Cual boquete en el canal del Dique

1 de marzo del 2011

Hace muchos años escuché la historia de un niño holandés que pasaba frente a los diques que protegen del mar a las tierras bajas de ese país. El muchacho observó que en cierto punto había una pequeña grieta por la que se estaban colando unas pocas gotas de agua. El sabía muy bien, como casi todos los que vivían cerca de los diques, que si se llegaban a partir habría una tragedia superior a la que sepultó a New Orleans con el huracán Katrina. Entonces con su dedo tapó la pequeña grieta mientras pedía a gritos ayuda. Este acto heroico salvó a Holanda de una desgracia inmensa.

Las grietas como la de la historia, no se quedan pequeñas, por ellas van entrando gotas y gotas hasta abrir camino. La fuerza del agua es incontenible, es capaz de perforar una piedra, derrumbar una montaña, aunque siempre empieza por un pequeño resquicio hasta convertirse en un torrente inatajable.

Algo parecido le está sucediendo al gobierno de Santos sin que haya ningún niño que se atreva a poner su dedo para taponar el ingreso del descontento. Y lo que ahora parece un apoyo mayoritario a sus acciones, poco a poco, se puede derrumbar hasta convertirse en una corriente incontenible de descontento.

La primera grieta está produciéndose con los damnificados del invierno, que siguen sin atención fundamental a sus pérdidas. Si bien les llegó ayuda humanitaria, no se les ha resuelto el tema de regresar a la normalidad con viviendas permanentes y recuperación económica.

La otra grieta que se agranda a pasos agigantados es la inseguridad. Aunque sigan presentando cifras de disminución de violencia, la verdad es que las bandas emergentes, bacrim o simples narcotraficantes, están apoderadas de amplios sectores del país. La Costa Pacífica, en especial de Buenaventura para abajo está dominada por ellas, el norte del Cauca idem. Se dice que por las noches en los alrededores de Calotos, Guachené, Santander y Timba patrullan encapuchados de las Aguilas Negras. En el norte de Colombia también es clara y dolorosamente comprobada la presencia y dominio de estos grupos y ni qué decir en los Llanos, a pesar de la muerte del tal alias Cuchillo. Lo peor de este dominio de las bandas criminales es que se puede convertir el desafío más grande para la aplicación de la ley de tierras.

La otra grieta preocupante a la que no se le ha puesto un dedo piadoso, es la económica. Con el invierno, el paro camionero, el no TLC y la inflación, la grieta podría convertirse en un boquete que aumente todavía más el desempleo, pues las locomotoras del progreso de las que habló Santos, están más varadas que el ferrocarril de Occidente.

Las obras públicas muestran grandes dificultades, empezando por Bogotá, siguiendo por el Túnel de la Línea, el aeropuerto El Dorado y la reparación del Canal del Dique, hasta llegar al dragado de los puertos de Buenaventura y Barranquilla. El Ministro Cardona, un profesional bien intencionado y muy conocedor, parece fuera de base, como aporreado por una tractomula.

No quiero ser ave de mal agüero, me encantaría que las cosas tomaran un buen rumbo, que un alma piadosa prestara su dedito para taponar tanta grieta, pero no aparece nadie, ni siquiera el Ministro del Interior, tal vez porque él ya perdió varios dedos y no quiere arriesgar otro más.

Por ahora la percepción que está quedando es la de mucho estilo y poco resultados, mucha frase políticamente correcta y pocas acciones efectivas. Ojalá me equivoque y no se produzca una tronera que cual canal del Dique termine inundando las buenas intenciones con las que llegó este gobierno.

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