Decires S. A.

24 de febrero del 2018

Opinión de Ignacio Arizmendi Posada.

Periodismo

En las sociedades libres – los colombianos nos preciamos de vivir todavía en una de ellas – es habitual que en los corrillos familiares y sociales, en los medios tradicionales y en las redes circulen decires que surgen al ritmo de las noticias y los intereses de cada quien. Para ilustrarlo, muchos hemos oído que en la Colombia de ahora se están diciendo cosas como estas:

– “Olvidemos el pasado de guerra y muerte y mejor trabajemos por la armonía y el entendimiento”. Como si no fuera evidente que muchos lo afirman porque no les conviene que se les recuerde ese pasado en plena época electoral.

– “Todos los políticos son corruptos; los empresarios, ladrones; los ricos, egoístas; los periodistas, vendidos; los jueces, venales; las autoridades, inmorales”. Como si muchos de los que lo dicen no fueran los que a la vez predican armonía, entendimiento, etc.

– “No es juego limpio criticar algunos aspectos del Acuerdo Gobierno-Farc porque éste ha evitado miles de víctimas y destrozos”. Como si lo primero negara lo segundo, lo que no es verdad.

– “Gustavo Petro, Jorge Robledo, Clara López y Piedad Córdoba son candidatos de centro-izquierda”. Como si sus declaraciones y actuaciones del presente y el pasado no indicaran claramente que son de extrema.

– “Petro no es chavista, es progresista”. Como si fuera falso su éxtasis ante la figura y las ideas del “comandante eterno”.

– “Están metiendo miedo sobre la posible llegada del castrochavismo a Colombia a sabiendas de que ni Rodrigo Londoño ni Piedad Córdoba van a ganar”. Como si el temor fuera a que ellos triunfen y no a que gane Petro, el mejor posicionado de la extrema izquierda en las encuestas.

– “El castrochavismo es una invención de la derecha”. Como si no existieran el castrismo y el chavismo como corrientes y repartos ideológicos y se juntaran para formar el castrochavismo, la joya de la corona…

– “Es antidemocrático e irresponsable atacar verbalmente a los líderes de las Farc/la Farc cuando visitan pueblos y ciudades”. Como si quienes lo afirman hubieran dicho lo mismo cuando diversas personas se han valido de gritos, huevos, insultos, etc., para atacar al expresidente Uribe, por ejemplo.

– “Hay que respetar las recientes decisiones de la Corte Suprema que afectan el panorama político de Álvaro Uribe”. Como si no fuera sorprendente, para no decir sospechoso, que esas decisiones se tomen justo en tiempo de campaña electoral contra un líder comprometido a fondo en dicha campaña y querido en muchos sectores del pueblo colombiano.

– “El fiscal, el procurador y el contralor son enemigos de la paz porque están hablando claro y firme en contra de algunas actuaciones u omisiones de las Farc”. Como si los deberes de dichos funcionarios no incluyeran el hablar claro y firme, respaldados en la verdad, con independencia de que le duela a quien le duela.

– “Los candidatos a la presidencia se dividen entre decentes e indecentes”. Como si no fuera curioso que quienes lo sostienen pertenecen a una tendencia o posición política similar, y como si fuera verosímil que la decencia en Colombia germine, sólo y curiosamente, en esa tendencia.

– “El país está hastiado de los mismos con las mismas”. Como si entre los que dicen tal cosa no se identificara a los mismos políticos que andan predicando las mismas ideas de los revolucionarios de los siglos 19 y 20, y defendiendo al mismísimo régimen que en Cuba lleva 60 años en manos de una familia.

– “Hay que estimular a los candidatos de la extrema izquierda porque están predicando el amor, la humanidad, el respeto, etc.”. Como si muchos ciudadanos no entendiéramos que se trata más de posiciones ocasionales que de convicciones esenciales.

Si en Siberia la gente compra la leche congelada en varas, sin ningún problema, en Colombia podemos comprar “verdades” aparentes, envueltas en decires que se sueltan con singular habilidad en micrófonos, columnas y redes sociales, y seguir tan panchos, como si fueran la única verdad en materias caóticas. Por ello viene muy bien la espléndida reflexión del Mahatma Gandhi, portadora de una singular luz: “Un error no se convierte en verdad por el hecho de que todo el mundo crea en él. Tampoco una verdad puede transformarse en error cuando nadie se adhiere a ella”.

INFLEXIÓN. “El comunismo es un monstruo que desciende de su pirámide de cráneos”. Sentencia de Churchill, que tenía por qué saberlo. Sin embargo, para muchos criollos, con la vista gorda, la pirámide es de corazones agradecidos…

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