Y después del Bronx, ¿qué?

5 de junio del 2016

No salimos del asombro. Aunque lo supiéramos o lo sospecháramos, no dejamos de sorprendernos por las revelaciones que a diario nos dan las autoridades sobre la singular combinación de actividades criminales que se presentaban en El Bronx, en pleno corazón de Bogotá. Y muchas voces no dejan de felicitar y aplaudir la acción conjunta, bajo el liderazgo de la Alcaldía y la Presidencia de la República, de las autoridades de Policía, justicia y protección social sobre esta zona de 9.500 metros cuadrados, situada a escasos 600 metros de las principales sedes del poder público del país, y en las narices del Comando Central de la Policía Metropolitana.

Si es cierto, la operación fue de proporciones gigantescas. Más de 2.500 efectivos de la Policía y el Ejército, además de las labores de inteligencia y la participación de una decena de instituciones, conforman una acción institucional con pocos antecedentes en la ciudad. Lo más parecido fue el desalojo de la también tristemente emblemática calle de El Cartucho en la década de los 90 y en el primer gobierno del hoy Alcalde Enrique Peñalosa. Ese fue un desalojo al que, por su falta de continuidad e integralidad, se le atribuye la reproducción y consolidación de estas tenebrosas zonas de criminalidad urbana.

El Alcalde ha dicho que esta es la primera de varias operaciones que están en marcha sobre otras zonas de la ciudad. Y seguramente está pensando en territorios de criminalidad similares a El Bronx documentados en varios estudios sobre el tema. Aunque algunos hablan de cuatro grandes zonas, otras fuentes señalan la existencia de once “ollas madres” que funcionan como El Bronx. De esos grandes enclaves delictivos, dependen 623 expendios de droga, que se calcula mueven 9 mil millones de pesos por semana. Entre los territorios más mencionados están Cinco Huecos, San Bernardino, Diana Turbay, Quiroga, Las Cruces o María Paz/El Amparo.

El alcalde Peñalosa, su secretario de Seguridad y las autoridades no deben concentrarse exclusivamente en la recuperación urbanística y física del espacio geográfico donde operaba El Bronx, o las demás zonas con características parecidas. Aplaudible a primera vista la acción policial y militar sobre estos territorios vedados para el Estado y sometidos a la dictadura de estructuras criminales. Y está muy bien la movilización institucional para atender adecuadamente a los habitantes de calle que allí habitan o para recuperar a los niños y adolescentes atrapados en sus redes delictivas. Pero no hay que perder de vista que estos son enclaves o eslabones de unas cadenas criminales complejas, con una alta capacidad de adaptación y de movilidad territorial.

Varios estudios insisten documentadamente en la existencia de seis grandes mercados ilegales en la ciudad alrededor de la provisión de bienes y servicios. Uno de ellos, pero no el único, es el narcotráfico. El comercio ilegal de autopartes, el sicariato, la extorsión o la trata de personas son los otros mercados identificados, que solo pueden funcionar con la complicidad de agentes del Estado.

Si no complementamos la acción adelantada en El Bronx y en otras zonas parecidas, con una adecuada política social y una política de seguridad que desarticule los mercados ilegales que encuentran su anclaje temporal en  estos territorios de criminalidad, la tarea quedará a mitad de camino, como ocurrió con El Cartucho.

@antoniosanguino

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