A reglamentar los realities

23 de junio del 2017

Alguno de los honorables de la patria que poco trabajan andan tentados de meterle la mano a la regulación de estas producciones.

A reglamentar los realities

Alguno de los honorables de la patria que poco trabajan durante el período legislativo (Los resultados de su gestión casi no se ven) andan tentados de meterle la mano a la regulación de los tan vistos realities populares en la televisión colombiana. Obvio la pantalla los cautiva y mucho más cuando lo logran a costillas de la “supuesta” defensa de los intereses de sus electores. Pero aquí la propuesta no es descabellada. Algunos de los participantes especialmente de los musicales se han quejado de la explotación a la cual los someten durante la realización de los mismos. Alejados de la familia, sin ganar un solo peso, angustiados ante la situación deben aceptar sumisamente todas las órdenes y situaciones a veces hartas que deben vivir al interior del programa. Especialmente el geniecito de algunos de los instructores desbordados de poder y de pantalla. El que no ha visto a Dios cuando lo ve se asusta. Esos son los famosos coach tan de moda ahora.

Aparte de la estresante situación diaria, deben enfrentar en algunas ocasiones los comentarios ofensivos, humillantes, desobligantes de algunos jurados calificadores como Amparo Grisales en “Yo me llamo” y otros también aunque menos agresivos; quedarse callados o contestar con una forzada sonrisa. O, a contemplar los escarceos amorosos y de otra índole de algunos de los coach en los camerinos en presencia de ellos. Grave cuando son niños. Todo por la oportunidad de mostrarse. Es mucha letra menuda la escrita en los contratos que debe leerse despacito para evitar este tipo de situaciones. La firma significa aceptación y luego no vale protesta alguna. A rechinar dientes nada más.

Para colmo de males cuando ganan el premio mayor la grabación de un disco la cosa se complica. Los tratos son directos con la disquera y eso es como meterse en el laberinto de Alicia. De todo lado salen inesperadas sorpresas y ninguna buena para ellos. Casi que a ellos les toca sacar de su bolsillo para financiar el trabajo discográfico y darle gracias a la disquera y al canal por haberlos incluido en su reality. Lo del premio algunos lo consideran una “estafa”, porque la realidad es muy diferente a lo prometido.

Por eso decidieron impulsar una propuesta para que se convierta en ley en el Congreso en la cual se protejan los derechos de los ciudadanos competidores en los realities. Entre otras cosas exigen un salario mínimo mientras están encerrados en la casa estudio con el cual velar por los intereses de su familia. Trato digno, sin humillaciones ni ofensas de ninguna naturaleza, imparcialidad y objetividad en los fallos (¿están insinuando que los fallos son comprados y hay tráfico de influencias?) y de ahí para adelante muchísimas cosas más que obliguen a los canales a tratarlos más dignamente.

Difícil sacar una ley de esta naturaleza, si es que hay algún congresista que se le mide a subir a este potro, porque la inscripción en esta modalidad de la televisión es absolutamente voluntaria. Nadie les obliga a firmar, cuando lo hacen aceptan las condiciones impuestas. Además son empresa privada. Pero todo puede ser y por algo se comienza.

Las reclamaciones son justas. Durante tres meses generalmente al aire ellos le dan sintonía al canal por el cual emiten. Su participación la siguen los televidentes con interés y subiendo puntos traducidos en pauta publicitaria y, obviamente ganancia para la empresa. Alguito que dejen para ellos aparte de la alimentación y el alojamiento sería bienvenido. De vez en cuando se ganan unos premios pero no es siempre, salen como entraron con una mano adelante y otra atrás. Eso sí, mucha popularidad por la exposición en la pantalla chica. Pero de ahí adelante nada más. ¿Cuántos de los cientos de participantes en tantos realities sobreviven hoy gracias a su participación en los programas? Contaditos con los dedos de las manos. Si acaso en RCN les dan más oportunidades, incluso parte de las quejas de esta columna las basan en los arreglos económicos conocidos con los actores y actrices cuando se trata de famosos. Porque ellos no trabajan gratis y cobran por su imagen. Los desfavorecidos y desprotegidos son los N.N. y ellos son quienes protestan.

Veremos si el codicioso proyecto de ley es viable.

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