Cuestión generacional

22 de julio del 2019

Opinión de Carlos Salas

Ser o no ser uribista Opinión de Carlos Salas

Aunque ya paso los sesenta, es la primera vez en mi vida que llega a la presidencia alguien con menos años que yo. Mi generación es otra a la del presidente Iván Duque y eso podría explicar por qué no logro entender muchas de sus actitudes cuando, según entiendo, somos del mismo bando.

En esta época la visión de los jóvenes dista mucho de la de sus mayores. Aunque los adultos quisiéramos parecer menos viejos, lo que a veces pretendemos alcanzar con ayudas cosméticas, buscando una comunicación más cercana con los jóvenes o utilizando las herramientas tecnológicas contemporáneas, por poner apenas unos ejemplos, no dejan de existir diferencias radicales en la manera de comprender la existencia desde un lado y otro. Los jóvenes del siglo XXI tienen una concepción del mundo muy diferente de la de quienes lo fuimos en el siglo pasado.

Paradójicamente, las visiones renovadoras que han sido motor en el desarrollo de la humanidad, han requerido tiempo prudencial para que fuesen comprendidas y asimiladas por quienes fueron en el pasado los innovadores y, por lo tanto, vivieron en su momento la incomprensión de los viejos. No dudo que la experiencia unida a la sabiduría que trae los años es fundamental para el buen desarrollo de la humanidad como tampoco que la frescura de una mente inquieta es factor primordial para no quedarnos estancados cuando la única constante es el cambio y muy acelerado en estos tiempos.

Desde esa perspectiva generacional he querido mirar lo ocurrido en los once meses y medio de Iván Duque como presidente de Colombia pero no logro comprender del todo lo que le propone al país y veo con bastante desilusión los pequeños logros alcanzados hasta ahora. Escuchando su discurso del 20 de julio, por cierto muy amenizado con aplausos de sus antiguos colegas congresistas, me preguntaba si las cifras dadas y sus propuestas a futuro son francamente notables.

Erradicar 80.000 hectáreas de coca a mano es asombroso, pero no lograr disminuir las cultivadas en el territorio colombiano es inaudito. Que reciba ovaciones cuando menciona la reducción de las tasas de homicidio y robos como una hazaña cuando los carteles del narcotráfico se han venido apoderando del país es algo que no logro entender. Tal vez ya esté acercándome a la vejez….

Qué nos recuerde en su discurso que la legalidad es uno de los pilares de su gobierno y no mencione las graves amenazas que se ciernen sobre los colombianos cuando la estrategia del narcocomunismo es integral, como lo denuncia el coronel John Marulanda, no me cabe en la cabeza. De pronto es cuestión de escepticismo presenil…

Y que el crecimiento económico sea el motor del cambio que mejore las condiciones de vida de los más pobres cuando estamos al borde de quedarnos sin petroleo y el tema del fracking no merezca ni un pequeño comentario, no deja de inquietarme. Cosas de los años…

Corro el riesgo de que me cataloguen de viejo loco diciendo estas y otras cosas cuando todavía me siento joven, con una mente atenta a las novedades que nos regala este siglo XXI. No quiero llenarme de añoranzas, tengo fe en el futuro y guardo mi confianza en el talento e inteligencia del presidente Duque pero confieso que esta cuestión generacional me deja muy confundido.

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