El Congreso Verde

15 de septiembre del 2013

Muchos ya habían expedido su certificado de defunción. Anunciaron que el Partido Verde no sobreviviría al reto del umbral del tres por ciento exigido por la ley para garantizar su personería jurídica. Que la desafortunada muerte de Gilma Jiménez y la partida a una especie de “exilio político” de sus principales fundadores eran golpes de […]

Muchos ya habían expedido su certificado de defunción. Anunciaron que el Partido Verde no sobreviviría al reto del umbral del tres por ciento exigido por la ley para garantizar su personería jurídica. Que la desafortunada muerte de Gilma Jiménez y la partida a una especie de “exilio político” de sus principales fundadores eran golpes de los que difícilmente podría levantarse. Nada ni nadie evitaría la diáspora. O la liquidación acordada del partido para dejar en libertad a sus miembros, en especial a sus parlamentarios que así podrían reelegirse en otras toldas.

Esta hipótesis tomó mayor fuerza en la última crisis política de los verdes. La imposibilidad de concretar un acuerdo que permitiera implementar unos ajustes organizativos a la vida del partido alborotó a quienes desde dentro y desde fuera quieren aún la disolución de un proyecto político que desató en la pasada elección parlamentaria y presidencial el extraordinario fenómeno de la “ola verde”. Y ofrecieron un entierro de quinta para esta opción independiente: sumarse como vagón de cola al Partido Liberal o a Cambio Radical, una vez se liquidara formalmente. Ingresar a la política tradicional. Para ellos ese era el único propósito plausible de un Congreso Verde.

Por fortuna para la democracia colombiana, la dirigencia verde por abrumadora mayoría, oyendo el clamor de sus bases y volviendo por los fueros de la ola verde, escogió el camino contrario. Ofreció su personería jurídica y su institucionalidad partidaria para facilitar un acuerdo político con Compromiso Ciudadano por Colombia y el Movimiento Progresistas. Acuerdo que de prosperar sería un punto de atracción para numerosos liderazgos y movimientos independientes que no se resignan a permitir el sempiterno monopolio de la actividad pública en manos de las fuerzas políticas y de los políticos tradicionales. Así se presenten con nuevas empaquetaduras. Acuerdo que significa una nueva reinvención del verde. Acuerdo que puede desatar una nueva ola ciudadana para disputar el poder presidencial y parlamentario con una propuesta alternativa al santísmo y al uribismo.

Ahora sí tiene sentido el Congreso Nacional del Partido Verde a celebrarse el 25 y 26 de septiembre. Allí deberá ponerse en consideración la reforma estatutaria, los lineamientos programáticos y la estrategia electoral que surjan de los diálogos entre Verdes, Progresistas y Compromiso para su aprobación. Y la ruta de una consulta para una candidatura presidencial de una tercería deberá quedar delineada.

Enrique Peñalosa ha terminado de espantar las aves de mal agüero que merodeaban sobre el Partido Verde y su Congreso Nacional. En la asamblea verde de Cundinamarca ha reiterado su disposición en ayudar a construir esta alternativa política independiente.

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