En las redes sociales, mientras tanto, se desgañitaban sus defensores y quienes no le comen cuento al chalán del Ubérrimo y que consideran que lo que hizo Uribe fue rehuir todas sus culpas, acomodando hechos y argumentos.

Veamos un poco de la “dialéctica” de Uribe, esa que para sus críticos no es más que una seguidilla de cinismos, un sartal de sofismas e inducciones para jueces que hacen parte de sus huestes políticas.

“Todo lo que me propuse fue apoyar a la justicia”, cuando hay pruebas y no pocos detenidos y fugitivos que confirman que el gobierno que él encabezó utilizó el DAS -a órdenes directas de la Presidencia- “chuzando” teléfonos para perseguir y amedrentar a algunos magistrados, periodistas y opositores.

Y para “consolidar” el chabacano argumento, agregó que durante sus gobiernos aumentó en un 52 por ciento el presupuesto para la justicia. ¿Acaso debemos asumir que ello implica que no trató de acabar con la Corte y le debemos agradecer por haber cumplido el mínimo deber de financiar a la Justicia?  ¿Acaso por darle la plata que la justicia se merece y necesita, entonces ello implica que sus áulicos no mandaron a “chuzar?

“Mi gobierno desmontó los paramilitares”. Esa parte del libreto resultó la más hilarante. ¿Cuántos miles de mercenarios andan en el paramilitarismo de las llamadas Bacrim, reciclaje de las Autodefensas, que reciclaron a las Convivir?

Uribe acumuló una serie de según él  unas “denuncias” y “gravísimas faltas” como los viajes de Piedad Córdoba, para tratar de minimizar cargos tan fuertes como la utilización de la inteligencia del Estado para propaganda, amedrentamiento y calumnias contra sus opositores.

Y volvió a asumir ilegalmente una vez más el papel de juez al afirmar sin empacho alguno que el asesinato de Jaime Enrique Gómez, asesor de Piedad Córdoba, “fue un accidente”, cuando se determinó que lo mataron a golpes en  la cabeza.

Y más: metió en el  escurrido trasmallo de su defensa la fallida Ley de Justicia y Paz, que en el fondo lo que puede hacer es incriminarlo en un contexto internacional.

Y otra perla: “’Hay confabulación entre paras y sus víctimas para maltratarme”. ¿O sea que los paramilitares que manejaron la parapolítica de la cual se benefició en las urnas Uribe, se aliaron con sus víctimas que les creen y los adoran? ¿Pero no dicen que ya no hay paras?

Al ver los picos de la intervención del Supremo, no puedo dejar de recordar en estos tiempos de agosto, aquella sección de Quac en la cual con Jaime Garzón y Diego León Hoyos reíamos a carcajadas del cinismo y la mentira de los poderosos.  Y por eso los invito a ponerle una cortina de carcajadas a cada una de estas versiones libres de Uribe:

“… se dé esa especie de confabulación de personas que yo extradité, con quienes supuestamente eran sus víctimas para salir con unos testimonios maltratando a mi familia”…

¡Jojaji!

María del Pilar Hurtado fue clara en que como Jefe de Estado Uribe nunca sugirió nada ilegal, como una interceptación telefónica ilegal.

¡Jojuja!

“¿Por qué ese empeño de la Fiscalía contra María del Pilar Hurtado, Bernardo Moreno y mi Presidencia?”.

¡Jejaja!

“Nunca me dieron nada de eso…sólo recibí los informes de rutina que producía el DAS; es más, no siempre los leí”.

Doble ¡Jajaja!

El expresidente Álvaro Uribe Vélez defendió los señalamientos que hizo cuando llamó terroristas en Europa al colectivo de abogados José Alvear Retrepo: dijo que simplemente “soy discrepante político pero defensor de las libertades”.

¡Jajaja!

Dijo que Moreno y Hurtado  “qué interés iban a tener ellos en hacer esas interceptaciones”.

¡Jajaja!

“Se dice que Bernardo Moreno que tenía mucho poder como secretario general de la presidencia, ¿cuál poder?”.

¡Jajaja!

“Durante los ocho años de presidencia no llamé a un director de medio de comunicación a pedir una editorial o una rectificación. Discrepé de periodistas pero jamás llamé a pedir una editorial”.

Como ni no nos constara. Triple ¡Jajaja!

“Nunca ordenamos nada ilegal”.

¡Jajaja!

El ex presidente Álvaro Uribe Vélez dijo que en al menos dos ocasiones fue interceptado telefónicamente.

Cuádruple ¡Jajaja!

“Yo combato con las armas sobre la mesa…nunca di instrucciones ilegales”.

¡Jajaja!

“El camino nuestro fue institucional y de autoridad democrática”.

¡Jajaja! aclamado.

Recordó que siempre les dijo a los directores del DAS que ese organismo no podía fungir como “una policía política”.

¡Jejeje!

“Los recursos de inteligencia no se pueden destinar a perseguir opositores”.

¡Jijiji!

María del Pilar Hurtado, “una persona con grandes valores éticos y profesionales”.

¡Juajuajua!

Si, da risa, tanta como cuando se le sigue dando vueltas al proceso de lo ocurrido en aquellos ocho años de desgaste institucional y de sojuzgamiento (verbigracia) de la justicia. Esta vez más que otra en la “versión libre” Álvaro Uribe ha dejado ver que tan borracho está por el poder y de que tamaño es su síndrome de abstinencia.

Y no tiene nada de raro que la base de su defensa sea que los colombianos que nos hemos opuesto a sus designios y las propias víctimas, salgamos a deberle.

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