De la jungla de la serpiente a la selva del corazón

8 de abril del 2016

Una colombiana vive en París, tiene un hijo con un francés, el niño se llama Nathan, pero la relación no funciona y ella decide llevarse, a escondidas, al pequeño para Colombia.

Ella, Anna, emocionada, parada en el banco de un bar, describe las maravillas de su país, específicamente del lugar a donde quiere irse a vivir con su hijo y su nuevo novio: un sitio donde el mar es azul, muy azul, y a lo lejos, desde la tierra caliente, se ven los picos nevados de la sierra. Un paisaje que para un francés suena inverosímil, paradisiaco, un sitio más allá de la razón, donde para llegar es necesario volver a hacer –con ciertas modificaciones tecnológicas- la expedición de los conquistadores europeos del siglo XV.

Esta es la historia de ‘Anna’, la primera película del colombo-francés Jacques Toulemonde, que fue guionista de ‘El abrazo de la serpiente’ y trabajó como asistente de Ciro Guerra en  esa otra joya del cine colombiano que es ‘Los viajes del viento’.

El nombre completo de la película es ‘Anna. Nada es tan imperfecto como el amor de una madre’ y ese puede ser el tema central de todo el asunto: el amor de una madre que hace hasta lo imposible e indebido por ser buena para su hijo con el riesgo latente de no lograrlo.

Sin embargo, esta, como todas las películas, maneja varias historias detrás de la principal y es esa riqueza la que la hace atrayente. Anna, interpretada por Juana Acosta, que hace rato dejó de ser Juanita, carga con una cruz más pesada que ser madre, inmigrante, colombiana y rebelde. Anna pierde la cabeza. Anna es de esas personas que un día está bien y de repente mal. Una mujer que deja de ser ella y se convierte en una combustión de sentimientos que explotan y la dejan sola.

La locura es una de las expresiones humanas más difíciles de entender, y por consiguiente de retratar en el arte. De repente, aquella persona que compartió con otros las alegrías de un bar, de una casa, de un viaje, deja de ser ella para ausentarse, para refugiarse debajo de unos arbustos a tratar de ver y oír gente y voces que los demás no ven ni oyen.

A diferencia de otras películas, ‘Anna’ maneja este elemento clave de una forma sutil. Tal vez por eso a mis vecinos de butaca en la sala a donde la fui a ver les pareció que al final faltaba algo. Pero a la trama no le falta ni le sobra, el asunto es que es una cita con la sutileza.

Jacques Toulemonde en una entrevista con Cine Cápsulas contó que se alimentó mucho de las películas gringas de los 70 y su ‘Anna’ tiene ese aire de claves implícitas, de renunciar a decirlo todo para ir más allá.

De postre, la cinta tiene una de esas maravillas que ofrece el cine: ver la actuación de un niño. Kolia Abiteboul es Nathan, el hijo de Anna. El pequeño explorador francés que se refunde en ese país andino tropical que es Colombia en donde se pasa de las sabanas frías a las calles empolvadas e hirvientes del Caribe, el explorador que descubre que no es necesario entrar en una selva (como la de ‘El abrazo de la serpiente’) para perderse en las complejidades del corazón.

@nomasquecine_

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