De espaldas a la Región Caribe

21 de mayo del 2013

A pesar de haber recibido un respaldo rotundo del país costeño, el Presidente no ha sido generoso con nuestra región en términos de participación política. Columna de Indalecio Dangond.

El 20 de junio de 2010, Juan Manuel Santos fue elegido presidente por el mayor número de votantes en la historia de la democracia colombiana. De los 9 millones de votos que obtuvo, la Región Caribe aportó 1.640.304; seguido por Bogotá con 1.447.232; Antioquia, 1.225.272 y Valle del Cauca, 764.830.

Las comparaciones son odiosas, sobre todo cuando salen perdiendo en ellas. Sin embargo, a veces son necesarias, así que veamos algunos ejemplos ilustrativos, porque a pesar de haber recibido un respaldo rotundo del país costeño, el Presidente no ha sido generoso con nuestra región en términos de participación política. En lenguaje cachaco, nos hizo conejo.

Es claro que complace la apertura otorgada a los vallecaucanos en posiciones de alto nivel en el Gobierno (Vicepresidencia, Ministerios de Minas, Educación y Cultura, tres altas Consejerías, Incoder, Aeronáutica Civil, Supersalud y embajadas estratégicas), pero también lamentamos profundamente el escaso concurso que le ha dado a los costeños. En este momento nuestra participación se reduce a los Ministerios de Comercio Exterior y Transporte y según cuentan, fueron más gracias a una íntima amistad, que a la necesidad de otorgar representación a una región importante. Queda bien claro que a la hora de las elecciones nuestros votos son valorados, pero a la hora de gobernar, están más castigados que las acciones de Interbolsa.

Se pregunta uno ¿por qué? Tiendo a pensar que también se debe a la enorme crisis de liderazgo de la clase política y empresarial del Caribe, quienes, al parecer, no han captado el potencial que tenemos y por ende, no lo visibilizan, ni gestionan por él.

Es increíble que a pesar de contar con los más importantes destinos turísticos, una contribución superior del 22% en la producción ganadera y agrícola del país, el 52% de la producción nacional de sal, las mayores reservas de níquel en Cerro Matoso, los mayores productores de oro y plata en la Serranía de San Lucas y LAS cuencas alta, media y baja del rio San Jorge, titanio en Juan de Acosta y Tubará, fluorita y barita en Pelaya y Chiriguaná, el gigantesco campo de gas que explota Chevron-Texaco en la costa norte de la Guajira, las enormes reservas de gas metano en la Loma Cesar y la mayores reservas de carbón del país (3000 millones de toneladas) en el centro de la Guajira y el Cesar, no tengamos una red vial de primer orden y un tren de carga que cumpla las funciones básicas de integración de estas zonas de producción con el centro del país y las zonas portuarias.

Mientras en años pasados los vallecaucanos construyeron la mejor red vial del país con 8.230 km y se prestan a construir un puerto minero (1.100 Ha) y poner en marcha el ferrocarril Transandino (760 km) que conecta a Buenaventura con Yumbo, Palmira, Neiva, Ibagué, Villavicencio (conexión con Bogotá) y Puerto Gaitán (Meta), a la ruta del Sol la cogió la noche, la navegabilidad del río Magdalena está en pañales y el proyecto del tren del Carare -con capacidad de 10 millones de toneladas anuales-, lo engavetaron hace cuatro meses en la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI). Lo más insólito es que, entretanto, unos dirigentes regionales están promoviendo un ferrocarril que conecte a Cartagena con Barranquilla y Santa Marta. Será para transportar los mercados que sus señoras hacen los fines de semana en PriceSmart. ¡Qué absurdo!

Ahí tenemos otro gran ejemplo de visión y liderazgo por parte de los paisas. Han comenzado una de las obras de ingeniería más ambiciosas de la historia de Colombia: las autopistas de la Montaña ($15.6 billones) que unirán a Antioquia con el resto del país y los puertos del Pacífico, optimizando tiempos y abriendo posibilidades de competitividad y desarrollo. Seguramente el resto de nuestras regalías serán destinadas para el metro de Bogotá.

Es aquí donde todos nos preguntamos, ¿sesenta y tantos congresistas costeños que nos cuestan algo más de 1.800 millones de pesos mensuales,  para qué?  ¿Un millón 600 mil votos a Santos para qué? Claramente las altas esferas políticas están de espaldas al Caribe Colombiano.

@indadangond

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