Del Cauca a la Zona T

23 de julio del 2012

El desastre del Cauca y de muchas otras regiones del país en donde la violencia terrorista campea es el resultado de una mezcla letal: el abandono indolente del Estado y la presencia de grupos terroristas (lo uno es consecuencia de lo otro). En esas tierras en donde las ejecutorias de los gobiernos de turno son […]

El desastre del Cauca y de muchas otras regiones del país en donde la violencia terrorista campea es el resultado de una mezcla letal: el abandono indolente del Estado y la presencia de grupos terroristas (lo uno es consecuencia de lo otro). En esas tierras en donde las ejecutorias de los gobiernos de turno son inexistentes, las funciones de los organismos estatales son asumidas por los bandidos de turno, que al final son los que dan trabajo, administran justicia y resuelven hasta problemas maritales. Esos grupos terroristas y de delincuencia común financian sus actividades con la droga, que muchas veces es cultivada y protegida por miembros de la comunidad que hacen parte de la nómina, a falta de otras oportunidades laborales.

El Cauca es el mejor ejemplo del fracaso del Estado. El problema social en ese departamento cada día aumenta vertiginosamente. Las necesidades insatisfechas son el común denominador, y los miembros de la densa población indígena son las víctimas más vulnerables. Probablemente, las condiciones de vida de los indígenas eran mejores antes de la conquista. El Cauca parece haberse quedado detenido en el tiempo, y los políticos no es que ayuden mucho para sacarlo de ese atraso: hay ratas consumadas que desde hace muchos años vienen esquilmando el presupuesto público en detrimento de los más débiles.

El Ministro de Defensa, con la ingenuidad propia de aquel que no conoce el país y sus realidades, considera que la salida al problema del Cauca es militar, aumentando la presencia de la tropa. Eso es tan solo una parte de la solución, porque la verdad es que los fusiles deben ir de la mano de la construcción de vías, puestos de salud, escuelas, acueductos y alcantarillados; de lo contrario, esa olla de presión pronto explotará. Tampoco puede pretender este Gobierno light que los indígenas abandonen de un día para otro los cultivos de coca, de los cuales obtienen su sustento. La única manera de erradicar esas siembras malditas es que el Estado se las compre y se las pague a los indígenas, al tiempo que les garantice otra forma de subsistencia y condiciones de vida dignas.

Los indígenas no son socios de las Farc por gusto, sino por necesidad, y cuando el Estado haga presencia y lleve progreso, los terroristas no tendrán cómo aprovecharse de la tragedia para utilizar a los nativos. A pesar del apocalíptico entorno de los indígenas del Cauca, esas comunidades deben entender que no están por encima de la ley y que, por más minoría étnica que sean, no se pueden pasar la Constitución por la faja. Colombia, así no lo parezca es un Estado de Derecho, en el que los asociados (además de derechos) tienen múltiples deberes y obligaciones, como lo es principalmente respetar la ley. No hay territorios vedados para las fuerzas del orden legalmente constituidas.

Las humillaciones a las que fue sometida la Fuerza Pública son inaceptables y deben ser investigadas penalmente. La moral de la tropa ha sido mancillada como nunca antes, y el mensaje para el colectivo social es altamente peligroso y desestabilizador. Los indígenas, por más razones que tengan, no pueden convertirse en delincuentes peores que las Farc.

Ojalá el Presidente y sus Ministros “bien” entiendan de una buena vez que Colombia es algo más que la Zona T y volteen su mirada hacia las regiones, en donde cada día crece más la inconformidad.

La ñapa: ¿Por qué los medios de comunicación no han medido con el mismo rasero a Emilio Otero, Simoncito Gaviria y demás padres de la Patria? Si el pecado de Otero fue ser el Secretario General del Senado en momentos en que se tramitaba la reforma, con más razón tendrían que renunciar a sus cargos todos los miembros del Congreso que aprobaron la iniciativa, porque, a diferencia de Otero, ellos sí tuvieron voz y voto.

abdelaespriella@lawyersenterprise.com

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