La lesa humanidad

24 de julio del 2014

Últimamente hemos venido oyendo que se elevan al rango de Lesa Humanidad estos o aquellos delitos o crímenes; esto ha venido in crescendo desde que en 2009, gracias a un trabajo conjunto con la Procuraduría General de la Nación y la Fiscalía General de la Nación, logramos darle ese estatus a la cruenta masacre del avión de Avianca que, con 107 pasajeros a bordo incluida la tripulación, voló en pedazos gracias a una bomba que detonara minutos después de su despegue por orden de Pablo Escobar, con la autoría material de las Autodefensas Unidas de Colombia (Carlos y Fidel Castaño). No solo logramos elevar a dicho rango ese significativo y macabro acto terrorista. También corrieron con la misma suerte 20 delitos más en la misma providencia judicial.

Hace apenas un par de días el abogado de la familia Garzón solicitó que el homicidio del periodista y humorista Jaime Garzón fuera declarado de Lesa Humanidad. En estos asuntos hay que hilar muy delgado desde lo jurídico. No se puede ir dando a diestra y siniestra ese estatus a los delitos por más importante que sea el sujeto pasivo. Se trata de consideraciones de Derechos Humanos y de violaciones al Derecho Internacional Humanitario, contenidas en convenciones, tratados y en general en instrumentos que regulan la materia. La fiscal de conocimiento -a mi juicio- de manera acertada no considera que aquel triste episodio configure un crimen de Lesa Humanidad, ya que no se enmarca con el concepto en el entendido en que en la conducta no hubo elementos de sistematicidad y no se trató de un ataque generalizado -presupuestos fundamentales, entre otros, para obtener esa calificación-.

Para ilustrar lo anterior me voy a remitir un poco a lo académico. Comencemos por definir etimológicamente el concepto. Proviene del verbo latino “laedere” cuyo participio pasado es “laesum” y significa: injuriar, dañar, ofender, golpear, violar, ultrajar, herir, lesionar. Estos actos se denominan crímenes de lesa humanidad. «Leso» significa agraviado, lastimado, ofendido: de allí que crimen de lesa humanidad aluda a un crimen que por su aberrante naturaleza, ofende, agravia, injuria a la humanidad en su conjunto; en resumen que es gravoso y lesivo para el conglomerado del género humano, sus derechos y garantías.

Bien vale la pena apelar a la historia en alguna medida para entender con claridad el devenir de la Lesa Humanidad. Es así como la primera definición del crimen de Lesa Humanidad o contra la humanidad (crimes against humanity-derecho anglosajón/common law), fue aportada con ocasión del Tribunal Militar Internacional de Nuremberg, aunque ya la noción había sido empleada con anterioridad en la Declaración de Francia, Gran Bretaña y Rusia del 24 de mayo de 1915. Allí se calificaron las masacres de los armenios a manos del Imperio Otomano como “Crímenes Contra la Humanidad”.

En Sur América Eusebio Ayala, presidente de Paraguay, elevó a “Crímenes de Leso Derecho de Gentes y Lesa Humanidad”, los actos y la comisión de delitos por parte de las tropas bolivianas durante la guerra del Chaco entre 1932 y 1935.

Posteriormente, nació para el Derecho Internacional en 1945 la definición del crimen y una tipificación. François de Menthon, Procurador General de Francia, en el juicio de Nuremberg, lo definió como “aquellos crímenes contra la condición humana, como un crimen capital contra la conciencia que el ser humano tiene hoy día de su propia condición”.

Es la Corte Penal Internacional el organismo más calificado para el tratamiento de los Crímenes de Lesa Humanidad y de Guerra y es por eso que en el Estatuto de Roma se define este concepto de la siguiente manera: a los efectos del presente Estatuto, se entenderá por “crimen de lesa humanidad” cualquiera de los actos siguientes cuando se cometa como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil y con conocimiento de dicho ataque. Se ven pues con claridad tres elementos constitutivos del concepto mismo. Haciendo un análisis supra jurídico, podríamos decir que hay un elemento adicional que se incluye y es el de perseguir un fin político. En el caso del avión de Avianca era presionar al Estado con sangre para obtener la no extradición de los narco terroristas y los paramilitares por la comisión de sus reatos.

Existen otras consideraciones sobre el concepto por motivos políticos, religiosos, ideológicos, raciales, étnicos, de orientación sexual u otros definidos expresamente, desaparición forzada, secuestro o cualquier acto inhumano que cause graves sufrimientos o atente contra la salud mental o física de quien los sufre, siempre que dichas conductas se cometan como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil y con conocimiento del mismo.

Tipifica el instrumento de la CPI de manera enunciativa; que no taxativa, los delitos de lesa humanidad: asesinato, exterminio, esclavitud, deportación o traslado forzoso de población; encarcelación u otra privación grave de la libertad física en violación de normas fundamentales de derecho internacional; tortura; violación, esclavitud sexual, prostitución forzada, embarazo forzado, esterilización forzada o cualquier otra forma de violencia sexual de gravedad comparable, persecución de un grupo o colectividad con identidad propia fundada en motivos políticos, raciales, nacionales, étnicos, culturales, religiosos, de género, u otros motivos universalmente reconocidos como inaceptables con arreglo al derecho internacional; desaparición forzada de personas; el crimen de apartheid; otros actos inhumanos de carácter similar que causen intencionalmente grandes sufrimientos o atenten gravemente contra la integridad física o la salud mental o física de la humanidad.

Visto lo visto en sus diferentes aristas y lo académico podemos concluir diciendo que el lamentable asesinato del periodista Jaime Garzón -no puede por mera definición- considerarse un crimen de Lesa Humanidad.

La fiscal que negó la posibilidad de otorgar ese estatus al mencionado homicidio acertó, pues es claro que no cumple con los requisitos para elevarlo a dicho rango. Se espera la apelación ante el Tribunal Superior de Bogotá. Abrazo cálido. Seguimos trabajando.

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