¿Contamos con vos, Federico?

17 de noviembre del 2018

Por: Ignacio Arizmendi Posada.

Federico

En 1472, el poeta e historiador italiano Benedetto Dei hablaba de una Florencia, ciudad, “perfecta”. Lo afirmaba con base en los siete factores que, en su concepto, determinaban tal condición: “La hermosa Florencia reúne los siete elementos fundamentales que necesita una ciudad para ser perfecta: primero, goza de absoluta libertad; segundo, tiene una gran población, rica y elegantemente vestida; tercera, disfruta de un río de agua clara y pura y acoge molinos dentro de sus murallas; cuarto, gobierna en castillos, pueblos, tierras y gentes; quinto, hay una universidad en la que se imparte griego y contabilidad; sexto, conviven en ella maestros de todas las artes; séptimo, cuenta con bancos y agentes en todo el mundo”.

Vistos con la lupa de hoy, los siete elementos –libertad, riqueza, entorno, autoridad, cultura, convivencia, economía– conservan toda la importancia para proyectar en qué medida una ciudad ofrece esos y otros indicadores de calidad para quienes la habitan. Pareciera que las personas que vivimos en sociedad aspiráramos a disponer de las mismas condiciones en el lugar donde habitemos, sin considerar la época.

Por ello, cuando en la ciudad que ocupamos sentimos que tales indicadores y otros no se satisfacen plenamente, la sensibilidad se hace mayor y mayor se hace el sentido crítico. Que se alimenta en las tertulias y los espacios mediáticos con exacerbación y cierta “lujuria” urbana. De ahí que aproveche el panorama para decirle al alcalde de Medellín, mi ciudad, Federico Gutiérrez, que aquí muchos estamos “mamados” con numerosos escenarios que se relacionan con los siete factores que Dei registraba en Florencia. Mire no más estos diez:

● No aguantamos más huecos y pozos en las calles y avenidas en todas las comunas. Se sabe que la Alcaldía busca taparlos, pero es más la velocidad con la que se forman o agrandan tales trampas que la velocidad de respuesta para ponerles término.

● No aguantamos más homicidios. Se están dando en todas las comunas, en particular en algunas, como usted bien conoce. Claro que por horas o días se reducen las muertes por acción de los violentos, pero el tema amenaza con volverse, otra vez, inmanejable, aunque haya estadísticas que sugieran lo contrario.

● No aguantamos más extorsión. Si las cosas siguen como van, no habrá ni zona ni persona que tarde o temprano sea víctima de este delito, en el que centenares de ciudadanos se están especializando en niveles nunca vistos dada la frecuencia con la que lo cometen.

● No aguantamos más zonas de tolerancia. Barrios o comunas como El Poblado y otros sectores, que fueron de estratos 5 y 6, se están llenando de sitios y prácticas que hubieran envidiado los ricos del viejo Medellín en lugares “privilegiados” como la mítica Lovaina.

● No aguantamos más ruido. Motos, automóviles, volquetas, furgones, etc., se pasean de día y de noche a lo largo y ancho de esta ciudad polucionada llenando los rincones hogareños de violencia acústica a ojos y orejas de las autoridades de tránsito. Y eso, para no hablar del ruido en condominios y similares, en las llamadas “zonas mixtas” (comercio y vivienda), hasta altas horas de la madrugada, cuando el Código de Policía duerme plácidamente.

● No aguantamos más demoras en las obras. Estamos hasta la coronilla con los incumplimientos y las excusas en los proyectos que ideó o puso en ejecución su antecesor, Aníbal Gaviria, o en los suyos. Son muy altos los costos económicos y emocionales de la ciudadanía por los perjuicios diarios en toda clase de aspectos.

● No aguantamos más atracos y asaltos. Ciudadanos de la calle y habitantes de edificios y condominios están que trinan y hacen justicia con sus manos debido a tantos y frecuentes actos como los indicados. Sí, en ocasiones las autoridades se mueven y hacen lo que tienen que hacer, pero es que las cosas se están desbordando.

● No aguantamos más desorden en las calles. Es que, por falta de autoridades, es exagerado el desarreglo, el despelote público, el estacionar en cualquier punto, el ir en contravía por cuanta vía exista, el pasarse los semáforos en rojo, el contar con semáforos fuera de servicio o mal programados, etc.

● No aguantamos más la escasez de guardias de tránsito. Ignoro cuántos hay, pero lo que no ignoro es la falta que se nota en numerosos puntos de nuestra anarquía, donde mandan quienes tengan el vehículo más grande o intimidante, o posean más capacidad de gritar “¿usted no sabe quién soy yo?”.

● No aguantamos más “habitantes de la calle” haciendo de las suyas. Roban, asaltan, desordenan, amenazan, riñen, consumen droga y licor, espantan. Da la impresión de que fracasan todos los operativos que su administración y otras han realizado con fines represivos o reivindicativos.

Le quedan los diez puntos, doctor Federico. Con razón, el acreditado columnista y periodista Juan José García Posada le preguntaba a usted (El Colombiano 27 agosto 2018): “¿Qué hacer para borrar la percepción acentuada de que la ciudad está volviéndose un caos, la gente cada vez respeta menos y la autoridad parece la gran ausente?”.

Y no desconozco lo que su alcaldía efectúa por la niñez, los adultos, los discapacitados, la salud, la innovación, los subsidios, la primera infancia, la internacionalización de la ciudad, las ciclovías, el ambiente, la cultura y un largo etcétera.

INFLEXIÓN. Por parte mía, la pregunta que le dejo es muy sencilla, similar a la que usted nos hace a los habitantes de Medellín: ¿contamos con vos, Federico?

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO