Las Tretas de Pretelt

Las Tretas de Pretelt

23 de agosto del 2016

Ojalá cuando esta columna esté subida al portal, el Senado de la República haya declarado indigno de ocupar su cargo al magistrado Jorge Pretelt y por ende tenga que apartsarse de la Corte Constitucional a la que le ha generado tantos problemas y tanto descrédito.

Si eso ocurre sería la segunda vez en la historia de Colombia. La primera fue el juicio contra el dictador Gustavo Rojas Pinilla que lo separó de la política por muchos años, hasta que retornó a ser candidato presidencial y a dejarnos como herencia un par de nietos igualmente indignos.

En este caso, la situación es igualmente grave. Se trata de la Corte Constitucional, una instancia creada en la Constitución del 91 y liderada inicialmente por magistrados de gran valor y dignidad, nada parecidos a Pretelt, que se aferra a su butaca sin importarle el daño que le está haciendo a la justicia.

En el proceso, iniciado en la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes, ha utilizado todo tipo de triquiñuelas para dilatar las decisiones. Las últimas tretas fueron las recusaciones que presentó contra un montón de Senadores y que fueron negadas la semana pasada. Argumentaba el magistrado y su abogado, que estos parlamentarios ya lo habían condenado sin oírlo, como si se tratara de un jurado de conciencia en un  proceso penal.

Afortunadamente no le funcionó la estrategia pues no se trata de procedimientos penales, sino políticos. Quienes lo juzgan no son abogados, o por lo menos no todos, sin, personas elegidas por voto popular, que nos gusten o no, están allí para representarnos. Sus decisiones no son en derecho, sino en conveniencia para el país.

Lo juzgará finalmente la Corte Suprema de Justicia, que siguiendo el proceso, una vez el Senado lo separe del cargo por indignidad, tendrá que decidir si es o no culpable de lo que se le acusa. Hechos muy graves, por demás, que de ninguna manera deberían estar siquiera cercanos a un magistrado porque la sola sospecha ensucia su entorno e interfiere en sus labores.

Se lo acusa, con la delación de nada más que de quien sirvió de intermediario, de haber recibido 500 millones de pesos por seleccionar una tutela que favorecía las aspiraciones de Fidupetrol. Y como si fuera poco, se adelanta también una investigación contra él y su esposa por la adquisición irregular de predios que pertenecieron a personas desplazadas por la violencia.

Con esas sospechas, fundadas en pruebas y testimonios muy sólidos, lo raro es que hubiera permanecido todo este tiempo en su cargo, cuando por decencia ha debido renunciar para adelantar su defensa sin los privilegios que le da el fuero de magistrado.

El Uribismo junto con el Procurador Ordoñez, ha acompañado al Magistrado en una actitud que también es política, con lo cual queda más que demostrado que ésta es la naturaleza del juicio y así debe ser, porque así lo establece la Constitucíón.

En representación del Centro Democrático actuó el senador José Obdulio Gaviria, que escribió la ponencia para defender a Pretelt ante la comisión accidental conformada para este asunto y que debía aprobar o rechazar el memorial emanado de la Cámara. El senador Gaviria, ni siquiera se preocupó de revisar los cargos o desmentir las acusaciones o desestimar las pruebas. Por el contrario, con una pedantería muy de su estilo, dedicó toda su ponencia a desprestigiar la ortografía y el estilo literario del Representante que la había redactado.

Si  en lugar de correr a hacerle a Pretelt tan flaco favor con una ponencia equivocada, el senador Gaviria se hubiera tomado el trabajo de argumentar seriamente, a lo mejor el proceso habría terminado por archivarse. Pero no, lo que logró fue indignarnos más y poner sobre aviso a la clase política que en estos momentos necesita reconciliarse con la opinión pública.

Como dicen un viejo refrán: a todo marrano le llega su nochebuena. Eso es lo que le puede pasar a Pretelt así se haya empeñado en aplazar la navidad.

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