Cristo de espaldas

Cristo de espaldas

9 de Marzo del 2017

Como no sea que tengan razón quienes creen que el ministro Juan Fernando Cristo va a resultar metido hasta las cachas en el tema de Odebrecht. Y que no vaya y sea el diablo que su estrafalaria reforma política haya sido en realidad una cortina de humo como la calificaron en su momento, por haber salido de la manga justo cuando se ventilaba el asunto del millón de dólares que supuestamente entró a la campaña del presidente Juan Manuel Santos para su reelección, a través de su flamante gerente Roberto Prieto y del nuevo rico recién descubierto el exsenador Otto Bula. O como no vaya a ser que todo fue a las espaldas del presidente. O faltaba más que cuando fue senador el ministro Cristo haya sido víctima de algún impostor que utilizó su nombre y lo tenga ahora semiempapelado con los Odebrecht paper.

Como por ahora todos son rumores hasta que no se demuestre lo contrario, lo cierto es que Cristo si parece haberse persignado con la izquierda. Pero no precisamente por lo que los uribistas le ven en el sentido de que se ha destacado por ser el más casquisuelto frente a las aventuras del fast track y las concesiones post acuerdo a las Farc, sino porque ad portas de su prematura candidatura presidencial no le ha salido ni una. La reforma política con voto a los 16 años parece más bien una pesca milagrosa porque no ha habido nadie que le haya comprado los argumentos de que así se ampliaría la masa electoral y más bien parece dirigido a ampliar la masa clientelar. En todo caso, nada indica que esté pensada para combatir el fraude en las elecciones o la compra de votos, la coacción burocrática o la financiación con dineros oscuros; ni mucho menos se ve dirigida a enfrentar la forma de evadir los topes financieros en las campañas.

Lo que es un hecho es que por lo menos se puede considerar inoportuna una propuesta de reforma que aparece en momentos en que la gente esperaba que se adoptaran medidas que le pegaran por algún lado a la corrupción o que mínimamente sugirieran que se pretende atacar el meollo del desacreditado sistema electoral de cara al postconflicto. Incluso, a juzgar por las expresiones palaciegas, esta propuesta de reforma política parece haberse hecho a las espaldas del presidente Juan Manuel Santos, lo cual la dejaría aún mas coja, porque lo que requiere Santos son ideas que amainen de alguna manera esa situación inversamente proporcional entre lo que hace el presidente y la favorabilidad que obtiene. La manito que necesitaba era una formula que lograra acreditar a un presidente que a la hora de la verdad no ha gozado de popularidad frente a la ciudadanía y mucho menos ahora que prácticamente tiene el sol a las espaldas.

O sea que Cristo parece estar buscando el ahogado aguas arriba y ni siquiera la caída en picada que viene sufriendo el vicepresidente candidato Germán Vargas Lleras, gracias a sus alianzas regionales con caciques non sanctos , le abona el terreno a un ministro que, como casi todos los ministros del interior o de gobierno, quedan seriamente afectados con el síndrome presidencial. Pero lo peor es que además Cristo terminó como legislando en cabeza propia porque la reforma se proponía para que comenzara a funcionar en las próximas elecciones, lo cual para los demás aspirantes significa cambiar las reglas de juego a mitad de camino. Y si algo le faltaba a esa sopa, le va aún peor con la propuesta de eliminar la vicepresidencia porque a pesar de que es un debate cíclico, desempolvarlo ahora parece más una llave de lucha libre dirigida a poner en la lona la espalda de Vargas Lleras.

Y ya para terminar, como decía Darío Silva, lo que si resulta un verdadero despropósito es el famoso voto obligatorio que a lo sumo aumentaría, como bien dice Jaime Castro, el voto en blanco y el voto nulo, porque un ciudadano abstencionista por desconfianza en la clase política al verse obligado a ejercer su derecho no desaprovecharía la oportunidad para manifestar su inconformismo de cualquier manera antes que su voto se sume. O sea que en la practica puede ser un voto Hara kiri ya que ni hay forma de evitar que la gente se burle ni tampoco hay cómo castigar a quien no vote. Y de esta manera la propuesta del Ministro del Interior puede terminar precisamente como la forma de hacerle el Hara kiri a su candidatura ya que sin querer queriendo lo que ha generado es animadversión política y si antes no se le notaba mucho su catadura politiquera, con esta propuesta ha quedado sobreexpuesta.

Así las cosas los miquitos de Cristo, como los llamó burlonamente el propio presidente, lo han dejado prácticamente a la intemperie y desde el momento en que el escándalo Odebrecht decidió marcar la agenda política, el ministro tiene que caminar con pies de plomo. Primero porque si en algo resulta salpicado se puede anunciar el fin de su carrera política y segundo porque si quiere jugar algún protagonismo en las presidenciales debe buscar un tema que de verdad lo muestre reformista y no insistir en temas que le evidencien su concepción gamonalística de la política. Sobre todo porque la fama que ha hecho en esta administración es la de clientelista y traficante de influencias en buena parte de la torta burocrática del sector público. No hay que olvidar que en los mentideros del Congreso se dice que Vargas Lleras se quedó con la contratación y Cristo con los puestos. Pero de poco le servirá la nómina del Estado sí la Corte Suprema le respira en la nuca.

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