De putas tristes y otros demonios

30 de mayo del 2013

“La mayoría de prostitutas son campesinas, afrodescendientes e indígenas desplazadas sin mayores oportunidades”. Columna de Andrés Jiménez.

Cuando años atrás tuve el privilegio de ser periodista en Semana, su fundador Felipe López me concedió una oportunidad única: la de ofrecerle a Gabriel García Márquez -de la mano del equipo de expertos en retratos hablados que lideraba el entonces coronel Óscar Naranjo en la Dirección de Inteligencia de la Policía- la posibilidad de hacer un retrato hablado de Aureliano Buendía, que se pondría en la portada de la revista para celebrar sus 70 años de vida. Se buscaba una primicia mundial, que el creador del personaje revelara el rostro de su creación, como pidiéndole a Cervantes que nos mostrara su imagen mental del Quijote.

La respuesta de Gabo fue, como todo lo suyo, de una genialidad indeclinable: “Acepto, siempre y cuando quien lo haga no sea yo”… Bienvenido al realismo mágico. Sin embargo Gabo, quien siempre ha sido un hombre generoso, me invitó como premio de consolación a un seminario en Cartagena de su Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, y tuvo el gesto inmenso de sentarse conmigo a conversar una tarde entera en una playa cartagenera. Confieso que 100 años de intrascendencia pesaron sobre mis hombros y no atiné a decir nada, solo a escuchar sus frases sueltas en un silencio de olas que todavía retumba en mi memoria.

Por eso, en honor a esas frases geniales, y a los nombres de sus obras que se mantienen como titulares inmortales, me atrevo a tergiversar aquí dos de los suyos para hablar de otro tema: bienvenidos al realismo, todo-menos-mágico.

Se trata del debate que se generó en torno a la aprobación del POT bogotano, en cuanto a que se permitiría el ejercicio de la prostitución en los centros comerciales. ¡Vaya escándalo! La noticia se incendió como una vorágine desalmada, al punto que el Distrito tuvo que salir apresuradamente a desmentir y matizar el hecho. Que un templo católico y patrimonio arquitectónico bogotano como la Iglesia de Lourdes esté completamente rodeado de prostíbulos, no es escándalo para nadie. Pero que el lugar que hoy concentra lo más sagrado de nuestra sociedad, el panteón del capitalismo moderno -el centro comercial- se vea manchado por la primera profesión de la humanidad…resulta inaceptable.

No pretendo hacer una defensa de la prostitución en los centros comerciales, ni más faltaba. Solo una relfexión por la cual espero no arder en las hogueras de la inquisición contemporánea. Entiendo perfectamente los vericuetos de la virtud, por absurda que pueda parecer a veces. Es comprensible que si se desea expresar un amor muy grande, un amor muy puro, un amor virtuoso, un amor eterno, se erigan miles de barreras infranqueables para poder demostrarlo. Algo así como el mito medieval de los trovadores, de un valiente caballero en brillante armadura que debe derrotar a un malvado dragón para rescatar a la virginal y noble doncella en la escarpada torre de un castillo.

Lo que no se nos puede olvidar, es que para que ese amor sea posible, alguien debe hacer el papel de dragón. Para que exista el amor más puro, debe existir también el impuro, como se requiere oscuridad para que haya luz. El caballero que impertinente, no honra el papel del dragón, suele no llegar a su destino. O lo preseguirán los dragones, una y otra vez, así sea en sus pesadillas.

De tal forma que si el amor virtuoso implica demostrar rancio abolengo de sangre azul ininterrumpida desde Carlomagno para poder pasearse con su familia por un centro comerical bogotano sin que sus ojos se manchen de realismo-no-mágico, le sugiero que recuerde que la mayoría de las mujeres que se dedican a esa profesión son muchas veces jóvenes campesinas, afrodescendientes e indígenas desplazadas, madres solteras sin mayores oportunidades, tratando de labrarse un futuro para ganar un dinero que puede ser todo, menos fácil.

Ojalá la próxima vez que se de un debate así, haya un poco más de reflexión y menos hipocresía, y que la cándida Eréndira sí tenga quién le escriba. Y ojalá el Concejo de Bogotá deje de buscar excusas absurdas para no hacer su tarea y aprobar cuanto antes el cupo de endeudamiento, para que podamos tener ciudad. Los bogotanos somos pacientes, pero no estúpidos.

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