Decepcionado, me voy… del partido azul.

7 de agosto del 2011

Después de meditarlo mucho he decidido apartarme de manera absoluta del Partido Conservador, por cuenta de sus desacertadas decisiones políticas y de unas élites cada vez más perdidas en el clientelismo, la lambonería, la corrupción y, claro está, el uso interesado de los valores cristianos de millones de colombianos. Hoy, la realidad del partido de […]

Después de meditarlo mucho he decidido apartarme de manera absoluta del Partido Conservador, por cuenta de sus desacertadas decisiones políticas y de unas élites cada vez más perdidas en el clientelismo, la lambonería, la corrupción y, claro está, el uso interesado de los valores cristianos de millones de colombianos. Hoy, la realidad del partido de Núñez, Reyes, Gómez y Caro es absolutamente decepcionante, y no hay más alternativa que seguir el camino de tantos otros: el exilio político del partido, para bienestar del alma y la moral que se ven aplastadas por esta ola de semovientes que manejan hoy los intereses azules.

No puedo permitirme, de ninguna manera y bajo ninguna circunstancia, que mis convicciones políticas e ideológicas estén manejadas por alguien tan inane como José Darío Salazar; ni mucho menos dejar que el vocero partidista sea una persona de las calidades de Juan Manuel Corzo, cuyas ya famosas intervenciones en medios de comunicación dejan ver sus verdaderos intereses sesgados y claramente personalistas. Esa clase de personajes siniestros ponen en duda el futuro del partido y de su capacidad de renovar las simpatías políticas de la ciudadanía. Allí los jóvenes no encontramos nada que nos motive, ni que nos mueva, solo una amalgama de intereses interpuestos, cuyo propósito es favorecer a algunos pocos.

Sin duda, Álvaro Gómez debe estar revolcándose en su tumba por estas circunstancias tan dolorosas, aunque se sabe que ya lo conocía y por ello decidió apartarse él mismo del partido y fundar una disidencia: “Salvación Nacional”. Ya desde esa época, e inclusive desde antes, el partido venía en un proceso de deterioro notorio, que nos llevó a lo que es hoy, claramente, una vergüenza electorera e incapaz de leer con certitud a la ciudadanía que osa representar. Pocas figuras hay para rescatar al interior del partido, y estoy seguro que serán muchos los que irán migrando a otros sectores sociales, con el fin de salvaguardarse moral e ideológicamente de lo que se ha venido construyendo desde la dirección nacional azul.

Básicamente lo que está pasando es que el partido ya no representa ideológicamente a nadie, como tantos otros partidos; y en sentido, se está perdiendo la esencia de la democracia representativa, concentrándose solamente en acuerdos clientelistas para buscar elecciones vacías que perjudican profundamente el sentido mismo de la representación política. Nuestros padres de la patria son hoy solamente sombras pasajeras y perjudiciales del norte moral y político de la sociedad; allí solo encontramos intereses momentáneos, no defensas y discursos sólidos de la cosmovisión política y deontológica de los distintos sectores sociales existentes.

Me dirán algunos que el proyecto presentado por el partido, en asocio con la Iglesia y el respaldo de cinco millones de firmas, con el fin de echar para atrás el aborto en los tres casos aceptados por la corte, es muestra de su convicción política y de su claridad ideológica, pero la verdad es que revisando con lupa esta iniciativa, es fácil comprobar los intereses del partido para haberlo hecho. ¿Por qué no antes, si esta realidad ha estado vigente durante un lustro, sin que el partido se manifestara fehacientemente? ¿Será que las cinco millones de firmas entregadas fue el móvil más claro al respecto? Lo cierto es que su reacción fue tardía e ineficiente, porque estaban interesados en otras cuestiones más benéficas, en su momento, para sus arcaicos líderes. Fuera de ello, los argumentos esgrimidos son tristes y limitados, denotando la falta de claridad sobre un asunto que para los conservadores debería estar supremamente diáfano.

Ese es el Partido Conservador de hoy, al cual no deseo pertenecer y en el que posiblemente tampoco quieran que esté porque ni siquiera saben que existo. Me voy decepcionado, como lo están muchos otros y deseo, con total convicción, que la inmunidad propuesta por Corzo se hunda como lo está el propio partido azul. Pero jamás abandonaré mis convicciones, que defenderé desde otros estrados, seguramente con mayor fortaleza moral que desde donde hasta hoy estuve.

Escolio: Sería bueno que los medios de comunicación investigativos hicieran un repaso sobre la Asociación Campesina del Valle del Río Cimitarra (ACVC), cuyas historia es extraña y llena de contradicciones, a pesar de haber sido galardonada con el Premio Nacional de Paz. Posiblemente Colombia fue engañada una vez más. ¿Hasta cuándo?

Me disculpo con los lectores, pero hoy no pude traer la historia de Lisandro, que anuncié en la pasada columna, por cuenta de detalles que todavía estoy corrigiendo con el mismo protagonista de la historia.

jafah2@hotmail.com

@javierflorezh

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