Crímenes que horrorizan

9 de junio del 2012

En la última semana Colombia se han impactado, asombrado, conmovido, horrorizado por el execrable crimen de la violación, tortura y asesinato de Rosa Elvira Cely.

Son muchos los cuestionamientos que surgen sobre las políticas públicas de prevención de la violencia particularmente contra la mujer, así como las medidas que se deben tomar y los castigos que se deben imponer a quienes comenten este tipo de acciones.

Son absolutamente válidas y loables todas las manifestaciones de rechazo a la violencia contra la mujer, particularmente si se tiene en cuenta que son muchos los abusos físicos y psicológicos que se han cometido y se siguen cometiendo, sin que necesariamente se lleguen a manifestar en escabrosos crímenes pero que no por ello dejan de ser repudiables.

Este tipo de discusiones surgen cada vez que ocurren actos violentos, o situaciones que se hacen públicas y por ende sensibilizan a la sociedad, luego continuamos en el devenir de nuevos acontecimientos que hacen que olvidamos la importancia de continuar hasta el fin en el desarrollo de estas medidas de prevención, hasta que otro hecho vuelve a ocurrir y toda la sociedad se vuelve a indignar.

Las políticas públicas de prevención, protección y de aplicación de justicia no deben ser el resultado de una reacción en momentos de efervescencia. Por el contrario, deben ser el resultado de una sociedad que reflexiona, que se cuestiona y que tiene plena conciencia de lo que deben ser sus prioridades, del deber ser, de lo que es admisible y lo que no, de las normas que deben existir para que haya una convivencia más armónica en marcos de respeto y tolerancia.

Las políticas públicas deben estar enfocadas a la sociedad en general, con énfasis en los grupos que requieren una protección especial como es el caso de los menores y la tercera edad.

La violencia contra la mujer en todas sus expresiones debe ser rechazada de plano, como también debe serlo la violencia contra los hombres que también existe aunque en menor grado. Esta última en muchos casos es más difícil de detectar, pues no está bien visto culturalmente que un hombre se queje de que lo abusan pues, ¿cómo puede ser abusado si es la personificación de la fuerza y del origen del abuso en muchos casos?

Lo que vale la pena resaltar es que las víctimas en la mayoría de los casos tienen temor a denunciar, sin importar si son hombres o mujeres y esto ocurre entre muchas razones por la aceptación tácita de la sociedad a ciertas conductas, por razones familiares, por el temor a la falta de credibilidad, a la burla y potenciales consecuencias que para la víctima pueden ser peores que el mismo abuso sufrido.

Es importante entonces, aprovechar el momento para evaluar y estudiar que es lo que nos está haciendo falta en nuestra reglamentación. Mirar que ocurre en otros países, cuáles han sido sus experiencias, qué requerimos teniendo en cuenta nuestros factores culturales específicos y muy especialmente crear y mantener una campaña permanente de educación iniciando desde los colegios. Si bien es mucho lo que hay por hacer en nuestra sociedad, la mayoría de las apuestas deben estar en los colegios, en nuestra población infantil y adolescente que recibe enormes cantidades de información llena de violencia, no hay sino que ver nuestra televisión y seriados donde los valores dejaron de ser valores, donde lo malo gana sobre lo bueno y lo anormal e inaceptable pasa a ser normal y corriente.

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