De la dicha a la tragedia

6 de julio del 2018

Por David Barguil.

De la dicha a la tragedia

Tristeza, preocupación y alerta. Las cifras son aterradoras y envían un mensaje casi a gritos para que se tomen cartas en el asunto. Según Indepaz, a junio de 2018 habían sido asesinados 98 líderes sociales en Colombia, una cifra desgarradora a la que hay que sumarle nuevos casos que han registrado los medios de comunicación en los últimos días.

Para ahondar más en la herida, la Defensoría del Pueblo señaló que desde el 2016 a la fecha se han presentado más de 300 muertes violentas de colombianos que se dedicaban a la defensa de la comunidad o de los derechos humanos. Dos de los últimos líderes que perdieron su vida esta semana fueron acribillados delante de sus familias en pleno partido de fútbol de nuestra selección contra Inglaterra.

Mucho se ha dicho sobre la fascinación de algunos con el mundial de fútbol y el desánimo tras la eliminación del equipo colombiano que contrasta con las dolorosas muertes de los líderes sociales en todo el país.

Respeto la opinión de cada uno, aquellos que ven el fútbol como una pasión y aquellos que lo sienten más como una cortina de humo que tapa los problemas reales del país. Sin embargo, debo decir que es innegable la unión y la fuerza que despierta nuestra selección. Mientras estuvimos en la copa del mundo, en las calles se sentía la emoción, a las familias regresaba esa antigua complicidad y muchos amigos se reconciliaban, luego de unas elecciones presidenciales especialmente polarizadas.

Hoy, sin embargo, la desazón se siente y no precisamente porque Colombia haya quedado eliminada del mundial. Las calles de la comuna dos de Quibdó, Chocó, están desoladas por el trágico final de Felicinda Santamaría.

Los habitantes del municipio de Palmar de Varela, Antioquia, están aterrorizados por el asesinato del excandidato al concejo por el Centro Democrático, Luis Barrios. El jueves pasado, nos enteramos de la muerte de Ana María Cortés, secretaria de la campaña de Gustavo Petro en Cáceres, Antioquia.

A inicios de junio, también acabaron con la vida de Julio Cesar Montalvo, del resguardo indígena Zenú del alto San Jorge; y de Orlando Negret, presidente de la junta de acción comunal de Tierralta, Córdoba. Sus familias están quebradas, la historia de violencia se repite.

Uno se pregunta si en Colombia nos hemos acostumbrado a pasar de la dicha a la tragedia en tan solo unas horas. Por supuesto que no. Nunca nos acostumbraremos a ningún panorama de terror. Muchos de los responsables de estos crímenes son los delincuentes de las bandas criminales reorganizadas y fortalecidas por el auge del narcotráfico en varias regiones del país.

La mayoría de los líderes asesinados fueron primero amenazados de muerte, pero en algunos casos no se les prestó la debida importancia. A muchas de esas personas que ya no están ni siquiera se les dio la oportunidad de escapar o buscar protección.

Es claro que algo está fallando con la recepción de las denuncias y la capacidad de respuesta del Estado. Cabe revisar con las autoridades competentes y desplegar un nuevo plan de seguridad que evite muertes inocentes, pues algunos de los líderes pidieron protección y se la rechazaron o llegó demasiado tarde.

Entendemos que no se pueden manejar todas las amenazas de la misma manera, más cuando es una realidad que exintegrantes de las estructuras criminales quieren hacerse pasar por líderes sociales que valientemente los han enfrentado, pero la responsabilidad del Estado es evitar más asesinatos.

No es un secreto que, tras la firma del acuerdo de paz con las Farc, nuevos y antiguos grupos delincuenciales se han reorganizado amedrentando a la población urbana y rural. Los problemas de seguridad son graves, por eso el cambio de gobierno vislumbra una luz de positivismo en los colombianos porque creemos en la determinación del presidente Iván Duque.

Hoy más que nunca necesitamos un jefe de Estado que devuelva la confianza a las comunidades y la presencia de la fuerza pública a las zonas más apartadas. Estamos convencidos que el presidente Duque implementará una política clara de seguridad en la que se fortalecerán los mecanismos de denuncia y reacción para proteger la vida de todos los ciudadanos.

Para terminar, si algo podemos aprender de la euforia y alegría que nos da la selección Colombia es que en estos 20 días de fútbol logramos convivir en paz y unirnos en una sola causa para defender a un gran equipo que se la jugó hasta el último minuto. Esa misma unión, perseverancia y resistencia es la que debemos conservar en momentos tan difíciles como los que, cada vez, nos toca vivir.

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