De contradicciones y traiciones

12 de junio del 2011

Antanas Mockus vuelve a sorprender a muchos por su ¿inesperada? decisión de renunciar al Partido Verde, luego de varias semanas de tire y afloje por cuenta del apoyo directo y decidido del expresidente Uribe a la campaña del otro de los tenores, Enrique Peñalosa. La verdad, esta actitud del profesor, personalmente, no me sorprende, por el contrario me parce que va de la mano con la historia política de Mockus en sus no cortos años dedicado a hacer política en Colombia.

Normalmente Antanas tiene este tipo de comportamientos contradictorios, con fines realmente extraños. Para sus seguidores, que no son pocos, constituyen una manera de hacer política limpia, transparente o pura, si quieren. Esta visión parte del hecho ingenuo de que él actúa motivado por intereses colectivos y no por una lógica político-electoral para beneficio propio. Definitivamente me inclino a pensar que, para desilusión de muchos, sus decisiones están más ligadas a esta última lógica, y sus actuaciones así lo demuestran. Veamos algunas de ellas.

En primera instancia hay que recordar que Antanas renunció, a principios de 1997, a la alcaldía de Bogotá por cuenta de sus aspiraciones personales para competir por la presidencia de la república en las elecciones de 1998, en las cuales salió electo Andrés Pastrana. Este ejemplo pone de manifiesto un compromiso limitado, por no decir inexistente, con los capitalinos que confiaron en él para administrar los destinos de la ciudad durante tres años. Sin duda, las ambiciones electorales de Mockus pesaron más que el cumplimiento de su promesa con la ciudad, hasta ahí le llegó la ética ciudadana al hasta antier miembro de los verdes. Todos recordamos su acto de contrición tres años mas tarde, no antes, para que los bogotanos lo perdonáramos y le diéramos otra oportunidad como alcalde de la ciudad, otro gesto interesado.

Otro ejemplo, más reciente, está ligado irónicamente al expresidente Uribe, argumento principal para su retiro de los verdes. La extraña visita de Mockus en junio de 2010 a la Casa de Nariño, pocos días antes de la segunda vuelta presidencial, terminó con unas declaraciones que hoy serían inimaginables: “yo le voy a cuidar los tres huevitos al presidente Uribe”. En ese momento, hace un año, ya se conocían lo que él denomina los grandes escándalos de corrupción y de traspaso de las normas constitucionales, como la yidispolítica, los mal llamados “falsos positivos”, Agro Ingreso Seguro, entre otros; sin embargo, en ese momento electoral no importó, Mockus quería buscar los votos de Uribe, de su Partido y de lo que significaba, para muchos, su exitoso gobierno. Allí, Antanas se olvidó del sapo, que hoy no se puede pasar, pero que intentó utilizar para ganar la presidencia de Colombia. En su momento, entonces, valieron más sus intenciones político-electorales que sus principios éticos, que se muestran cada vez más acomodados.

No se puede olvidar tampoco que el profesor Mockus, motivado por su interés de ser opción real para la presidencia en 2010, se acercó a un partido político ya creado y con personería jurídica vigente (por la curul especial de minorías políticas en Cámara de Representantes) para facilitar su proyecto de ocupar el solio de Bolívar. Esta actitud facilista y netamente electoral muestra de nuevo al verdadero Mockus, al estratega, al político, al tradicional. Se unió entonces con el Partido Verde-Opción Centro, que fue fundado en su momento por exmiembros del M-19, grupo armado ilegal que violó claramente la Constitución, y peor aún contradijo el principio básico y fundamental de Antanas: “La vida es sagrada”. Este movimiento irregular, en las décadas de los 70 y 80, fue culpable de varios asesinatos selectivos y de actos claramente terroristas. Pero Mockus sí pudo “pasarse” el asesinato de José Raquel Mercado en abril del 76, la toma de la embajada de República Dominicana, la toma del Palacio de Justicia, el secuestro de Álvaro Gómez Hurtado,  el robo de las armas en el Cantón Norte de Bogotá, entre otros tantos. De nuevo, se demuestra que por encima de su ética, ha estado sus intereses político-electorales.

Por último, resulta también paradójico que Mockus haya hecho alianza con Lucho Garzón, Enrique Peñalosa y Sergio Fajardo, debido a que todos ellos tienen reproches sociales y algunos inclusive investigaciones disciplinarias o penales por cuenta de sus actuaciones como alcaldes de Bogotá y Medellín respectivamente. El escándalo de los bolardos de Peñalosa, de Transmilenio de Garzón y de alianzas con paramilitares de Fajardo para pacificar Medellín, son sólo algunos de los ejemplos. Aunque nada de ello está comprobado, subsisten las dudas. Si Mockus hubiese sido realmente fiel a sus principios y a sus intereses personales, definitivamente habría descartado desde el comienzo esta alianza verde, pero no lo hizo pensando más allá de su ética personal.

Por todo lo anterior, no me parecería extraño que la decisión de Antanas Mockus estuviera motivada más por sus intereses político-electorales que por “el sapo que creció y no se pudo pasar”. Considero, entonces, que lo que creció al interior del profesor fue su ambición por llegar de nuevo al poder, por eso podremos ver a un Mockus recogiendo firmas en las próximas semanas para “sorprendernos” con una candidatura personal o, pero aún, una alianza con Gustavo Petro, exmiembro del M-19, para llegar a la alcaldía de Bogotá, ese “sapo” si es capaz de pasárselo sin problema.

Me inclino a pensar que Mockus es un político más que disfraza con inteligencia y gran capacidad camaleónica sus verdaderas intenciones, refugiándolas en un lindero “moralmente” aceptable de principios y ética personal, engañando así a sus electores. Dejemos de llamar a Mockus como un outsider político, lleva casi 20 años haciendo política y se convirtió, o siempre lo ha sido, un político tradicional, que es capaz inclusive de traicionar a sus compañeros (Peñalosa, Garzón y Fajardo) para beneficiarse personalmente. Ese es nuestro “tradicional” Antanas Mockus, espero estar equivocado.

Escolio: La nueva ley de víctimas tiene a futuro más retos que ganancias, y dependiendo de cómo podamos superarlos, será un éxito o un rotundo fracaso. Creo yo que el tren de la paz, del que habla el presidente Santos, no va llevar en su interior a los grupos armados ilegales, porque estos decidieron no subirse.

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@javierflorezh

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