Corrupción, Problema No. 1

15 de mayo del 2011

Por primera vez en décadas, la corrupción es para los colombianos y colombianas  el problema número  uno del país,  según la  última encuesta bimestral Gallup sobre la percepción de la crisis nacional los problemas del país, publicada en días pasados. El sondeo sorprendió tanto por el nivel de conciencia frente a este flagelo  como el silencio frente a tan concluyente cifra: el 70 por ciento de los encuestados cree que la lucha contra la corrupción va por mal camino.

Sucede con tal medición lo que acaece cuando alguien ve un hueco, en este caso un cráter con vocación volcánica en la calle, y  la llamada opinión publica y  los estamentos gubernamentales y especializados pasan de lado para no hundirse, pero poco y nada hacen para contenerlo y mucho menos para arrancarlo de raíz.

No acaba de expedirse el nuevo estatuto anticorrupción -lo cual está bien pese a su gran debilidad en materia de participación ciudadana- pero prácticamente ya  hace falta expedir otro nuevo. El estatuto anticorrupción no está hecho sino para poner pañitos de agua tibia contra la corrupción. Dicho estatuto no fue pensado para enfrentar la crisis de probidad del sector salud, y el tema de la cartelización de la contratación pública y su control de las cuales el cartel Nule y el clan Moreno no son sino una pequeña muestra. De hecho, la iniciativa y trámite del mismo se dio antes, en su mayor parte, de que los mismos afloraran.

La  percepción empeoraría ahora no solo con el destape del cartel Nule y sus relaciones con el clan Moreno sino con el destape de la corrupción en el sistema de salud –claro,  más  vale  tarde que nunca-. Colombia es sin duda uno de los países que más invierten en salud pero también donde los medicamentos son más caros, donde los profesionales de la salud son más mal remunerados, y la atención es de más baja  calidad, esto es,  donde salud y paciente se convirtieron en mercancía.

El gobierno nacional empieza a gastarse su capital político en materia anticorrupción. Sin embargo, su intervención del sector salud lo colocará en mejor condición a cambio de que sea drástico en imponer  sanciones, como ya lo hace con Saludcoop, y explique satisfactoriamente por qué no lo hizo antes si este problema ha sido denunciado de tiempo atrás.

La lucha contra la corrupción en serio debe librarse en el campo de la ciudadanía, vale decir, promoviendo el control social no subordinado sino autónomo e independiente que logre inclusive hacer un control a los órganos de control y de justicia. En una palabra, volcar a la sociedad civil en la defensa de lo público, con lo que se ahorra no solo en recursos financieros y humanos sino que se gana en democracia, que en últimas es cuanto importa a los y las colombianas.

Habituar a que los colombianos de bien vean en televisión, o en la prensa escrita, o escuchen por la radio los escándalos de corrupción sin que la sociedad civil participe de manera directa y activa como protagonistas contribuye a alimentar la corrupción en la medida que se hace del ciudadano un convidado de piedra y no parte de la solución. Es como ver una telenovela que se está acabando, en espera de cual es la siguiente que se va a presenciar.

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