Cuando se cierran los ojos al fascismo

1 de julio del 2012

Reseña crítica del libro “ La cena equivocada ” de Ismaíl Kadaré En su usual estilo el escritor albanés Ismaíl Kadaré (Gjirokaster, 1936), nos ofrece una nueva novela en donde no es difícil detectar su huella estilística, su disertación comprometida contra las dictaduras, contra el autoritarismo en general, y sobre todo contra los regímenes comunistas, […]


Reseña crítica del libro “ La cena equivocada ” de Ismaíl Kadaré

En su usual estilo el escritor albanés Ismaíl Kadaré (Gjirokaster, 1936), nos ofrece una nueva novela en donde no es difícil detectar su huella estilística, su disertación comprometida contra las dictaduras, contra el autoritarismo en general, y sobre todo contra los regímenes comunistas, entre los que destaca el soviético de buena parte del siglo XX.

A muy buena reflexión nos induce el libro: la manera como estos autoritarismos, aparte de insanos, suelen caer en el ridículo del ejercicio exacerbado, arbitrario e incoherente del poder, así como en la histeria que se manifiesta por la suspición de todos los actos ciudadanos. Lo lamentable es que tan aciaga postura subsiste en nuestros días y se finge no verla o causa desinterés porque no atañe directamente en el tiempo inmediato. Sin embargo, así se nos cierren cobardemente los ojos, son palpables los tiranos y aprendices de dictadorzuelos que se han hecho al poder por medios “democráticos” para “beneficio” de los pueblos en donde han establecido sus satrapías. Y se valen de artimañas simplistas para distraer a los pueblos y perpetuar sus funestos dictámenes. A guisa de ejemplo: ¿No es acaso notorio escuchar a estos señores –algunos en el vecindario latinoamericano y enmascarados con pieles de cordero– reiterar acusaciones contra el resto del mundo sobre sus propios desmanes e ineptitudes, y gritando casi al unísono como corifeos de mala afinación que están siendo amenazados de muerte? Cortinas de humo e histerias personales. Kadaré ha entendido muy bien este fenómeno –por haberlo vivido y sufrido en carne propia–, y es sobre esta nocividad que nos ha venido compartiendo y advirtiendo en sus novelas.

En el presente escrito nos relata Kadaré un hecho oscilante entre lo vero y lo novelado, cuyo fin último, a mi entender, no es la historia contada, sino la premisa conclusiva: noten bien a qué conduce ese autoritarismo en el que un pueblo se puede ingenuamente enfrascar y del que difícilmente logra luego desprenderse; el romanticismo utópico pertenece más al campo de la literatura y menos al político, me digo.

El pueblo albanés, y concretamente la ciudad de Gjirokaster –tierra natal de Kadaré– mudó, en un corto lapso, de un sistema casi feudal a un conductismo ora italiano con Benito Mussolini que la anexa, ora germánico que la invade, ora soviético que la somete y tiraniza. Vemos como en ese momento de la Segunda Guerra Mundial las columnas blindadas del ejército alemán encabezadas por un coronel teutón atraviesa la ciudad con el solapado objetivo de invadirla y anexarla; un pacto permite que este ejército nazi penetre el país; algo sale mal y el pelotón delantero es atacado, por quién nunca se sabrá, pero cuya ocurrencia sirvió de excusa para someter la ciudad y tomar centenas de rehenes sobre quienes, ipso facto, pesó sentencia de muerte en represalia por el ataque. Quiso el azar que el oficial nazi fuese amigo de juventud y de estudios del doctor Garameto el grande, el médico más prestigioso de la ciudad; el reencuentro de los dos condiscípulos se saldó por una gran cena en la casa del médico. En esta alborotada cena de la que fue testigo la población y a la que asistieron parte de las huestes invasoras, Garameto el Grande, logra que la ciudad no sea destruida y que los rehenes se salven, incluyendo a un conocido judío de la ciudad. Este acto, en principio favorable para la ciudad de Gjirokaster, es interpretado por algunos como una salvación y por otros como una alta traición. ¿No recuerda acaso esto la vida política de las ciudades?

Kadaré escribe esta novela en el 2007 rememorando los hechos acaecidos en 1953, año en que el tirano Stalin fallece; para esa época Albania ya está en la órbita y dictadura estalinista. Regresan entonces inquisidores los investigadores rusos, germanos orientales, a Gjirokaster para remover el pasado del doctor Garameto el grande e intentar conocer los detalles de aquella cena en la que Alemania invadió a Albania. E investigan y escarban cielo y tierra con el ánimo de obtener “la verdad”. Torturan encarnizadamente al médico con el objetivo de entregar como regalo sus conclusiones acusatorias al “gran líder” Stalin. Se trata aquí de la famosa “revolución de las batas blancas” en donde se configuró una supuesta conjura sionista internacional contra los regímenes comunistas por parte de los médicos; no escatimaron medios en esta brutal pesquisa: encierro, crueldad, tortura en búsqueda de la “verdad” que debía ser plasmada por escrito y firmada por los supuestos conjurados, a manera de trofeo con lo que los investigadores anhelaban lucirse ante el agonizante Stalin.

Quiso la trama que las investigaciones arrojaran algo desconocido: el coronel nazi amigo del doctor Garameto el Grande para la época de los hechos ya estaba muerto. Entonces, ¿Quién fue el coronel que asistió a la cena y que fingió ser amigo del doctor? ¿Lo supo el doctor y fingió no darse cuenta con el propósito de salvar la ciudad? Ante los investigadores sólo una explicación valió: todo esto era un plan urdido por el médico como parte del presunto plan sionista anticomunista.

Albania pasa a ser una dependencia comunista y el potrero pobre de Stalin, sí de ese sanguinario dictador, que nos enseñó con sus crímenes a qué conduce la dictadura, dizque del pueblo, el Zar rojo lo llaman algunos.

A título de colofón una escalofriante constatación, sobre la que no tengo respuesta: que los pueblos quieren liberarse de una monarquía y entonces caen en un emperador, Francia lo vivió con Napoleón; que quieren escapar de una dinastía de zares y entonces caen en un Zar rojo, la URSS lo vivió; que quieren salir de una dinastía de Shas y caen en el anacrónico mundo de los Ayatolás, Irán lo vive; que quieren salir de la dictadura de Saddam Husein y caen en el caos de la guerra, Irak lo sigue sufriendo; que quieren salir de un mundo de déspotas imperecederos y caen en manos de nacionalismos medievalescos musulmanes, Túnez, Libia, Egipto Yemen, Siria (?), lo están degustando; que quieren salir de un supuesto burdel norteamericano y caen en la más larga dictadura opresora del mundo actual, Cuba lo padece; que quieren salir del imperialismo norteamericano y entonces caen en un comunismo dictatorial (perdón, socialismo del siglo XXI) –progresismo lo llaman con cinismo algunos, bonitos términos para enmascarar el despotismo–, Venezuela lo expía.

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