Derecho, paz, minorías y  moral

22 de marzo del 2015

Lo importante es poner a pensar a la gente.

A propósito de la polémica que yo mismo suscité deliberadamente, y que lleva varios días, por cuenta de un análisis que planteaba la diferencia entre Derecho y Moral, vuelvo al ruedo para ahondar en la discusión, desde la óptica de dos temas muy vigentes y trascendentales: la paz y los derechos de las minorías. No iniciaré este nuevo ejercicio intelectual sin antes reconocer que me satisface sobre manera que mi forma de entender la vida genere tanto apasionamiento, para bien y para mal. Las críticas son bienvenidas, pues el debate enriquece la discusión. Lo importante es poner a pensar a la gente.

En el pasado, los homosexuales eran considerados unos delincuentes. Las normas que regulaban dicha prohibición tenían un origen moral, en la mayoría de los casos fundamentadas en creencias religiosas que habían influido la normatividad legal. Los jueces no solamente se sujetaban a la ley; consideraban, además, que era moralmente reprochable una relación entre dos hombres. Lamentablemente, todavía hay países-como antaño- en los que los homosexuales no solamente son tratados como enfermos, sino también como criminales. Afortunadamente, la mayoría de la humanidad ha evolucionado hacia la civilidad, y hoy las parejas del mismo sexo cuentan con un sinnúmero de importantes derechos; aunque faltan otros tantos, el futuro es prometedor para la comunidad LGTBI.

En Francia, hasta hace un par de décadas, el aborto era considerado un crimen abominable, y muchas mujeres purgaron largas y fuertes condenas por desafiar la ley ante la necesidad irrenunciable de autodeterminarse. La norma que penaba el aborto era la consecuencia de un condicionamiento axiomático contemplado por las creencias morales de una sociedad profundamente religiosa. Actualmente, el aborto en Francia es subsidiado por el Estado. Otro ejemplo: en épocas de barbaros, la esclavitud era considerada moral y legalmente aceptable; hoy ocurre exactamente lo contrario.

Enhorabuena el Derecho fue separado de la Moral. Gracias a esa división, la humanidad pudo comprender que, sin importar las creencias religiosas, la condición sexual, el estrato social, las posturas ideológicas, el dinero que haya en el banco o el color de la piel, todos los seres humanos sin excepción somos iguales ante la ley, y  bajo esa premisa, es obvio que no puede haber ciudadanos de primera, y otros de segunda. La verdadera civilización no es la tecnología; es el desarrollo del derecho como mecanismo para regular la vida en sociedad, sobre la base del respeto por el derecho ajeno.

La Paz es el bien mayor que puede alcanzar una Nación. La concordia trae desarrollo y progreso; la guerra, dolor y resentimiento. Desde el punto de vista moral, para muchos -y eso es respetable- la paz sin castigo real para los alzados en armas, constituye un inaceptable sacrificio. ¿Qué importa que los guerrilleros se vayan al Congreso o de vacaciones, si dejan de asesinar? Me pregunto yo.

Una gran mayoría de nuestra sociedad considera que el proceso de paz con las FARC es una inmoralidad del tamaño de una catedral (han acabado con la vida de niños, ancianos, campesinos etc.). Así lo indican las encuestas. A mí, en lo personal, me parece más reprochable que nos sigamos matando. Si fuera por la Ética y la Moral, jamás alcanzaríamos la paz.

Ahora bien: en gracia de discusión, supongamos que la paz como está planteada es antiética. Eso no indica de suyo que sea ilegal, pues la normatividad vigente establece -con ciertos condicionamientos- que se puede finiquitar el proceso, sin que los actores del conflicto se pudran en una cárcel, incluso con la opción de que participen en política, aplicando los preceptos de la justicia transicional, en clara consonancia con los tratados internacionales.

Confundir el Derecho con la Moral es el atajo más corto para que la “verdad” de unos muchos o pocos, se imponga sobre la necesidad de todo un país.

abdelaespriella@lawyersenterprise.com

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